El piloto anunció la inminente llegada al aeropuerto de Anchorage y todo el mundo siguió sus órdenes cuando mandó abrocharse el cinturón, puesto que iba a iniciar el descenso. Jake y yo escogimos el asiento de la salida de emergencia, para que él tuviera más espacio, así que como el respaldo que tenía delante me quedaba algo lejos, demasiado para dejar ahí sola la peligrosa carpeta azul, la metí detrás de mi espalda. Ya estaba obsesionada con esa dichosa carpeta, y no la soltaba ni aunque llevase una bomba dentro. Para ir al aeropuerto, habíamos ido en el coche de Seth, acompañados por Quil y Embry. Quil fue delante, y yo me pasé el viaje espachurrada entre Jake y Embry, con la carpeta pegada a mi pecho. Todo para que llegásemos sin problemas casi hasta el mismo avión. Ya en el apara

