Capítulo 22 - Dominik

545 Words
Los ojos de Dominik se abrieron faltando diez minutos para que sonara su alarma despertadora. Salió de la cama, se enjuagó la cara con abundante agua y se dispuso a hacer algunas lagartijas y sentadillas. Hizo trote estático por veinte minutos, tal y como lo hacía todas las mañanas al despertar, La puerta de su habitación sonó y se dirigió a abrirla. Al hacerlo, Friedrich lo saludó con una amplia sonrisa. —Cámbiate de ropa —Dijo el publicista. —Pero… —Dominik no entendía porque debía hacerlo. —Ewald me ha mandado a buscarte. Quiere asegurarse que no llegues tarde al entrenamiento. ¡Vamos! ¡De prisa! —Pero el entrenamiento es dentro de dos horas. —Metzler desea empezar antes, en vista de los últimos resultados. Dominik alzó la ceja. —Ganamos —dijo. —A duras penas —le recordó Treadaway. Debido a que, según el director técnico de la selección, los chicos tuvieron muchos problemas para ganar el último juego, las horas de entrenamiento se duplicaron, así como las horas de estudio de estrategias. Sumándole a esto los diversos compromisos que debían cumplir los miembros de la selección. Algunos como voceros del equipo frente a la FIFA, y otros tantos en sesiones de fotos para las respectivas marcas publicitarias que representaban, Dominik estaba dentro de este grupo. Tuvo que posar varias horas para las cámaras de Adidas, además de atender diversas entrevistas. Y así pasaron tres días. Días en los cuales Dominik no tuvo ni tiempo de pensar. Al final del día terminaba muerto de cansancio. —¿Lograste solucionar lo del número? —Le preguntó Rodríguez una mañana, mientras iban de regreso al hotel, después del entrenamiento. —¿De qué hablas? —Dominik no entendió la pregunta. —El que se te borró misteriosamente. «Cierto. El número de Samanta» A Dominik se le olvidó por completo, como siempre lo hacía. Era normal que él olvidara ciertas cosas cuando su cerebro estaba enfocado en algo más, y en su caso era el mundial de fútbol. Esa era su prioridad. Sin embargo, en ese momento sintió una inmensa necesidad por saber de Samanta. »Descubrí una forma más fácil de recuperar un contacto eliminado por error —su compañero de equipo continuó hablando—. Si me permites tu móvil, te lo enseño. Dominik comenzó a tocarse los bolsillos de su suéter, buscando su teléfono móvil y cuando por fin lo halló, lo desbloqueó y se lo dio a su amigo. —Aquí lo tienes. Rodríguez sujetó el aparato y deslizó su dedo por la pantalla. Dominik observó en silencio, mientras el hombre a su lado maniobraba con su móvil, entraba y salía del menú, desplegaba submenús y volvía a la pantalla de inicio. Así estuvo por casi cinco minutos, hasta que Rodríguez sonrió de manera victoriosa, mirando la pantalla y sin mover ni un dedo más. —¡Oh! Ya veo, Weigand. Te lo tenías bien guardado. —¿Qué? ¿De qué hablas? —Es una señorita —la última palabra la dijo en perfecto español, pero Dominik lo entendió—. Toma. Todo tuyo —dijo Rodríguez y le entregó el móvil. El rubio de ojos azules sonrió al ver la pantalla. El número de Samanta estaba allí.
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