Chris bajó la mirada, como pocas veces lo hacía, y suspiró. —Yo pregunto y tú respondes cuando quieres —susurró con una débil sonrisa—. Pero yo siempre debo responder. —No te obligo a nada —respondí con una pequeña sonrisa—. Tú lo haces porque quieres. Él sonrió casi amargamente, con una leve chispa de humor en sus ojos, para luego volver a suspirar y serenarse. Me miró indeciso, como midiendo las palabras que iba a pronunciar o quizás dudando si responder o no. Después de todo, yo acababa de darle esa libertad, tal como él lo hacía conmigo. —Steven me pidió otra oportunidad —respondió finalmente, apretando sus labios y mirándome fijamente. Yo sentí como si una gélida ventisca hubiese chocado contra mis huesos. Mi estómago se revolvió junto a un sentimiento de vacío y asco. —¿Y qué l

