Le pedí a Chris una semana libre para poder concretar el cambio de casa. Liz estaba feliz cuando le comentamos la idea, después de todo, tendría a Brad cerca todo el tiempo. Ethan la consintió mucho, llevándola de paseo, comprándole regalos y mimándola, mientras yo me daba el tiempo de conocer más a Scott, quien sería el nuevo integrante de la familia.
—¿Podrían ayudarme, si quiera? —pregunté enfadada. Liz, Ethan y Brad sólo estaban perdiendo el tiempo mientras Scott y yo desempacábamos.
—Lo siento —dijeron al unísono, riendo con complicidad. Tomaron algunas cajas y comenzaron a poner las cosas en su lugar.
—¿Te ayudo con algo? —preguntó Scott viendo mi complicación con la enorme caja de libros.
—Sí, por favor —le respondí con una sonrisa un tanto tímida. Él sacó la caja de mis manos como si fuera lo más liviano del mundo.
—¿Dónde la llevo?
—Oh, a mi habitación —respondí. Fuimos juntos hasta allá. Se quedó mirando algunos de los títulos mientras los ponía en su estante.
—Tienes buen gusto —comentó sonriendo.
—Gracias —respondí de igual forma, siguiendo en lo mismo—. ¿Te gusta leer?
—Sí, bastante —respondió él—. No tengo mucho tiempo, pero cuando tengo, le dedico siempre tiempo a la lectura.
Sonreí. Nos quedamos un rato conversando sobre algunos títulos que nos gustaban a ambos. Scott era un chico muy inteligente y era bastante grato hablar con él.
—¿Ahora quién es la que no hace nada? —dijo Ethan apoyado en el marco de la puerta, con una sonrisa insinuante y una ceja enarcada.
—Oh, vamos, fue sólo un rato —respondí riendo. Me acerqué a él y le pegué un empujón para pasar. Él me abrazó.
—Tú y Scott harían una buena pareja —susurró burlón. Le pegué en el hombro.
—Cállate, tonto —respondí riendo.
—Y no es gay —agregó inocentemente, alargando las sílabas.
—Ya basta, Ethan, no es chistoso —dije más seria.
—Está bien, lo siento —dijo él, abrazándome nuevamente—. Es sólo que… no lo sé, creo que es injusto que…
—No importa, ¿sí? —interrumpí—. Olvidemos eso por un momento. Olvidémoslo por completo. Nunca estaré con Chris porque no soy hombre. No hay nada que pueda hacer. Lo único que puedo hacer ahora, es centrarme en cuidar de mi hermana y dedicarme a lo que me gusta. Eso es todo.
—Bien, ahora cúmplelo —dijo serio, apoyándose en la pared y mirándome fijamente—. Es fácil decirlo, Audrey, pero cuando amas a alguien no es cosa de llegar y olvidar.
—Dejemos el tema, Ethan, ¿sí? —evadí rápidamente, dejándolo solo. Decidí concentrarme en cualquier otra actividad. Una de las cosas que me agradaban de Ethan era que sabía cuando debía dejarme sola. Sabía que él tenía razón. No era cosa de decir que lo iba a olvidar y ya. Llevaba mucho tiempo esperando una oportunidad, una sola para poder dar el paso. Pero nunca llegó y no iba a llegar tampoco. Me costaba asimilarlo. Me dolía tener que aceptarlo y dejarlo pasar. Había gastado mucho tiempo, muchos sentimientos, malestares y lágrimas en Chris y sólo ahora entraba en la cuenta de que había sido todo un vil desperdicio.
—¿Audrey? —llamaron. Estaba en el balcón cuando la voz me sacó de mis pensamientos. Me volteé y dibujé una sonrisa.
—¿Qué sucede, Scott? —pregunté cálidamente. Él se me acercó un tanto tímido y se apoyó a mi lado. Me miró unos segundos y luego se decidió a hablar.
—La verdad, yo quería saber si… no sé, uno de estos días podríamos salir juntos —propuso con una media sonrisa, enarcando una ceja. Chris hacía lo mismo. Me obligué a desechar ese pensamiento rápidamente. Miré hacia dentro y en una ojeada rápida pude ver a Brad, Liz y Ethan espiándonos.
—Oh, Scott, no lo sé —respondí complicada. Él se mostró notoriamente decepcionado—. Quiero decir, vamos a vivir juntos. Cualquier problema podría…
—¿Y por qué tendría que haber un problema? —preguntó sonriendo refrescantemente. Se me contagió su entusiasmo—. Somos grandes, Audrey. Cualquier inconveniente, podremos resolverlo. Es sólo una cita, quién sabe, quizás no pase nada.
—Si lo pones así parece bastante viable —respondí sonriéndole al piso. Sentía que esto no era correcto, pero por algo tenía que empezar a alejar a Chris de mi mente.
—¿Y bien? —apuró, mirándome con curiosidad.
—Está bien, Scott —respondí finalmente, sintiendo un poco de culpa. Sin embargo, él tenía razón. Ambos estábamos lo suficientemente grandes como para poder resolver cualquier problema a causa de esto. Era sólo una cita, ¿no?
Él se acercó y me abrazó dulcemente. No podía evitar compararlo con Chris en cada cosa que hacía, cada gesto. Tenían ciertas expresiones en común y eso me perturbaba. ¿Podría yo usar a Scott para olvidar a Chris? ¿Terminaría yo persiguiendo a Scott sólo porque me recordaba a Chris? ¿Realmente esto iba a ser todo? ¿No más Chris, no más esperanzas, no más… nada?
Seguimos desempacando y tenía mil preguntas rondando en mi cabeza. Los chicos fueron a felicitarme por la decisión, mas yo no estaba segura de nada. No podía decir estar contenta con la situación. Yo sólo… estaba confundida. ¿Debía desechar mis ilusiones, romperlas y tirarlas lejos? Si así debía ser… ¿cómo lo haría? No quería usar a Scott, no quería dañarlo, no quería hacerle nada malo, yo… sólo quería olvidar a Chris.