Carina —Entonces, Carina. ¿Cómo te fue con la visita? Miré a mi hermana y luego a mis padres. Estábamos sentados en la terraza, envueltos en mantas y bebiendo vino tinto. Estaba cerrada con cristal, protegiéndonos del frío y lluvioso anochecer de enero. Mamá aplaudió emocionada. —Sí, Carina, ¡nos morimos por saber! ¿Cómo estuvo Danny? Katie frunció el ceño. —No pregunté por Danny. Pregunté por la visita. —¡Es lo mismo! Me mordí el labio inferior. Había logrado evitar el tema durante la cena. No sabía por dónde empezar. Cuanto más pensaba en todo camino a casa, más surrealista se volvía: perder mi trabajo, una experiencia cercana a la muerte, un papá sexy, una misteriosa propuesta… todo en menos de treinta minutos. No sabía cómo contarlo. —Fue… bueno, creo. Katie soltó una carcaja

