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1049 Words
La escuela de criminología de la policía federal está situada en el centro de la ciudad. Es un edificio antiguo que guarda sus molduras prolijamente pintadas y cuenta con aulas enormes, especialmente heladas. No se parece prácticamente en nada a la universidad en la Mora solía estudiar. No había cafeterías de moda, ni estaciones de carga para laptops, los looks de última moda eran reemplazados por uniformes de algún rango de la policía y los rostros de abundante maquillaje por cabello peinado hacia atrás con abundante gel. Durante su entrevista, Mora no había imaginado que las palabras de su madre hubieran sido tan exactas. Ni ella ni su padre se habían mostrado molestos con su cambio de rumbo, ninguno había gritado, ni había argumentado algo para detenerla, y aunque al principio la sorprendió, con el correr de los días supo que la estrategia de sus padres había sido consensuada. No creían en ella. No la creían capaz de superar los desafíos que aquella carrera albergaba y ahora que sus piernas comenzaban a congelarse, ella misma comenzaba a dudar. -¿Estás segura de que querés estudiar acá, Mori? Podríamos averiguar si no hay un curso en alguna facultad privada, no creo que te sientas cómoda en este lugar.- Su madre había dado el clavo, pero ella no iba a decírselo jamás. Podía ser tan testaruda como para atravesar los tres años que se avecinaban con la frente en alto, aunque la miraba de reprobación del profesor la señalara cada vez que hacía una pregunta retórica. No quería fallar, no de nuevo. Las lágrimas amenazaban con alcanzar sus ojos frente a los recuerdos de sus años pasados. La designación de capitán en la que su nombre no había sido proclamado, el uno en su primer parcial de análisis matemático, las piernas de la nueva novia de Roque desfilando por el club. Ella siempre era la opción descartable, la segunda, la que nadie recordaría. Y eso le dolía. Su teléfono sonó anunciando un mensaje y maldijo no haberlo puesto en silencio. -Si no está interesada en mis palabras, la invito a retirarse señorita.- aquel profesor era intimidante, pero no iba a claudicar, no en su primer día al menos. -Lo siento, me olvidé de ponerlo en silencio.- dijo en voz baja y el hombre alzó sus cejas como si no le importaran sus palabras en lo más mínimo. -No te preocupes, dicen que es malo en las clases pero siempre puntúa bien los exámenes.- el aliento llegó de una joven de cabello oscuro peinado en una colita que llevaba una camisa blanca impoluta. Mora respondió con una sonrisa ligera y volvió a concentrarse en el gráfico que señalaba el profesor. -Soy Lucía, terminé mi curso de sargento el año pasado y me encantaría ser detective.- insistió la joven en voz baja. -Hola, soy Mora, y no tengo nada que ver con la policía, pero me encantaría poder resolver crímenes. - respondió en un susurro que la joven agradeció con una sonrisa. -Acá podes descargar las clases de años anteriores, dicen que sirven.- agregó Lucía ofreciéndole un papelito que Mora leyó recuperando algo de esperanza. -Gracias.- volvió a susurrar, feliz de contar con alguien en el lugar que no la prejuzgue. La mañana transcurrió con el ritmo de las clases, pero lejos de distraerse, Mora puso mucha más atención que en su anterior facultad. Tenía que hacerlo bien. Se lo debía a sí misma, pensó mientras caminaba por el pasillo detrás de Lucía. -Eh, Lucía, esperá. - la llamó al notar que no lograría alcanzarla y la joven giró para volver a sonreír. -Lo siento, es que tengo que tomar mi turno por la tarde.- respondió la joven sin perder la sonrisa. -Uh, sí. Disculpame vos, pero quería agradecerte y preguntarte si te gustaría intercambiar los teléfonos. Pero si estás apurada andá, no hay problema.- respondió avergonzada por contar con su tarde completamente libre. Ese era otro de los motivos por los que quería aprobar aquel curso, sus padres le daban dinero, incluso le habían alquilado un departamento cercano para que no tuviera que viajar, se sentía privilegiada y ahora que había visto que la mayoría de los compañeros tenían trabajos por la tarde aún más. -Dale, me encanta. Si queres podemos estudiar alguna noche, yo salgo a las seis normalmente.- respondió mientras tipeaba su número en la enorme pantalla del teléfono de Mora, sin demostrar la sorpresa que tener un aparato tan lujoso en sus manos le daba. -Dale, me encantaría y gracias de nuevo.- respondió Mora escribiendo un mensaje para intercambiar su número mientras intentaba ignorar las múltiples notificaciones de su pantalla. -Hasta mañana.- se despidió Lucía y ella comenzó a creer que su decisión no había estado tan desacertada. Su teléfono comenzó a vibrar en su mano y esta vez decidió atender. -Por fin, Moritaaaa.- la voz de Ines despertó una sonrisa en sus labios. -Estaba en clase.- se excusó en su camino hacia la salida. -Ah cierto, ¿Qué onda el crimen? ¿Ya viste un cadáver?- le preguntó con exagerado suspenso. -No.- Mora se rió mientras negaba con la cabeza. -No creo que vea uno este año tampoco, la criminalística no es sólo ver cadaveres.- quiso explicar pero su amiga la interrumpió. -Bueno, supongo que no leíste los mensajes si estabas en clase, por eso no respondías en el grupo. ¡Esto te va encantar! - dijo con entusiasmo. -No lei nada ¿Qué pasó?- preguntó curiosa mientras compraba una ficha para obtener un café de una precaria máquina. -¡Ay no lo vas a creer! ¿Te acordás que Nina está haciendo la pasantía en una agencia de turismo? Bueno, nos consiguió entradas para la mejor fiesta del siglo. Es la inauguración de un hotel en Puerto Madero super exclusive. Top, top, top. Ya empezá a pensar que te vas a poner, darling, porque el sábado por la noche, nos convertimos en reinas de la noche.- la voz de Ines contagiaba su entusiasmo y, a pesar de que en ese momento, rodeada de la frialdad de aquel edifico, con un vaso descartable conteniendo el café más espantoso que hubiera probado en su vida se sentía lejos de ella, no quiso decepcionar a nadie más. -El sábado será, entonces.- respondió fingiendo el mismo nivel de entusiasmo.
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