Capítulo 21 - Dominik

831 Words
Hace 4 días atrás. Dominik logró escabullirse de sus compañeros, le pareció que ya era suficiente de adulación. Ganaron por dos goles de ventaja, sumando así, los primeros tres puntos del campeonato. Aunque ya estaban acostumbrados a ganar, cada victoria era para celebrar, con la diferencia de que el champán lo guardaba para las finales. Se acercó a su casillero y metió la mano en su bolso para buscar su móvil. Sintió el impulso de escribirle a Samanta y decirle que ganó el partido. No sabía por qué, pero tenía la necesidad de hacerla participe de su vida. Tomó su móvil y deslizó su dedo para desbloquearlo. Frunció el ceño al percatarse de algo. El número de Samanta no estaba. —¿Pero qué rayos? —Farfulló él. Le pareció muy extraño. Hace menos de una hora vio el número en la pantalla de su móvil y ahora no estaba. No podía haberse desaparecido por arte de magia… —De prisa, Dominik. Es hora de la conferencia —le recordó uno de sus compañeros. Dom cerró los ojos con fuerza y soltó un suspiro de frustración. Lo único que deseaba era irse al hotel, darse una ducha y descansar o tal vez ir al aeropuerto a ver a… Sacudió la cabeza con fuerza al percatarse de la dirección que tomó sus pensamientos. Tenía que resignarse con cumplir su rol. No entendía porque debían dar una conferencia antes y después de un juego ¿No les bastaba con una? Pues no. A los canales deportivos les interesaba mucho saber cuáles habían sido sus errores en los partidos anteriores y después, al finalizar un partido, necesitaban saber acerca de la estrategias que les habían funcionado. En todo caso, cuando ganaban sólo tenían que dar un discurso de como el esfuerzo y la disciplina daban sus frutos, pero en caso de perder, las palabras eran otras: Lo hemos intentado, lo hemos dado todo, pero lamentablemente no se nos dio. Será para la próxima. Cuando finalizó la conferencia, la selección alemana de fútbol regresó al hotel. Una vez a bordo del bus, mientras todos contaban chistes y se jugaban bromas, Dominik no podía dejar de mirar la pantalla de su móvil, tratando de recordar el número de Samanta. ¿Pero a quien pretendía engañar? No lo recordaba. —¿Todo bien, Weigand? —Le preguntó Rodríguez, sentándose a su lado. —Lo cierto es que no —contestó Weigand—. Me ha pasado algo muy raro —levantó su móvil y se lo enseñó a su compañero de selección—. Se me ha borrado un contacto. Así, de la nada. —Es muy común —dijo Rodríguez—, estos teléfonos inteligente, a veces se ponen brutos. Déjame ver —le solicitó, extendiendo su mano. Dominik le dio el móvil y su compañero lo chequeó con detenimiento. Luego de unos segundos—. Sí. Tal y como lo pensé, pero no te preocupes. Lo bueno de estas nuevas tecnologías es que están programadas para hacer un respaldo de nuestros datos, cada cierto tiempo. Dom se sintió aliviado al oír lo que le decían, y acarició de nuevo esa esperanza de ver a Samanta una vez más. —¿Y qué tengo que hacer?—Preguntó Weigand con notable emoción. —Cruzar los dedos para que se haya hecho un respaldo antes que se borrara el número que necesitas. —¿Y cómo logro saber eso?—Indagó Dom. —Tengo una aplicación muy útil en mi portátil. Puedo ayudarte —dijo su compañero. —¡Genial! —Sólo hay un pequeño detalle —Rodríguez frunció el ceño y Dominik sintió una creciente ansiedad dentro de sí—. Mi portátil la he dejado en Alemania, pues un amigo de mi hermana le estaba haciendo mantenimiento. Pero calma, no te aflijas —animó a Dominik—. Mi hermana estará acá para el próximo encuentro, así que me la traerá. —¿No recuerdas el nombre de la aplicación? Podría descargarla en mi portátil —comentó Dom. —¡Caramba! Es bastante importante la cosa. —Algo —Dominik se encogió de hombros ante la mirada bufona de Rodríguez —Hagamos una cosa. Lleguemos al hotel, nos damos una buena ducha, nos comemos la deliciosa cena que nos deben estar esperando y luego nos vemos en tu habitación, a eso de las ocho. ¿Te parece? —Excelente idea —acordó Dominik. Al cabo de casi quince minutos, el autobús se detuvo frente al JW Marriott y todos los jugadores bajaron sin perder tiempo, y como dijo Rodríguez, una suculenta cena los esperaba en el restaurante del hotel, la cual, luego de que todos se ducharan en sus respectivas habitaciones, devoraron sin clemencia. El cansancio se hizo notar en cuanto Dominik llegó a su habitación, y sin poder evitarlo se quedó dormido. Rodríguez llamó varias veces a su puerta, pero decidió retirarse al percatarse de los ronquidos de Dominik, provenientes del interior del cuarto.
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