El tiempo pareció pararse para nosotros, aunque el reloj siguió marcando los minutos. Lo sé porque cuando fuimos capaces de dejar de besarnos, la luz del día ya no entraba por la ventana. Tuvimos que esperar un buen rato para recuperar el aliento y para dejar que la energía se disipara del todo, aunque le costaba. Le costaba porque nuestros rostros no querían separarse, y si no lo hacían, esa fuerza atrayente no dejaría de fluir nunca y nuestros labios terminarían unidos de nuevo, y estaríamos así para siempre. Para siempre sonaba demasiado bien, su boca me atraía mucho más que su dulce sangre y era casi imposible resistirme a ella… Pero también me apetecía charlar con él, ya que casi no le había visto en todo el día. Me obligué a olvidarme de ese para siempre, aunque sólo de momento, y c

