Stany observaba su teléfono sin esperanzas. La noche estaba completamente instalada y su absurdo mensaje sólo había logrado empeorar las cosas. ¿Desde cuando era tan filosófico? ¿Nos merecemos otro final? ¿Por qué había escrito eso? ¿No hubiera sido más sencillo escribir: Mora soy un tonto, perdoname? O a lo mejor un largo audio sincerando sus propios miedos, enfrentando el hecho de que con ella, todo se había vuelto diferente. Pero no. No había sido sincero en años. Ni con ella, ni con el mundo, ni con él mismo. Solamente la idea de que merecía aquel nuevo sentimiento de pena por lo que podría haber sido, pareció serenarlo. Al fin y cabo, había aprendido a conformarse, había construído sus días sobre la resignación de no esperar nada de nadie. Aletargado, solo. Las risas a su alrede

