Adrián La presión de manejar empresas multimillonarias no se había sentido tan estresante desde que Carina entró en mi vida. Tenía una manera de calmar mis ansiedades. Y si me sentía abrumado por el cansancio y la tensión interminable, podía refugiarme en mi mente e imaginar todo lo que quería hacerle cuando regresara a casa. También podía jugar un partido de básquet de oficina con Jenson. Aunque, admito, esa actividad no era tan placentera. —¡Kobe! —Jenson lanzó desde la esquina trasera de mi oficina. El pequeño balón de básquet voló por el aire hacia la puerta donde estaba el aro, rebotó en el tablero y falló la canasta. —Uuuh. Qué cerca. Jenson suspiró, recogió la pelota y me la lanzó. —Tu turno, Lebron. Reí y luego lancé desde detrás de mi escritorio. La pelota entró limpiamente

