Capítulo 2 Una llamada inesperada.
Después del desayuno, Sebastián se marchó a la revista. Isabela pensaba seriamente en aquella relación, aunque no vivían juntos él en ocasiones dormía en su casa. A pesar de todo aquel tiempo, ellos aún no habían hecho el amor. Sebastián sólo esperaba que ella estuviera preparada.
Sebastián recibió una llamada que lo dejó algo sorprendido
- Hola – dijo Sebastián sin dejar de mirar la computadora.
- Sebastián – dijo una voz de mujer algo preocupada - ¿te acuerdas de mí?
- ¿Julieta? – dijo Sebastián, levantándose de la silla, sin poder creer lo que sus oídos escuchaban. Julieta era su exnovia. Lo había dejado en el altar un año atrás. Sebastián nunca recibió explicación alguna de aquel actuar.
- Sí- dijo aquella mujer con un hilo de voz.
Hubo un silencio incomodo hasta que Julieta dijo:
- Necesito de tu ayuda – casi lloraba. S
Sebastián estaba mudo. Creía que todo lo que aquella mujer le había hecho estaba olvidado. Sin embargo, los recuerdos llegaban directo a la mente, reabriendo una herida que supuestamente estaba sana, recordando por milésima vez que una herida debe sanarse por dentro y por fuera al mismo tiempo. Pero me encargue que sólo sanara lo visible y lo que estaba dentro de esa putrefacción, deje que se extendiera y hoy me lastima como un escarpelo acabado de afilar.
- Sebastián ¿estas ahí? – volvió a decir la mujer.
- No quiero ayudarte – respondió Sebastián algo enojado – sea lo que sea no me importa, es tu vida, son tus problemas y decidiste vivirla sin mí. Ahora no quiero nada de ti, tampoco quiero brindarte mi ayuda.
Sebastián colgó el teléfono sin despedirse, ni permitir que aquella tipa dijera algo, por primera vez en su vida le habría negado su ayuda a alguien y al contrario de lo que muchos piensan, se sentía bien, quizás tenia algo que ver, que aquel alguien era la mujer que le hizo daño.
El teléfono volvió a sonar, pero este se negó en contestarlo, sin darse cuenta que quien lo llamaba, esta vez era Isabel y no Julieta.
Isabela se bañaba y comenzó a sentir que se orinaba, se sentó en la tasa del baño y comenzó a llamar a Sebastián, pero el celular sonaba ocupado. Ella no perdió tiempo, se vistió, pidió un taxi y se dirigió hasta la clínica más cercana. Aunque ahora no salía agua de su v****a, sentía que él bebe había cesado en sus movimientos. Estaba preocupada sin embargo no perdió la calma ni su norte. Repetía mentalmente, tranquilo hijo, todo va estar bien. No dejó de marcar el numero de Sebastián.
Sebastián pensativo y algo enojado, decidió salir de la oficina, sentarse en un parque y no dejarse invadir de malos pensamientos. Pensó en Isabela, el llamarla, pero si dio cuenta que había dejado el teléfono en la oficina.
Isabela era revisada por un ginecólogo.
- ¿Cuántos meses tienes de embarazo? – preguntaba el médico.
- Seis – respondía Isabela tratando de perder la calma.
- Ve al baño – le dijo el ginecólogo, entregándole un recipiente de recolección de orina – intenta orinar y lo traes, te adelanto, te vas a quedar internada.
- ¿es algo grave? – preguntó Isabela a punto de llorar.
- Eso es lo que deseo constatar – dijo el médico dándole una sonrisa tranquilizadora.
Isabela intentaba no llorar, quería ser fuerte. Fue hasta el baño y le trajo al médico, lo que le pedía.
- Bueno mi querida Isabela - decía el medico algo tranquilizador – acuéstate, ponte cómoda; estoy seguro que no es nada grabe, pero descartemos ¿listo? – añadió – una cosita más, el padre del bebe debe acompañarte o alguien que esté disponible, ya regreso.
Isabela se cansó de llamar a Sebastián, sin recibir contestación. Se quedó tranquila porque estaba segura que él la llamaría al estar desocupado.
Para no estar sola, decidió llamar a su hermana; sabia que se llenaría de angustia, pero no tenia más opción.
- Mi Isa – dijo una voz alegre del otro lado – que hermoso que llames.
- Sí – dijo Isabela algo pensativa sonriente, recordando que su hermana la llamaba a diario y ella nunca la llamaba.
- ¿está todo bien mi Isa? – preguntó la mujer, buscando un lugar con más silencio, ya que su esposo e hijos jugaban alegremente a su lado.
- No te vayas asustar – dijo Isabela – estoy en el hospital y el medico dice que posiblemente me deba quedar.
- ¿En que hospital estas? – preguntó la hermana.
- En la clínica del norte – dijo Isabela sosteniendo el llanto.
- Listo – dijo aquella mujer – ya voy para allá.
- Gracias – dijo Isabela en un hilo de voz y colgaron.
Sebastián regresó a la oficina, trabajaba entretenido en sus asuntos, cuando su celular volvió a sonar. Se llenó de rabia al saber de aquella mujer, así que apagó el celular todo el día.
Al salir de su trabajo, quiso ir donde Isabela, pero aun sentía la misma rabia de esta mañana. Así que quiso alejarse de aquella ciudad e ir con su mamá. No quería hablar con nadie, se fue sin despedirse de Isabela, sabia que ella era una mujer comprensiva y la llamaría y le explicaría todo. Quería estar el fin de semana aislado y en silencio de todo. El mejor lugar para hacerlo era la casa de su madre, era un lugar alejado, sin comunicación telefónica. Tenia la plena seguridad que aquella casa podría ubicarle la cabeza.
La hermana de Isabela llegó en poco tiempo y para distraer a su hermana comenzó a mostrarle fotos y videos de sus sobrinos, ambas reían divertidamente, hasta el punto de olvidarse del lugar donde se encontraban.
El medico entraba a la habitación, volviendo a la realidad a las hermanas.
- Que bueno que tengas compañía – dijo el anciano entrando a la habitación – por lo que veo es tu hermana, tienen mucho parecido.
- Si – es mi hermana mayor.
- ¿Cómo está doctor? – dijo la hermana de Isabela algo angustiada - ¿Qué tiene mi hermana y su bebe?
- Tranquilas, dijo el doctor ubicándose en los pieceros de l camilla donde se encontraba semi- acostada la embarazada – los análisis de tu examen indican que efectivamente estas perdiendo el líquido amniótico, pero tranquila, el cuerpo humano es tan perfecto, que el se encarga de regularse, eso se debe a que tienes demasiado líquido, lo que tu organismo está haciendo es desasiéndose del sobrante, sin embargo pasaras tres días hospitalizada para curarnos en salud (literal) de cualquier contratiempo.
- Doctor – dijo la embarazada - ¿es posible que pueda hacer el reposo en casa?
- Absolutamente no – añadió es médico algo serio – debemos estar monitoreando cada tres horas, cuando constatemos que ya no pierdes líquido, podrás irte, mientras no.
Isabela quedo pensativa y se vio correr una lagrima por sus ojos, le emocionaba la idea que el bebe estuviera bien. Sin embargo, se le hacía muy extraño que Sebastián no le haya devuelto ninguna de sus llamadas.
Empezaba a preocuparse, no sabia si estaba bien o algo malo le había ocurrido. Se le vino a la mente el accidente de su esposo frente a sus ojos. Lo borró de su mente de inmediato y se lo imaginó tranquilo escribiendo en su oficina.
Por otro lado, Sebastián llegó a eso de las 11:11 a casa de su madre. En el camino; estacionó a llenar el, entró a una tienda y llamó a su madre, diciéndole que se encontraba en camino. Su madre, gritó de la felicidad y se preparó a recibir a su hijo amado.
Sebastián llegó, hablo con su madre hasta la 1 de la madrugada. Caminó hasta un árbol del patio, tenia muchos recuerdos de su infancia, disfrutó de aquel aroma, se dejó llevar, disfrutó de momento; hasta que su madre lo sacó de su transe y lo hizo acostar. Durmió rápido, sólo fue tocar la cama y quedar rendido.
Sebastián camina angustiado, por un pasadizo verdoso y con espinas de flor, era raro, se sentía estar caminando por dentro de un tallo de rosa rojas; de sus ojos salía lagrimas espesa; como el color del alquitrán, cada vez que sus pies rosaban una de esas gruesas espinas. Él se iba encaminando, hacia los óvulos de la flor, su semblante se iba tornando viejo y acabado, con cada uno de sus pasos. Daba la impresión que aquel caminar, lo iba acabando poco a poco, mientras mas llegaba al centro de la rosa, su semblante iba disminuyendo. Cuando llegó al inicio de la vida de la flor, él iba a gatas. Se topó con una mujer de espalda, en su costado le vislumbro un hermoso tatuaje; ese tatuaje familiar de una mujer. Se apresuró como pudo hasta ella, al quedar frente a la dama, pudo ver con claridad que se trataba de Isabela; intentó llamarla, pero sus labios se habían pegado con aquellas lagrimas que brotaban de sus ojos y no fue capaz de emitir sonido alguno. Isabela se encontraba arrodillada, con los ojos clavados en algo, cuando Sebastián siguió su mirada, se encontró con una pequeña tumba con una cruz negra y su epitafio decía “Siempre serás mi hijo”
Sebastián despertó sobre saltado por aquel sueño tenebroso, se apresuró a encender su móvil, el reloj del celular marcaba las 9:20 de la mañana. También vio 30 llamadas perdidas de Isabela y corrió a llamarla, sin embargo; su teléfono no registraba recepción en aquel lugar. Camino toda la habitación, se ubico en cientos de posiciones, pero el teléfono seguía sin recepción. Fue hasta la cocina, le dio los buenos días a su madre y le preguntó en que lugar de la casa había señal. Esta le contestó, que debía salir al patio y allá encontraría.
Al hacer lo que su madre le indicaba, vio los resultados. Marcó el teléfono de su amada, pero este lo mandó a buzón de voz. Teclo en su celular un mensaje de texto y lo envió, miró largamente el celular esperando respuesta, pero no consiguió contestación alguna. Desilusionado y con el sueño es su mente, fue hasta donde su madre por algo de comer.
Isabela había pasado mala noche; el bebe de si vientre al parecer estaba muy inquieto y toda la noche se movió sin parar. Haciendo que su madre no pudiera conciliar el sueño. A la mañana siguiente, Isabela lucia unas ojeras muy pronunciadas, intento acicalarse un poco en el baño, pero ahí la embargó el llanto, lloraba en silencio, sin gemido, sin pensarlo, sus ojos se habían encargado de quedar fuera de su control y brotaba agua, como si la represa se hubiera roto sin aviso previo.
Lo único que deseaba Isabela, era que Sebastián estuviera en todo aquello para sentirse segura y protegida, no obstante, el día anterior no logró comunicarse con él, pues este nunca devolvió ninguna de sus llamadas, Isabela no sabia si él se encontraba bien o estaba mal.
Cuando salió del baño, un poco mas animada y esta vez pensando en lo activo y saludable que sentía a su hijo, la esperanza volvió apoderarse de ella, sabia que por su hijo podría volverse la mujer mas valiente y sin necesitar de nadie.
Isabela revisó su celular, se percató de varias llamadas perdidas que había hecho Sebastián, se sintió feliz al saber que aun la llamaba y que si estaba llamado con esa insistencia era porque aún la quería o le importaba.
Leyó un mensaje que había, este decía “Hola Isabela, necesitaba despejar mi mente y he venido donde mi mamá, estaré este puente festivo acá, regreso el martes temprano, ¿todo está bien? Avísame si necesitas algo, besos”
Isabela leyó aquel mensaje de texto una y otra vez, una lagrima salía de sus ojos, entendía aquella situación de Sebastián, sin embargo, no entendía como él se había ido de aquella forma sin antes avisarle; ella pensó que cuando ella necesitaba despejar su mente, siempre lo buscaba y todo mejoraba, en ese preciso momento, se dio cuenta que ella no significaba lo mismo para él. Volvió a leer nuevamente el mensaje sin encontrar respuesta alguna para aquel mensaje. Lo que sí estaba segura, era que de su estado actual él no sabría nada. Así que decidió enviar una contestación normal y sin tanto color.
Cuando Sebastián desayuno, se duchó y estaba de mejor ánimo, se dirigió nuevamente al patio, su celular vibro avisándole de un nuevo mensaje, vio que era de Isabela e inmediatamente lo abrió, el mensaje decía:
“Hola, todo está bien, cuídate y disfruta ”
Sebastián al leer aquel mensaje, algo lo intranquilizó, sin embargo, se sintió tranquilo. Decidió marcar el número, deseaba escucharla.
Isabela, aun tenia el celular en la mano, pero se negó a responderle, se sentía algo contrariada, así que dejo el teléfono en la mesa al lado de la cama de la habitación de la clínica y comenzó a leer una revista cualquiera que estaba en aquella habitación.
Isabela pasó el fin de semana en revisiones y exámenes, tenia esperanza que pronto la dejaran salir de aquella clínica. Ese fin de semana ella sólo pensaba en su hijo, se lo imaginaba corriendo, saltando, siendo feliz; ese pensamiento solo le daba esperanza, la llenaba de paz, de entusiasmo. Fue poco lo que Isabela pensó sobre Sebastián.
Por su parte, Sebastián seguía teniendo sueños donde veía a Isabela algo enferma y débil. Quería ir con ella, pero le había prometido a su madre estar todo el fin de semana con ella.
Mientras Isabela, pasaba pasó un fin de semana en el hospital, eso no fue impedimento para que sus sobrinos fueran hasta allá y la acompañaran y su dopamina estuviera al mil.
El día martes, Isabela se sentía mucho mejor, aun así, el medico decidió hacerle unos últimos exámenes, le informó que si aún seguía botando el líquido iban a tener que operarla y hacer llegar al bebé al mundo. También le informó que aun a los seis meses el bebe se negaba a mostrar el sexo. Isabela quería conocerle, saber que ropa debía ir comprando, pero su hijo o hija se negaban a dejarse conocer. Ella opto por comprar ropita de colores variados. Isabela, se encontraba algo distraída, tejiendo medias para su bebe mientras su hermana estaba en casa de Isabela recogiendo ropa para ella y preparando una pañalera por si algo extraordinario ocurría.
Sebastián llegó a la ciudad e inmediatamente se dirigió hacia la casa de Isabela, él tenia el deseo de verla de inmediato.
Al llegar Sebastián a la casa que ya se le hacia algo familiar, abrió con la llave que Isabela le había dado, por primera vez usaba aquella llave, pues siempre habían llegado juntos.
Al entrar encontró la sala iluminada, olía rico, como si acabaran de hacer aseo. En el cuarto de labores, Sebastián vio a la hermana de Isabela que buscaba algo con tranquilidad, pero con prontitud.
- Hola – dijo Sebastián algo amigable.
- ¡ay! Que me asustas – dijo la mujer después de recuperar el aliento y ver quien era – Hola Sebas, agregó y volvió hacer lo que hacía.
- ¿Buscas algo? Es que te veo algo atareada.
- Si, es que no quiero dejar mucho tiempo sola a Isa – dijo la mujer sin dejar de hacer lo que hacía.
Sebastián no entendía a que se refería, pero la mujer parecía muy apurada.
- ¿y ella donde esta? – preguntó algo nervioso, viendo todo el reguero que ella hacía.
La mujer no contestó nada, pareció no haberlo escuchado.
- Lo encontré – dijo la mujer algo victoriosa mientras sostenía un retrato donde su hermana posaba feliz frente a ella, quería llevarle aquel retrato para que aquel cuarto de habitación no luciera tan frio.
Sebastián miraba aquel cuadro sin entender lo que estaba pasando, sentía que algo no estaba bien, Isabela siempre estaba en casa. Pero si encontraba a la hermana de Isabela en la casa, era porque está la había llamado por algún dolor. Sebastián decidió ir hasta la habitación y saludar a Isabela como debió hacerlo desde que entró.
Al llegar aquella habitación, la encontró sola y en penumbras, arriba de la cama; que se notaba que nadie había dormido en ella, reposaban una maleta pequeña y una pañalera.
Sebastián caminó tan rápido como pudo para ir hasta donde se encontraba la hermana de Isabela y preguntarle por ella. en el pasillo se toparon y este preguntó muy nervioso.
- ¿Dónde esta Isabela? – dijo algo muy fuerte.
- Tranquilo – dijo la mujer – muchacho creí que ella te lo había dicho ya.
- ¿Qué pasa? – dijo Sebastián esta vez algo turbado, el corazón le latía muy rápido y sentía un escalofrió caliente por los pies que lo dejaban sin fuerza.
- Desde el viernes está en el hospital – contestó la mujer- al parecer estaba perdiendo el liquido amniótico, ya todo está controlado – añadía la mujer algo tranquila – sin embargo, el medico pide que la dejen en la clínica para ver su evolución.
- ¿En qué clínica está? – preguntó algo pensativo aquel hombre.
- En la del Norte – respondió ella al instante.
- Vamos – dijo él tomando las maletas.
Salieron de aquel lugar sin decir nada, cada uno iba en sus pensamientos, meditando en ellos.
Sebastián no encontraba explicación alguna del porqué Isabela no le había dicho nada. Él pensaba si acaso ella no confiaba en él. No obstante, él quería escuchar las razones de ellas, sin atacarla, sin pedirle explicación, solo deseaba estar para ella.
Llegarán a la clínica, Sebastián seguía con rapidez y sin decir nada a la hermana de Isabela. Al entrar a la habitación, Isabela estaba acostada en aquella cama de espaldas a la puerta.
Sebastián permaneció de pie en la puerta, aun con las maletas cargadas. No podía creer verla en aquella cama tendida. Isabela sintió que alguien estaba con ella en aquella habitación y abrió los ojos perezosamente. Al abrirlos se encontró con la cara de su hermana que la miraba sonriente.
- Hola -dijo Isabela devolviendo la sonrisa- pase mala noche y hasta ahora puedo conciliar el sueño – le dijo a su hermana algo perezosa, sin percatarse que Sebastián se encontraba en su espalda aun sin saber que decir - ¿cómo dejaste mi casa? – siguió preguntando Isabela a su hermana, sin caer en cuenta que su hermana se había permitido estar en silencio para que ella notara la presencia de Sebastián.
- Bien – dijo la hermana – logré limpiarla, escuché al medico decir que posiblemente en la tarde te den la salida.
- Ay – dijo Isabela algo feliz y terminando de despertar – esa noticia me agrada mucho – decía Isabela con un medio bostezo y prosiguió – imagínate que me hicieron una ecografía y escuche al bebe, aun no deja ver su sexo, pero el ecografista dijo que esta saludable y los latidos de su corazón me hacen tan feliz, vale la pena toda la trasnochada y estar en esta habitación por ese bebe, estoy tan feliz.
La hermana de Isabela miraba sonriente a un lado de la habitación, se había fijado que Sebastián aún permanecía en silencio, escuchando hablar a la mujer que se encontraba en la camilla. Isabela se percató que su hermana miraba algo atrás de ella y había dejado de escucharle. Isabela se dio la vuelta lentamente y se encontró con un Sebastián callado, con la vista en el piso y todo su cuerpo tenso. Al verlo no supo que hacer ni que decir, sin darse cuenta una lagrima escapaba de sus ojos sin previo aviso.
La hermana de Isabela salió de la habitación sin ser notada; dejando aquella pareja muda en aquella habitación.
Permanecieron en silencio sin decir nada, sin moverse. Ambos parecían estar en sus propios pensamientos, parecían no tener el control de aquella situación incomoda y molesta para ambos.
Sebastián dejo la maleta en el piso y se acercó a la mujer sin decir nada, se sentó a un lado de la cama y depositó un suave beso en su frente, le guio su cabeza hasta su hombro para que ahí se acostara, ambos suspiraron y así quedaron en silencio.