El hotel en el que se desarrollaba la celebración era realmente majestuoso. Su fachada reluciente con piedras modernas vestían el reflejo de la luz ondulante proyectada por el movimiento del río. La música en modo chill escapaba por el jardín de cuidada arquitectura y los autos llegaban uno más lujoso que el otro con ocupantes en su mayoría de avanzada edad.
-Si tu idea es conquistar un sugar daddy no cuentes con nosotras.- Soledad, otra de las amigas del club de Mora, le dio un codazo a Nina, mientras ella se arreglaba el cabello frente al espejo de una motocicleta estacionada en la vereda.
-No son todos mayores, el chico de marketing me dijo que venía gente joven también.- respondió Nina con más dudas que certezas en su voz.
-No importa amiga, al fin y al cabo es una fiesta gratis, así que con viejos o no, vamos a pasarla genial.- Ines empujó a Mora para que la siguiera y en cuestión de segundos las cuatro se presentaron en la puerta enseñando sus qr frente la mirada desaprobatoria del hombre de traje antiguo que controlaba el ingreso.
-Son reales, King Guard. - dijo Ines divertida, pero Nina le dio un codazo para que se comportara.
-Me las obsequiaron en la agencia para la que trabajo.- aclaró la joven con ojos de súplica mientras el hombre alzaba la vista estudiando el ridículo modo en el que Ines intentaba contener la risa.
Entonces una voz masculina llamó la atención de las cuatro jóvenes.
-Pueden pasar, gracias por el control.- dijo sin detenerse en ninguna en particular para luego desaparecer en el interior del salón.
Mora se quedó mirando el lugar por el que había desaparecido. Aquel joven alto, de cabello claro despeinado a propósito, apenas había cruzado su mirada, pero aquel fugaz paso había sido suficiente para notar un dejo de tristeza que le recordó a ella misma.
Stany había visto al grupo de jóvenes desde el interior, la risa de una de ellas había logrado sacarlo de su modo introspectivo por un rato, los movimientos torpes de otra de ellas sobre aquellos tacones incluso lo habían invitado a sonreír, pero no había llegado a hacerlo, llevaba tanto tiempo sin una sonrisa real que se sintió demasiado ajeno. Entonces el ridículamente exigente hombre de la entrada había intentado impedir su ingreso y sorprendiendose a sí mismo, había intervenido para evitarlo.
En su mente intentaba prevalecer la idea de que era porque casi no había gente joven dentro, pero en el fondo sabía que un cruce fugaz de miradas había comenzado a despertar un cosquilleo al que no podía dejar entrar.
-Stany, te busca tu padre.- el llamado lo rescató finalmente de sus propias ideas y sin mirar atrás caminó en busca del responsable de semejante celebración.
-Ya te dije que eran todos viejos, amiga, si hasta tengo ganas de echarme un mantel encima.- dijo Ines tomando una copa de una de las bandejas para luego guiñarle un ojo al camarero, uno de los únicos contemporáneos del lugar.
-La música es linda y ese que nos dejó entrar no parecía viejo.- dijo Soledad buscándolo entre las personas allí paradas, que bebían de sus copas mientras comían los delicados bocadillos.
Mora se puso en alerta, no debía importarle que su amiga se interesara en él, apenas lo había visto, tampoco iba a gritar ¡es mio! Pensó conteniendo la sonrisa.
-¿De qué te reís? Se que lo vimos muy poco pero justamente por eso me gustaría verlo más de cerca.- agregó tomando su segunda copa de la bandeja.
Mora hizo un gesto gracioso desligándose del asunto, alzó sus hombros mientras ponía sus palmas hacia arriba como si le estuviera dando vía libre para hacer lo que quisiera y no fue solo su amiga quien se rio como respuesta, al otro lado del salon Stany por fin materializó su primer sonrisa real en mucho tiempo y la sensación fue tan abrumadora que prefirió concentrarse en las quejas de su padre.
-Pa, está todo bien, en serio. Esto es un éxito.- le dijo con esa serenidad que cargaba desde hacía un tiempo.
No siempre había sido así. Hernán recordaba a un hijo revoltoso e inquieto, lleno de vida y capaz de entrenar tres horas seguidas. La imposibilidad de volver a oír su risa lo torturaba y aunque había hecho lo imposible por darle lo que necesitaba, sabía que nunca podría devolverle lo que había perdido. Eso lo atormentaba.
-Tenes razón, hijo. Creo que estoy exagerando, ¿Por qué no vas a divertirte un rato? Hay mucha gente en el salón, seguro podes conversar con alguien. - respondió colocando su mano en su hombro y frente a la expectación de sus ojos, Stany, no quiso decepcionarlo.
-Ok.- dijo fingiendo una mueca similar a una sonrisa y aunque los dos supieron que metían prefirieron simular que todo estaba bien.
-Chicas tengo que ir al baño.- anunció Mora a sus amigas luego de varios minutos de risas y bromas en las que las cuatro habían disfrutado de aquel hermoso lugar. Eso le gustaba. Sacar la parte buena de cualquier situación, como en ese torneo en el que la lluvia había inundado las canchas y ellas había tenido que pasar 8 horas en un micro riendo y comiendo porquerías como si el cielo no se estuviera cayendo afuera o aquella tarde en la que Ines había reprobado un final y todas la animaron jugando una extraña versión de “dígalo con mímica”, o cuando el padre de Soledad se había quedado sin empleo y organizaron una subasta para deshacerse de esos adornos inútiles de cada casa y pagar su inscripción a la carrera de turismo.
Le encantaba tener amigas, estaba a gusto con ellas, aunque nunca les había contado cómo se sentía en realidad. Para ellas, Mora era feliz, era un eslabón más de su familia, uno que no estaba roto como ella sentía, y, sin deseos de escuchar razones que no creía, prefería que siguieran pensando de ese modo.
-Disculpa, ¿Sabes dónde quedan los baños?- preguntó aún sonriendo por los recuerdos sin prestar atención al dueño del hombro firme que se había animado a tocar.
-Si, están atravesando el pasillo.- la voz de Stany sonó firme, aunque en realidad al cruzar esos ojos de nuevo, debió tragar saliva para controlarse.
Mora se quedó unos instantes observando su rostro. Estaba libre de barba, sus mejillas lisas acompañaban unos labios definitivamente apetecibles, pero su impresión acerca de su mirada no había sido un error, estaba triste.
Stany arrugó su ceño esperando algún tipo de reacción. No necesitaba bajar la vista para saber lo que llevaba puesto, la había analizado desde la distancia minutos antes. Aquel vestido de lentejuelas negras marcaba una figura de músculos trabajados, sus cortas piernas así lo delataban y el escote apenas pronunciado, regalaba la curvatura perfecta de sus pechos firmes. Pero la forma en la que lo miraba denotaba peligro, como si estuviera intentando leer su mente, como si fuera capaz de dilucidar sus penas y no estaba dispuesto a dejarla entrar.
-¿Necesitas que te acompañe?- le preguntó mucho más arrogante de lo que hubiera querido y Mora se sintió avergonzada. ¿Qué hacía analizando sus ojos? ¡Apenas lo conocía! Lo último que buscaba era una muestra de desinterés. Demasiado tenía con sentirse insuficiente, no necesitaba a un arrogante, alto y musculoso al que la camisa le sentaba demasiado bien, para hacerla sentir mal.
Por eso negó con su cabeza y caminó hacia los baños, sin mirar atrás.