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1829 Words
El departamento de Mora era modesto pero acogedor. Su madre había adquirido muebles sobrios que apenas llenaban la estancia y ella se había encargado de ponerle color. Un sofá mullido albergaba decenas de almohadas frente a una mesa baja de tamaño suficiente para que ella y sus amigas pudieran disfrutar de comidas que requerían poca elaboración. La pantalla de gran tamaño y una biblioteca aceptable completaban el ambiente, ofreciendo su vista a través del ventanal sin cortinas que dibujaba las luces de la ciudad desde el quinto piso. Mora estaba nerviosa, el corto viaje en ascensor los había regresado a los silencios incómodos y la distancia dañina. Ni siquiera sabía porque había decidido subir, ella no lo había invitado, aunque al dejar la puerta abierta a su paso las palabras no habían sido necesarias. Se movió hasta la pequeña cocina apenas separada por una barra de dos banquetas y abrió la heladera justo cuando un largo suspiro escapaba de un Stany que se había dejado caer en el sillón y estiraba sus brazos sobre su cabeza como si por fin hubiera logrado descargar una severa tensión acumulada. -No tengo mucho, me mudé hace poco y paso la mayoría del día estudiando, pero puedo ofrecerte coca o cerveza.- le dijo alzando ambas opciones con una sonrisa. Le gustaba creer que por fin iba a abandonar esa actitud inquietante para mostrarse como en verdad era. -No quiero nada, gracias.- respondió él dejando caer sus brazos a los lados de su cuerpo aun con su cabeza relajada sobre el respaldo del sofá. -Ok.- respondió Mora abriendo la lata de cerveza para ella misma. Si esa iba a ser la actitud, necesitaba algo para distenserse, pensó bebiendo un sorbo para luego acercarse al otro extremo del sillón. Se había quitado los tacones al cruzar la puerta y no tuvo problemas en cruzar sus piernas debajo de su cuerpo para sentarse. -No parece que te mudaste hace poco.- dijo Stany analizando los detalles. -Si lo decis por el desorden, no me culpes, te dije que estuve estudiando.- respondió ella dándole otro trago a su bebida. -Lo digo por la calidez. Es un ambiente amigable, te dan ganas de quedarte.- respondió culminando su análisis en sus ojos. Mora apartó la vista para darle un nuevo trago a su bebida. Le gustaba que la mirara, pero no, si no iba a hacer nada al respecto. -Eso intento, que me den ganas de quedarme. Es la primera vez que vivo sola y, aunque al principio la idea me fascinó, algunas noches extraño los ruidos de mi casa.- le confesó. No se lo había dicho a nadie pero cuando sus padres le alquilaron el lugar en el fondo lo vivió como un exilio. ¿Así que vas a dejar la facultad para jugar a la detective, bueno hacelo en otro lado? Por supuesto que no lo habían dicho, sus padres eran amables, pero hay cosas que no necesitan de las palabras para entenderse y ella había comprendido el mensaje. -Yo nunca viví solo, aunque mi casa tampoco es muy ruidosa. - dijo revelando por primera vez algo de él mismo. -La mía sí lo era, mi hermano tiene muchos amigos y le encanta juntarse con ellos, eso de los deportes grupales que nunca entendí. - respondió sin saber que había tocado una fibra lesionada del golpeado corazón de aquel ex deportista de deportes grupales. -¿No te gusta el deporte?- le preguntó con genuino interés, el cuerpo que había recorrido con sus ojos parecía producto de un cuidado entrenamiento. -No, no… quiero decir, sí que me gustan, pero lo mio es el tenis. O al menos lo era, con la mudanza también llegó mi abandono. - le explicó haciendo girar la lata en su mano. -Parece que te conocí en medio de un cambio de rumbo.- dijo sin saber de cuál de los dos hablaba. En su mente le gustaba jugar con la idea de que ella era diferente, que su arrebato de perseguirla, de acompañarla, de estar sentado deseando el privilegio de tocar su cuerpo, debía significar algo. -Digamos que pateé el tablero.- le confesó ella conteniendo la sonrisa entre sus labios. -¿Por decisión o por imposición del destino?- le preguntó él con genuino interés. -Mmm..- dijo ella bebiendo un nuevo trago. Necesitaba ordenar sus pensamientos. ¿Qué hacía contandole su vida a un extraño cuando debería haberse arrojado a sus brazos para intentar tener el sexo de su vida y así probar que no era una aburrida? -Un poco y un poco.- completó de todos modos, él no parecía dar ninguna señal de querer acostarse con ella, no había aceptado su bebida, no acortaba la distancia, había alabado su departamento pero no había tenido ni una palabra con respecto a ella. Entonces ¿qué hacía a las dos de la mañana sentado en su sillón, conversando de la vida? -No siempre se puede tomar las riendas. La vida impone sus reglas.- respondió Stany, parecía fastidiado de nuevo, era un lío de emociones, y Mora no terminaba de entender cuál era la real. -No lo digo por eso. Yo creo que sí decidí esta vez, al menos, pero hubo algunos acontecimientos que me empujaron a hacerlo.- le explicó terminando el contenido de la lata, para luego sostenerla en su mano. -Bien por vos entonces.- respondió señalando la lata de su mano. -¿Te quedan más?- agregó desconcertándola aún más. Mora asintió con su cabeza y Stany se puso de pie para quitarsela de la mano y caminar hasta la cocina en la que ella había estado antes. Mora se acurrucó en la esquina del sillón mientras lo observaba. No podía comprender lo que estaba pasando. Un hombre atractivo de voz serena y ojos inquietantes estaba en su casa y aunque todo su cuerpo le gritaba que se dejara llevar, no podía leer las señales que le enviaba. Deseó ser como Ines, tener la valentía de lanzarse sobre él sin pensar en las consecuencias, estaba en su casa, lo peor que podía pasar era que se fuera mientras dormía y eso.. ¿era en realidad tan malo? Stany le entregó una nueva lata y abrió la propia para darle un largo sorbo. No volvió a sentarse, caminaba por la sala analizando los cuadros y revisando los títulos de su biblioteca. -¿Criminología?- dijo repasando las letras de aquel enorme manuel con la yema de sus dedos. -Te dije que había pateado el tablero.- respondió ella, aun sobre sus piernas siguiéndolo con su mirada. -No pareces alguien que disfrute de estar en una morgue.- le arrojó, había comenzado a hablar sin pensar, necesitaba hacerlo para relajar cierta parte de su cuerpo que comenzaba a reclamar que siguiera el camino del gozo. -La criminología es mucho más que cadáveres. Te estás pareciendo a mis amigas. Y no entiendo cómo debería ser para parecer alguien que estudia criminología.- dijo molesta por su comentario, podía tolerar que no quisiera acostarse con ella, pero no que la prejuzgara, al fin y al cabo había intentado ser sincera con él, mucho mas sincera de lo que lo había sido con nadie en su vida. Stany sonrió. Fue una enorme y radiante sonrisa que la atravesó por completo logrando evaporar hasta la última gota de su enfado, pero no quiso demostrarselo y por eso no lo imitó. -Qué carácter…- le dijo sin perder la sonrisa, mientras accionaba un parlante y una melodía melosa comenzaba a sonar obligandola a Mora a levantarse con prisa para buscar su teléfono. La voz de Bonnie Tyler sonaba tan cursi que sus dedos no daban a basto para cambiarla. ¿por qué había tenido ese momento de desahogo el fin de semana? ¿Por qué tenía la necesidad de abrir sus heridas con baladas románticas de los ochenta? ¡Ni siquiera había vivido esa época! Suponía que tantos de años de oirlas en el auto de su madre la habían llevado a memorizar las letras y sus melodías y cambios ritmo con esos golpes de batería en el momento preciso la sumergían en un desahogo a todo volumen que se sentía demasiado bien, casi siempre. En este momento era justamente lo contrario, no le interesaba que Stany la encontrara aburrida y escuchar música antigua era un indicio que lo podía llevar a esa conclusión. Lo más rápido que pudo puso una playlist de música chill, agradeció que Sam Smith hubiera reemplazado al eclipse del corazón, mientras le daba un largo sorbo a su lata de cerveza para terminarla sin dudar. Para su suerte, Stany no hizo mención a sus gustos musicales, aunque tampoco pudo ver su rostro. Se había movido hacia el ventanal y contemplaba la ciudad dándole pequeños sorbos a su bebida. No terminaba de elegir que le gustaba más de ella, si sus piernas firmes o su sonrisa espontánea, si su valentía a la hora de cambiar el rumbo o la inocencia a la hora de ocultar su vergüenza por cosas que ni siquiera deberían darle vergüenza, como la música que escuchaba. Dancing with a stranger llegó a su fin y con ella la paciencia de Mora. Necesitaba resolver a dónde los llevaría aquel encuentro, necesitaba saber si estaban del mismo lado, si podía perseguir el deseo que había despertado un extraño. Por eso dejó su lata vacía sobre la mesa y se acercó para pararse a su lado. La diferencia de altura era más evidente ahora que ella no llevaba tacones. El perfume de Stany activó sus sentidos y sus labios volvieron a curvarse hacia arriba. Él sabía que estaba allí, había oído sus pasos sigilosos intentando ignorarlos, había querido cargarse de valor para recibirla, pero cuando giró , el resultado fue demasiado abrumador. Sus labios apetecibles curvados hacia arriba tuvieron un efecto inmediato en su entrepierna, su pecho subía y bajaba ofreciendo la curvatura más tentadora que alguna vez hubiera visto y cuando ella cerró sus ojos y comenzó a acercarse, un enorme agujero se abrió en medio de su pecho. Había tenido sexo muchas veces luego de que su vida cambiara para siempre, pero nunca lo había deseado del modo que lo hacía en ese momento y justamente por eso el sentimiento de traición cabó tan velozmente en su interior que lo imposibilitó de la manera más cruel. -Creo que se hizo tarde.- dijo alejándose para no ser testigo de la vergüenza que seguramente había pintado el rostro de Mora, una hermosa mujer que no merecía su desprecio, y, sin embargo, pasar de ella era lo mejor que podía ofrecerle. Salió como llegó: En silencio, sin mirarla, sin recibir la bofetada que él mismo se hubiera dado. Salió con la cobardía de los que huyen, intentando cubrir el hoyo en su pecho con justificaciones que, por primera vez, sonaron insuficientes a sus oídos. Pero, sobre todo, salió con la tranquilidad de no tener que verla nunca más, porque algo le decía que no podría ser tan fuerte una segunda vez.
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