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1038 Words
El mapa en su celular indicaba que el auto estaba a unos 5 minutos. El frío de la noche se acentuaba por la brisa proveniente del río y Mora lamentó no haber seguido su instinto de usar pantalones. Su cuerpo tiritaba y sus dientes querían castañear, pero su testaruda mente no iba a rendirse, la espalda ancha de aquel joven tan enigmático había despertado su curiosidad y otras cosas más. Stany no la había vuelto a mirar. Había decretado que la acompañaría a su casa y luego se había limitado a salir del edificio asumiendo que ella lo seguiría. No entendía el motivo de su cambio de actitud, mucho menos que decidiera subir a un auto de aplicación con ella. Había oído su apellido, sabía que el mismo se encontraba en miles de publicidades por tratarse de una famosa agencia de turismo, la lógica hubiera esperado que tuviera su propio auto, aunque a lo mejor había decidido beber algunas copas esa noche y por eso no lo había llevado. El balanceo de sus piernas le dio algo de calor a su cuerpo y una ligera mueca de alivio asomó en sus labios justo cuando Stany giraba su cabeza y su perfil se dibujaba iluminado por los diferentes colores de las luces de fantasía. Era realmente atractivo, pensó, olvidando sus suposiciones acerca de los motivos que los había llevado hasta allí. Una nueva idea desplazó sus hipótesis, una que le generó un cosquilleo extraño en su bajo vientre. Le gustaba. -¿Ya está cerca?- las palabras de Stany desataron un rubor en sus mejillas, se avergonzaba de sus fantasías, él solo se había ofrecido a acompañarla. No la había rozado, no había entrecruzado sus dedos con los de ella al salir del hotel, ni siquiera la miraba al hablarle. No tenía una sola evidencia de que estuviera pensando lo mismo que ella. ¡Apenas lo conocía! -¿Y bien?- agregó con más fastidio del que hubiera deseado tomando coraje para volver a enfrentar sus ojos. Unos que se abrieron con sorpresa cargada de decepción. Lo había arruinado, y eso sí era algo que no lo sorprendía. Llevaba tiempo haciéndolo. Cada cosa que tocaba terminaba mal, por eso había decidido no intentar… nada. Tenía una vida acomodada, con una familia que lo quería y sólo por ellos continuaba ahí, de pie, con un trabajo que no disfrutaba, pero que podía tolerar, con una vida predecible, en una casa monocorde, con un ritmo basal en su corazón que le recordaba que seguía con vida. ¿Qué estaba haciendo entonces? ¿Por qué devoraba esa mirada como si pudiera saciar un hambre que no recordaba haber sentido? ¿Por qué, sabiendo que esa era su señal para huir, sus pies no querían moverse? -Dice que ya está llegando, pero en serio, insisto, no hace falta que me acompañes.- su voz sonó entrecortada a causa del temblor que su cuerpo intentaba silenciar. Tenía el rostro pálido y los labios rojos por el frío y él no era capaz de ofrecerle su abrigo. Claro ¿Cómo iba a hacerlo si él no era capaz de ayudar a nadie? La bocina interrumpió el duelo y Mora se apresuró a subir, cruzó delante de él sin siquiera mirarlo, no iba a despedirse, ni siquiera lo conocía, apenas habían intercambiado un par de palabras y unas breves miradas. La calefacción de aire viciado dentro del auto le devolvió algo de vitalidad y sin querer continuar pensando cerró la puerta con más vehemencia de la que hubiera querido. -Perdón, se me escapó.- dijo con súplica enfrentado el rostro de desaprobación del conductor, que preso de su cansancio y necesidad de terminar su día, aceptó su disculpa con resignación. -¿Vamos?- le preguntó acomodándose en su asiento y en cuanto ella iba a responder, la otra puerta se abrió y Stany tomó asiento a su lado. -Vamos.- dijo una vez sentado, con esa determinación que no dejaba lugar a dudas. Mora suspiró cansada de pelear contra sus contradicciones. Relajó sus hombros mientras se frotaba las piernas para darles calor. Stany pasaba del desinterés a la determinación de un instante a otro y ella no quería subirse a su juego. Era atractivo, claro, pero con eso sólo no hacía nada. Roque también lo había sido, un chico atractivo, pero que al menos había mostrado interés. Sin embargo, la había encontrado aburrida. ¿será que eso sucedería si se mostraba como era? Giró su cabeza y lo descubrió mirándola. Parecía preso de una batalla interna, como si quisiera algo y debiera otra cosa. Instintivamente, Mora sonrió. El calor le había devuelto la sensación de bienestar y había llegado a la conclusión que era mejor si no hablaban. A lo mejor había llegado el momento de demostrar que sus pensamientos estaban equivocados, que podía hacer cosas que no fueran aburridas, que era capaz de tener una aventura y disfrutarla. Lee mis pensamientos, sabe lo que siento… la canción en la radio reemplazó a las dudas y él por fin le devolvió la sonrisa. -Gracias por acompañarme.- le dijo casi llegando a la puerta de su edificio y él chasqueó los labios para restarle importancia, fue un gesto breve pero que se sintió auténtico por primera vez desde que lo había conocido. -¿Bajan los dos acá o ponemos otra dirección?- preguntó el conductor fastidiado por la atmósfera cuasi adolescente de los dos adultos que había transportado. Mora no respondió. Aunque le hubiese encantado invitarlo a pasar no tuvo el valor de recibir un no como respuesta, pero tampoco se alejó, sostuvo la puerta del auto, soportando el frío que había regresado ofreciéndole la oportunidad de elegirla. Stany había perdido su sonrisa, pero su pecho lo golpeaba como la batería que sonaba a través de los parlantes del auto. Entonces, contrariamente a lo que llevaba haciendo en su vida, eligió dejarse llevar. -Me quedo, gracias.- le respondió ofreciéndole un par de billetes al hombre que negó con su cabeza. -No hace falta, la señorita ya pagó.- le dijo y antes de que pudiera expresar su desacuerdo, ella se alejó buscando las llaves en su diminuto bolso, para regalarle el tintineo de una invitación que tenía muchas ganas de aceptar.
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