Capitulo 4: Eres tú...

3455 Words
Capítulo 4: Eres tú… Isabela se había quedado dormida, al despertarse, encontró una silueta de hombre sentado en el mueble de la habitación, ella algo adormilada, miró su teléfono; el reloj marcaba las 12:40 de la mañana, se dejo caer en la cama y siguió durmiendo, preguntándose si era Sebastián aquella silueta o el doctor. Durmió toda la noche, sin ningún pensamiento o algún sueño extraño. Al despertar se sintió aliviada y algo entusiasmada. Como era costumbre al despertar, acariciaba su barriga y decía “¿cómo amaneció mi persona favorita?” - Buenos días – dijo la voz del anciano, que ya le era familiar a Isabela. - Buenos días doctor – dijo Isabela arreglándose un poco el cabello y acomodándose en la camilla. - Al parecer – empezó a decir el hombre – te gusta verme. - Si doctor – añadió algo juguetona – ya lo extrañábamos. - Ya puedes irte -dijo el doctor sonriente – tu cuñado ya firmó tu salida y ya tiene tus medicamentos. - Oh, gracias -dijo Isabela algo cabizbaja. - Isa – dijo su cuñado entrando a la habitación – tu hermana debió quedarse con los niños, al parecer la extrañaban. En realidad, yo me ofrecí a venir, ella esta en casa esperándonos. - En su casa – preguntó Isabela- o en la mía. - En la tuya – claro- ella sabe perfectamente que no te gusta estar en otro lugar que no sea en la tuya. - Gracias – añadió Isabela sonriéndole a su cuñado, aun así, no podía disimular su tristeza. - Vamos – dijo su cuñado ayudándola a bajar de la camilla. Al llegar a su casa, todo relucía de limpio, la sangre que había dejado regada ya no estaba. Por mucho tiempo su casa olía a limpio y a comida de hogar. Su hermana la recibió con un abrazo, analizando su pie. - Ay mi Isa – dijo la hermana abrazándola – tienes que bañarte en el mar. - Eso mismo pensé yo – dijo ella riéndose del comentario que ambas se habían hecho. - Cuando te recuperes – dijo la hermana de forma imperativa – iremos a playa Mendoza, tenemos buen tiempo sin ir allá. - Claro – dijo Isa mirando el teléfono. Cuando Sebastián escuchaba todo lo que Isabela le decía, se sintió herido al pensar que Isabela se sentía tan infeliz, desprotegida estando con él. No le ofendía de hecho todo lo que ella le dejaba saber, sino la verdad. Él era consiente que lo que ella decía era cierto. Esa verdad que ella expresaba, era la que realmente le dolía a Sebastián. Se fue porque se sentía avergonzado de no cumplirle a Isabela y su hijo, de verdad él quería que ella empezara a sentirlo como un padre y un esposo. Se fue porque necesitaba aclarar sus pensamientos, también deseaba hablar con su madre y decirle todo, por primera vez quería escoger una pareja para él sin que su madre interfiriera. Sebastián era consiente que su madre se iba a escandalizar, por eso necesitaba hablar con ella sin que Isabela estuviera presente y no escuchara todo lo que ella diría. Por eso se fue, no quería dejar a Isabela, pero necesitaba hablar con su madre y mudarse de inmediato con Isabela. Cuando llegó a su casa, Sebastián intentó dormir, pero no pudo conciliar el sueño, en su mente sólo estaba el rostro de Isabela diciéndole que no era el padre de su hijo. Cuando pensaba en eso, su corazón daba un brincó, llegó al punto de hiperventilar y llorar desesperado por no poder actuar de inmediato y hablar con su madre. Poco a poco el cansancio lo fue venciendo y fue quedando dormido, antes de eso tomó varias cervezas, se sentía un poco mareado. El celular sonó a las 9:00 a.m, Sebastián estaba algo extrañado, así que respondió rápidamente sin mirar quien lo llamaba, por esta razón contesto algo perezoso. - Hola – dijo aun con los ojos cerrados. - Hola – dijo una voz de mujer – hablo con el Señor Sebastián – pregunto nuevamente la voz. - Si – dijo abriendo los ojos algo extrañado. - Le hablamos de la clínica del norte – dijo la voz – el día de ayer firmo la salida de una de nuestras pacientes… la señora Isabela. - Si claro – soy su esposo – al decir esto sintió algo extraño en el estómago. - Si – dijo la mujer – eso es lo que dice los papeles por eso lo llamamos, hoy en las horas de la madrugada, su esposa fue ingresada como ya debe saber – Sebastián se levantó rápido de la cama, tratando de orientarse y buscar las llaves para salir en dirección a la clínica, una angustia se instalo en su pecho y una lagrima empezaba a salir de sus ojos – al salir – continuo la voz de mujer – dejo su bolso con sus pertenecías acá, por favor pase por ellas. - Disculpe señorita – dijo Sebastián algo asustando – cuales fueron los motivos por los cuales la mujer fue ingresada, lo que sucede es que no me encontraba en casa – dijo Sebastián en forma de disculpa. - Tenía una herida profunda en el talón - explicó la mujer – fue suturada y enviada a casa. - Gracias – dijo Sebastián – Ya paso por ellas y colgó sin recibir respuesta del otro lado. Al colgar, salió directamente a casa de Isabela. Al llegar escuchaba ruido dentro de la casa, así que abrió con sus llaves y al entrar, sus ojos solo buscaban desesperados a Isabela, en la sala sólo vio a la hermana de Isabela, sus hijos y su esposo que se encontraba en la cocina hablando por teléfono. - Hola – dijo el esposo de sol, que se acercó al verlo parado en la puerta – Isabela está en el baño – añadió dándole una palmadita en el hombro, tratando de tranquilizarlo. Este solo sonrió, saludando a todos y pasando directamente a la habitación. Se sentó en la cama, mirando la puerta del baño. Isabela salía del baño secándose el cabello y manqueando el pie lastimado, aun no se había percatado que Sebastián la miraba con curiosidad tratando de ver la herida. - Isabela – dijo Sebastián colocándose de pie, Isabela dio un salto dejando caer la toalla que secaba su cabello. Esta solo pudo verlo y llorar, ella no era capaz de detener en ese momento sus emociones ni actos. Era algo paradójico, mientras sus lagrimas no dejaban de salir, su cuerpo no podía moverse, al parecer sus pies eran como plomo en agua. - ¿cómo te heriste el pie? – preguntó Sebastián acercándose a Isabela. Esta sólo lo miraba sin decir ninguna palabra, ella aun no creía que estaba ahí en su cuarto. - ¿Isa, estas bien? – dijo una vez más Sebastián. - Si – dijo esta sin saber cómo estar o cómo moverse. Ninguno de los dos dijo algo, simplemente se miraban esperando que el otro dijera algo y rompieran el silencio ensordecedor que habitaba en el recinto. - ¿Qué ha ocurrido? -dijo Sebastián tratando de tumbar la retracción de su amada. Y volvió a preguntar - ¿cómo te has herido en el pie? - Un pequeño accidente- decía esta sin poder dar crédito de estar interpretando que Sebastián no la había visto en el estacionamiento. - De eso quiero saber Isabela – decía este algo desesperado – ¿cómo ha sido el accidente? - Un vaso se me cayó y se ha roto -dijo esta tratando de lucir sincera -me moví donde no debía y me he cortado. - Quiero ver la herida – este, muy suavemente la tomo por los hombres y la sentó en la cama con mucha delicadeza y comenzó a revisarle el píe. Primer comenzó acariciando la pierna, fue bajando poco a poco sin quitarse el contacto, hasta que llego al pie y pudo ver el lugar de la herida, sin embargo, no pudo ver la herida porque estaba tapada con una gaza y esparadrapo. Isabela, en silencio gozaba de aquel tacto, sólo podía concentrarse en aquella mano que recorría todo su cuerpo. Ambos se miraron cuando Sebastián detuvo su mano en la gaza, se miraban diciendo más de lo que podían expresar. - Quiero que nos casemos – dijo Sebastián mirando fijamente los ojos de Isabela. Isabela sólo lo miraba sin poder creer lo que Sebastián le proponía. - Espérame aquí – dijo Sebastián a Isabela, dejándola sin palabras. Sebastián salió a toda prisa de la habitación, dejando a una Isabela pensativa. - Isa – llamó su hermana entrando y sentándose al lado de ella - ¿qué pasó?, Sebastián salió a toda prisa. Isabela aun no se percataba que su hermana se había sentado a su lado y le hablaba. - ¡Isa! – dijo su hermana moviéndola un poco. ¿por qué iba como correcaminos ese hombre, ¿qué te hiso? – decía esta algo preocupada. - ¿Se ha ido? – preguntó Isabela. - Sí – dijo su hermana y añadió – casi tropezó con el niño. - Seguro algo se le habrá olvidado – dijo está quitándole importancia. - Vístete – dijo su hermana de forma imperativa – y sal a comer. Isabela se vistió, pensando en todo lo que Sebastián le decía, no daba crédito que le hubiera propuesto matrimonio y luego se fuera de esa forma. Isabela salió de su habitación, su hermana ya había dispuesto la mesa y solo la esperaban a ella. su cuñado hacia caras muy graciosa para darle de comer a su sobrino. Ella entro se sentó en el comedor, si apartar la vista de aquella escena entre el padre y el hijo. El niño al parecer estaba disfrutando mas de su forma de comer que de la propia comida. - Tita – dijo el niño dejando a su padre con el bocado de comida en el aire. Isabela se acercó y depositó un beso en la frente de su sobrina y luego se sirvió un poco de jugo de naranja. Su hermana le sirvió el desayuno y comenzaron a desayunar entre risas, gritos, anécdotas. Isabela solo disfrutaba de aquella compañía, sonreía con tranquilidad y entusiasmo. Su hermana se veía tranquila a pesar de ver a su esposo e hijo dar guerra en la comida. Ella solo se reía divertida de la desesperación de su esposo. - ¿Mujer y cómo es que haces tu para darle de comer a este niño? – dijo el hombre sin mirar a su esposa. - Sencillo – dijo la mujer, haciendo que su esposo la mirara – lo dejo comer solo – la mujer río a carcajadas acompañada de su hermana. - ¿y por qué me dijiste que le diera la comida? – preguntó el hombre sin alterarse. - Cariño – dijo la esposa levantándose y dándole un beso – sólo lo decía para que se la colocaras en la mesa. Este la rodeo por la cintura, mirándola divertido y depositando un beso en su estómago. Isabela miraba aquella ensena con mucho entusiasmo y divertida. Todo quedó en silencio cuando escucharon la puerta abrirse, todos miran muy ansioso en dirección a la salida. Cuando de pronto, entra Sebastián algo afanado, camina rápidamente hacia Isabela; saca algo de uno de los bolsillos. El esposo de la hermana de Isabela, al ver el rostro del hombre; se levanta precipitadamente e intenta colocarse entre el medio de él y de Isabela. Aun así, no se interpuso entre ellos, sino que quedo vigilante al lado de Sebastián. Sebastián le hiso un gesto con la mano para calmarlo. Este se arrodilló frente a Isabela, saco la caja de terciopelo y dijo: - Ahora sí – cásate conmigo – dijo este mirando con una gran sonrisa a una Isabela que había quedado muda, viendo todo lo que ocurría desde que Sebastián entraba por su puerta. Isabela, estaba muy emocionada por todo lo que estaba ocurriendo, así que de sus ojos comenzaron a salir lagrimas de felicidad. La hermana de Isabela por otra parte; abrazaba a su esposo muy emocionada también con lagrimas en los ojos. No podía dar crédito que su hermana pudiera volver a casarse y ser feliz. Isabela se levantó de su silla y le extendió la mano a Sebastián para que se levantara. Le dio un beso casto en los labios y le dijo que si a Sebastián. Este emocionado la abrazaba mientras le repartía besos por todo su rostro. - Acepto – dijo esta una vez mas para que este le escuchara. - Gracias – dijo Sebastián – te haré feliz mi Isa. Isabela sólo lo miraba enamorada sin poder de parar las lagrimas de sus ojos. Sebastián le limpiaba el rostro mientras le daba besitos y sonreían de felicidad. - Felicidades – dijo la hermana de Isabela abrazándolos a ambos. - Yo creía que ibas a pegarle a alguien – dijo el esposo de la hermana de Isabela abrazando a la pareja comprometida. Todos terminaron de desayunar entre risas y chistes. Las dos parejas gozaban de sus anécdotas. En ocasiones Isabela y su hermana hablaban entre ellas y los caballeros también hablaban entre ellos. - Isa – dijo Sebastián acercándose a las dos mujeres – ahora que iba subiendo me dijo la señara de al lado que ayer subías con sangre en el pie - ¿Dónde fue el accidente del vaso? -siguió preguntando Sebastián – no entiendo como pasó. La hermana de Isabela que sí sabia la historia del hecho se disculpo y los dejo hablar a solas. -Isabela- dijo algo desesperado Sebastián - ¿Cómo te cortaste y por qué venias sangrando? - debió ser cuando iba al hospital – dijo esta algo nerviosa. - Pero ella dijo que ibas subiendo – añadió Sebastián – y al parecer te saludo y no colocaste cuidado. Además, también dijo que era muy de madrugado, mas o menos la hora que yo iba saliendo. – Isa – dijo Sebastián acercándose y tomando el rostro de Isabela para que lo mirase. - ¡Titaaaaa ¡- dijo el niño gritando y acercándose a Isabela con los brazos extendidos. Isabela intento cogerlo, sin embargo, Sebastián se apresuró, se agacho y lo levantó, para que la tía no hiciera esfuerzo. Sebastián e Isabela jugaban con el niño; ambos reían con las ocurrencias de la criatura. - Isa – dijo la hermana de ella - ya nos iremos, te estaré llamando por lo de la boda, para organizarla juntas. Isabela asentida con la cabeza, ella entendía que la partida de su hermana significaba una conversación con Sebastián, algo incomoda. Si algo había aprendido durante todo este tiempo sabia que las conversaciones incomodas mantienen viva y reales las relaciones en todo tipo de caso. Sebastián bajo al niño y este desapareció del recinto. - Claro – dijo Isabela acercándose a la mujer y dándole un fuerte y caluroso abrazo que demoró mas de un minuto. - Cuñado – dijo la hermana de Isabela, tomando a Sebastián por los manos – welcome to the family. - Thank you¡- respondió este dándole un fuerte abrazo y sonriendo genuinamente. Todos se despidieron unos a otros, y los visitantes poco a poco fueron abandonando la casa. Al estar solos, Isabela se dirigió a la habitación y Sebastián fue hasta la cocina, ambos sabían que tenían una conversación pendiente. A Sebastián le sonó el móvil y respondió de forma muy relajada. - Si hola. - Sebastián – escucho una voz familiar al otro lado y pensó “otra vez tú” - ¿qué quieres? – dijo Sebastián algo molesto y casi gritando. - Necesito de tu ayuda – dijo la mujer algo nerviosa y añadió – tu madre me ha dado tu dirección, estoy afuera de tu departamento, por favor ábreme. Sebastián odió que su madre fuera tan entrometida y le hiciera esto. - No me importa – dijo Sebastián algo más alto – lárgate de ahí Julieta. Sebastián dio media vuelta y se encontró con la cara de Isabela que lo miraba preocupada y le pedía que se calmara con la mirada. - Sebastián por favor – dijo la voz de la mujer – no tengo donde ir. Sebastián colgó el teléfono sin responder nada, lo dejo en la isla de la cocina mirando a Isabela algo perturbado. - ¿Quién es Julieta? – preguntó Isabela a su futuro esposo. - Mi ex prometida – dijo resoplando de rabia. El cuerpo de Isabela fue recorrido por un frio. Ella no sabía que decir o hacer, durante mucho tiempo Sebastián nunca le había hablado de una ex prometida, ella era consiente que un hombre como él, es escaso en el mercado, pero nunca se percató u ocurrió que podía estar casado o a punto de hacerlo. - ¿Por qué le gritabas así? – preguntó Isabela y añadió - ¿qué quería? - No lo sé – dijo Sebastián tomando el celular – pero hoy lo sabremos. Por favor – le dijo a Isabela – vístete para salir, iremos a mi apartamento. Isabela asintió con la cabeza y fue a vestirse como se lo pidió su prometido. Mientras Isabela se vestía, Sebastián le marcaba a su madre, quería decirle que estaba comprometido y que dejara de buscarle esposa. Sin embargo, la madre de este nunca contesto. Cuando levanto la vista, vio que Isabela se arreglaba el cabello y salía de la habitación. Esta se había colocado un vestido rojo, aun con el embarazo se le veía muy bien. - Ya – dijo Isabela llegando a Sebastián. Este rápidamente le dio un beso y le tocaba la panza. - ¿Estas bien? – pregunto Isabela a Sebastián, ya que lo veía con el seño fruncido, desde que había recibido aquella llamada. - Si cariño – le dijo a Isabela acariciándole el rostro – sólo estoy algo perturbado. - Tranquilo – dijo Isabela – yo estoy aquí. Le dio un abrazo a su prometido que este rápidamente sintió que toda su desesperación, rabia y perturbación desaparecían. Al separarse del abrazo, este ya se veía calmado y le sonreía a su prometida. Ambos bajaron tomados de las manos hasta el estacionamiento, e ingresaron en el auto y se marcharon. Cuando iban en carretera, Isabela iba revisando correos mientras Sebastián iba atento al camino. A Sebastián le comenzó a sonar el teléfono, así que uso los manos libres. Una voz de una mujer mayor, lo saludaba muy afectuosamente: - Hijo mio – dijo la voz de la mujer - ¿cómo has estado? - Muy bien – dijo Sebastián y guardo silencio y añadió – ¿mamá por que le dijiste a Julieta donde vivía? Este no dejaba responder a la mujer, Isabela colocó la mano sobre la pierna de su prometido para que se calmara – ¿acaso no recuerdas lo que hiso o no te duele todo el dinero que echó a la basura al dejarme en el altar? Isabela lo miro de inmediato con lo ojos muy abiertos y retirando la mano que había puesto en su pierna. Pero Sebastián no quería callarse nada ante su mamá y siguió- O no; el dinero es lo de menos, lo mierda que volvió mi vida al crearla muerta y luego darme cuenta que se había ido del país con otro? ¿Pero madre, acaso eres mi madre o mi enemiga? Hasta ese momento, Sebastián se dio cuenta que ya la mano de su futura esposa no reposaba en su rodilla. Miró hacia el lado del copiloto y encontró a Isabela mirando pensativa por la ventana, parecía estar ensimismada en ella, le recordó el aspecto que tenia al conocerla. Así que esta vez fue el quien colocó su mano en la rodilla de ella, mientras su madre intentaba responderle algo. - Hijo – dijo la mujer - No mamá – dijo cortante Sebastián, mientras acariciaba la pierna de su futura esposa. Ya no permitiré que te metas en mi vida, que me busques esposa, que quieras ser feliz mientras yo soy infeliz. Me voy a casar y no quiero que opines ni digas nada, voy casarme con una buena mujer te parezca a ti o no. - dijo esto y colgó. Sebastián suspiro profundo, como si se desprendiera de un gran peso. - Isa – dijo Sebastián - ¿todo bien? - He sabido mas cosas de ti- dijo Isabela – en medio de esa llamada, ¿por qué no me habías dicho algo? - Pretendía hacerlo hoy, pero esa llamada… - Está bien – dijo Isabela – ya tendremos tiempo de hablar y coloco su mano sobre la de él, para darle tranquilidad.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD