Episodio 5: ¡ex prometida!

2721 Words
Capitulo 5: ex prometida. Al llegar al apartamento de Sebastián, ambos bajaban en completo silencio, Sebastián se colocó al lado de Isabela para iniciar a caminar juntos. Sebastián tomó la mano de Isabela y entraron al conjunto residencial, subieron dos pisos hasta el apartamento de él. Cuando llegaron al pasillo, Isabela vio a una mujer castaña de cabello liso y largo sentada a un lado de la puerta. Isabela reparó a la mujer; aparentaba tener treinta y tanto de años, vestía una playera holgada, unos jeans rotos y unos zapatos negros. Estaba maquillada decentemente y algo muy sutil. La mujer tenia su gracia. La dama, tecleaba algo en el teléfono, aun no se percataban que dos personas caminaban hacia ella y la observaban. Cuando se acercaban; la mujer levantó la vista del móvil y los miró. Al reconocer a Sebastián esta se levantó y su vista fue directo a las manos de los recién comprometidos. - Sebastián – dijo esta al levantarse del piso, sin dejar de mirar las manos de la pareja. - Julieta – dijo este algo desinteresado y añadió – te presentó a mi futura esposa y madre de mi hijo. Hasta ese momento Julieta no había reparado que la mujer que acompañaba a Sebastián se encontraba en embarazo. - U u u un placer conocerte – dijo Julieta tartamudeando y extendiendo la mano a Isabela. Isabela sólo asintió con la cabeza y extendiendo también su mano. - Sebastián… - iba a empezar a decir Julieta cuando este la interrumpió. - Entremos – dijo Sebastián ignorando a julieta. Al entrar, Isabela fue hasta el sofá que estaba en medio de la sala. Sebastián le preguntó si necesitaba algo. Isabela sólo negó con la cabeza sin dejar de ver a la mujer que había quedado de pie a pocos metros de la puerta. Cuando Sebastián la miró esta se acercó hasta el hombre, cuando quedo a poquísimos metros de él dijo: - Quiero recuperarte – dijo esta ignorando la presencia de Isabela que escuchaba todo. Isabela por su parte se tensó al escuchar aquellas palabras, la mujer prosiguió – sé que tarde en darme cuanta que el hombre de mi vida eres tú, pero no puedo vivir sin ti. Si quieres vamos a un registro y nos casamos ya. Sebastián se mantenía tranquilo, nunca se le vio un gesto o alguna facción que mostrara lo que sentía en ese momento que escuchaba todo lo que julieta le decía. Sebastián se sentó al lado de Isabela y le tomo su mano. Le dio una mirada tranquilizadora y dejo que la mujer siguiera hablando. - Sebastián te prometo ser todo lo que necesitas – decía la mujer acercándose donde la pareja se mantenía sentada – por favor sé que aun me amas y yo te amo por favor, volvamos ¿sí? - ¿Terminaste? -dijo Sebastián a modo de pregunta. - Sí – dijo la mujer dando un suspiro. - Julieta – empezó a decir Sebastián, Isabela cambio la mirada y veía a su futuro esposo a los ojos, lo miraba con mucha curiosidad – no había entendido esto antes, creía que efectivamente eras la persona con la cual deseaba pasar toda mi vida; pero hoy por hoy agradezco que no te hayas presentado a la boda – Sebastián decía todo esto sin dejar de sostener la mano de su futura esposa – hace días estaba muy molesto por tu llamada repentina – esta vez Sebastián volteo a ver a Isabela, encontrándose con una mirada cálida y brillante – pero me di cuenta que cuanto significaste para mí. - Se que aun... empezaba a decir Julieta. - CALLATE – dijo gritando Sebastián. Ambas mujeres dieron un brinco en su asiento. Sebastián respiró y miró a los ojos de su amada en modo de disculpa y siguió – esta de más decirte que estoy comprometido, voy hacer padre y no siento nada por ti, ahora puedo ver con claridad que nunca te amé que solo fuiste una imposición de mi madre, tú no eres mujer que se pueda amar sin ser humillado, lastimado y ultrajado. Busca amarte primero, busca subsanar el daño que llevas en tu interior porque vayas donde vayas van a dañar, lo que tocas lo arruinas, arruinas la vida de las demás personas, vete de mi vida y no vuelvas. Julieta, miraba hacia el piso sin decir ninguna palabra. Isabela sólo miraba a su prometido sin dar crédito a todo lo que escuchaba. Con todas las palabras que él le decía aquella mujer, ella aun así no alcanzaba a imaginar cuanto daño pudo causarle julieta a su futuro esposo. La odió, quiso arrancarle los ojos y sacarla fuera de aquella casa, pero no debía colocar en riesgo a su hijo. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando aquella mujer comenzó a reír y aplaudir como una demente. Sebastián reaccionó muy rápido y levantó a Isabela con mucha rapidez y la ubicó atrás de él. La mujer se precipitaba donde ellos se encontraban riendo y aplaudiendo y comenzó a decir: - Me causa tanta gracia saber que te crees importante – decía en tono burlón – tu estúpida madre me pagó para que te buscara y dijera toda aquella estupidez que acabe de decir, eres tan insípido y poco hombre, te falta mucho huevo – la pareja escuchaba todo aquello sin interrumpirla, Isabela había tomado el brazo de su futuro esposo y lo sujetaba con mucha fuerza, aquella mujer prosiguió: eres tan estúpido que no te haz dado cuenta que tu mamá te tiene un investigador, sabe todo tus movimientos, crees que no sabe que no eres el padre de esta zorra. - Cállate y lárgate – dijo en tono muy calmado Sebastián que asusto a Isabela. - Sabe que edad tiene ella, sabe como mató a su espo… en ese momento la habitación donde se encontraba aquellas tres personas quedo en silencio después de sonar un golpe seco. Isabela, muy cuidadosamente se había soltado del agarre de Sebastián y había abofeteado aquella mujer, lo hizo con tanta fuerza que su mano aun palpitaba, la otra mujer sin dar crédito aquel golpe se agarraba el rostro con la boca abierta, ni siquiera ella había visto que Isabela se movía, su mente aun no entendía como había ido todo aquello. Cuando Julieta quiso volver a decir algo, Isabela la tomaba de un brazo con una fuerza que ninguna de las dos era consiente. - Ya estoy cansado de escuchar tanta tontería – Isabela arrastraba aquella mujer fuera del apartamento, mientras la otra mujer aun no era consiente de lo que pasaba. Sebastián trataba de detener a Isabela, pero esta no se detenía ante nada. Saco aquella mujer de la casa, cerrando la puerta en su rostro mientras esta comenzaba a golpear la puerta y decía cuanta grosería salía de su boca. - Isa – decía Sebastián - ¿estas bien? La tomo por su mano izquierda y la llevó hasta el sofá que yacía en su sala. Ambos se sentaron en completo silencio, Sebastián fue hasta la cocina y le trajo agua a Isabela. - Ten – le dijo extendiendo el agua hasta su amada. El teléfono empezó a sonarle a Sebastián. Este vio de quien se trataba. Isabela lo miraba algo interesada. - Es mi madre no contestaré – dijo Sebastián y se sentó al lado de su amada. Isabela tomaba el agua pensativa, pensando en cada una de las palabras que había dicho aquella mujer. Ella era consiente que su mayor problema era repensar las cosas. Darle vuelta una y otra vez. Había aprendido que la mayor virtud de un ser humano era no tomarse nada personal, absolutamente nada, sin embargo, como somos seres humanos que es lo mismo decir egocentristas empedernidos. - Isa – interrumpió Sebastián, ¿quieres hablar? Esta sólo hiso un gesto negativo con la cabeza y después de mucho tiempo respondió: - ¿puedes llevarme a casa? Isabela dijo todo esto sin mirar a su amado, deseaba sentirse protegida en su casa. - No – dijo Sebastián apretando la mandíbula. Isabela abrió mucho los ojos y miraba a Sebastián algo extrañada. Isabela intento levantarse, pero este también la detuvo. - No Isabela – dijo Sebastián levantándose- hoy vamos hablar, nadie va a huir, nos quedaremos y hablaremos de una vez por todas. ¿quieres hacer preguntas o inicio yo? Isabela no contesto nada aquella pregunta sólo miraba a la nada sin saber que responder, era claro que tenían que hablar, pero ella no sentía las ganas de escuchar cosas que no quería. Sin embargo, por más extraño y loco que pareciera quería que Sebastián le hiciera el amor. - Isabela se levantó justo en frente de Sebastián, se le fue acercando poco a poco y susurro a pocos milímetros de sus labios, hazme el amor. Sebastián sintió una cosquilla caliente que empezaba en los pies y terminaba en su entrepierna. Se miraron con mucho deseo, hasta que ambos comenzaron a devorarse los labios, este la guio hasta una habitación reluciente, donde todo se veía impecable. Isabela desnudó a Sebastián, primero le quito su t- shirt y luego bajó hasta el botón de su pantalón, al abrir el cierre metió su mano y comenzó acariciarle su m*****o, el cual se encontraba erguido y deseosos. Él jadeaba muy deseoso, disfrutando de aquellos toques sexi que ella le daba. - Soy tuyo – decía Sebastián entre jadeos. Isabela devoraba su boca como si no hubiera un mañana. Luego Isabela terminó por quitarle el pantalón y el bóxer a su amado. Miro su m*****o y luego miró el rostro de él, le sonrió de manera picara y comenzó a besar aquel m*****o que estaba preparado para ella. Isabela sentó a Sebastián en la cama, metió aquel m*****o en su boca y comenzó a bajar y subir, luego pasaba la lengua por todo el m*****o y lo volvía a meter en su boca, con el glande metido su boca, hacia círculos con la lengua, disfrutando de los fluidos que salían de su amado, luego iba hasta los testículos y metía uno a uno en su boca y succionaba con delicadeza, también le excitaba escuchar como aquel hombre se retorcía de placer en su boca, cuando creyó que Sebastián podría correrse su detuvo y subió lamiendo su perfecto abdomen, llego hasta su boca e hizo que ambos se tumbarán en la cama y comenzaran a besarse. Sebastián comenzó a desnudar a su amada, le abrió muy suavemente el cierre de su vestido. Fue sacando uno a uno los brazos del vestido, hasta dejar unos redondos senos al descubierto, beso y metió primero el izquierdo y luego el derecho, Isabela cada vez se excitaba más. El hiso levantar y le quito primero los zapatos y finalmente el vestido. Luego fue subiendo dando besos y sexis mordiscos en sus piernas. La acostó en la cama y se detuvo en su v****a. Lamio sus labios y pasaba su lengua de arriba a bajo por toda aquella comisura que se encontraba muy húmeda, succionó un poco su clítoris y chupaba todo de ella, su m*****o comenzaba a sentir celos de su lengua. Metió dos dedos dentro de ella y comenzó a entrar y salir muy rápido sin dejar de succionar su clítoris, escuchaba revolcar a Isabela de placer y eso le excitaba aun más, escucho que de ella salió un gemido majestuoso y muy fuerte que lo hiso sentir mas deseoso de aquella mujer, era el aviso de ella corriéndose entre su boca. Subió rápidamente, coloco de lado a Isabela y así de forma fetal y de espalda la penetro de una estocada, ambos gemían de placer, disfrutando el uno del otro. Sebastián disfruto de aquella estreches de la v****a de su amada, mientras esta disfrutaba de aquel m*****o viril que la llenaba por completo sin piedad, en esa posición Isabela movía su trasero hacia Sebastián y el movía su cadera hacia el trasero de ella. era un perfecto baile, en plena armonía. Ambos fueron avanzando en su baile haciéndolo más rápido, cada uno preocupado porque cada quien alcanzará el placer. De ambos salió un gemido que ahogo todo el silencio de la habitación. Llegaron al placer uno detrás del otro. Así enganchados sus respiraciones se fueron calmando, abrazados el uno del otro. Sebastián intento separarse de Isabela, pero esta se lo impidió colocando una de sus manos en su trasero. - ¿Nos bañamos? – dijo Sebastián besando la espalda de Isabela. - Si – dijo Isabela con los ojos cerrados. Sebastián se desengancho de Isabela con mucho cuidado, cuando hiso esto ambos lanzaron un gemido de placer. Sebastián levantó a Isabela de la cama y cuando esta se dio la vuelta vio como el m*****o de Sebastián volvía a colocarse duro. Ambos se miraron y sonrieron, tomados de las manos llegaron hasta le baño. Sebastián la dirigió hasta la ducha, dejando que primero pasara ella. Ya dentro, encendieron la ducha y entre besos y risas se duchaban. Isabela tomo un poco de jabón en sus manos y comenzó a enjabonarlo, luego los papeles se invirtieron, cuando este quiso de terminar de enjabonar a Isabela su m*****o ya se encontraba erguido y deseosos de volver a entrar. Sebastián comenzó a besar de espalda a Isabela, esta pudo sentir como aquel m*****o que aun no se le hacia familiar, rozaba sus nalgas. Así que colocó las manos en la pared y animó a Sebastián que la penetra así de pie y de espalda. Sebastián la penetró, sus movimientos al principio fueron suaves, intentando disfrutar el mayor tiempo posible todas las sensaciones que aquella mujer le hacia sentir. Cuando sintió que Isabela se había corrido, por aquello movimientos involuntarios que, hacia su v****a, aumento los movimientos y se dejo llevar, termino encimade ella, feliz y agradecido con aquella mujer que tenia entre sus piernas. Así terminaron de ducharse, entre besos y abrazos. En cada beso se sentía el deseo que ambos sentían el uno por el otro. Cuando salieron de la ducha, Sebastián se precipito a buscar una toalla para su amada. Isabela había comenzado a secar el agua de su rostro con una de las toallas pequeñas. Cuando isabela dejó de secar su rostro y levantó la vista, vio que Sebastián traía en sus manos una salida de baño para ella. - La compre para un día como hoy – dijo este sonriente. Isabela sólo sonrió y acepto aquel regalo que le daba su futuro esposo. - Me queda perfecto – dijo ella dándole un beso en los labios. Sebastián sólo sonrió. Isabela sólo sonreía, al percatarse que aquella salida de baño le tapaba por completo su abultada panza. - Voy por agua – dijo esta a Sebastián que buscaba en su armario algo de ropa. - Con cuidado – añadió Sebastián a la mujer. - Sebas – dijo algo dudosa Isabela - Dime amor – añadió Sebastián sin dejar de hacer lo que hacía. - ¿Cómo es el nombre de tu madre? - Cristina – dijo este mirándola con el ceño fruncido y añadió - ¿por qué? - Quería saber cielo – y salió de la habitación. Isabela se dirigió hasta la cocina, pensando en todo lo que había ocurrido en aquella casa en tan sólo un día. Tragó en seco al recordar a Julieta y en todo lo que ella dijo sobre Cristina. Al final una sonrisa se planteó en su rostro al recordar el sexo que hace unos minutos tuvo, en el cuarto y en la ducha. El timbre de la casa sonó, a Isabela se le había olvidado que no estaba en su casa y abrió la puerta, sin percatarse tampoco que se encontraba en una salida de baño. Aun así, abrió la puerta con ella sonrisa que evocaba el sexo de minutos anteriores. Al abrir se encontró con una mujer, muy bien vestida de una edad de cincuenta y tantos años, la mujer la miro de pie a cabeza y dijo: - Isabela Castillo. Hasta ese momento se percató de quien se trataba y sin ningún tipo de sorpresa, iba a responder, pero en ese momento Sebastián se planteaba detrás de ella: - ¿Amor, quién es? – dijo esto abriendo la puerta para ver de quien se trata. - Madre – dijo este algo muy serio y sin sorpresa.
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