—¿Adónde va, señorita? —preguntó uno de los hombres que estaba en la puerta. —Me voy —respondió Alice. —Entonces tendremos que acompañarla —dijo el guardia. Alice se reclinó, un poco sorprendida por la respuesta. —¿Me siguen? Puedo salir sola —replicó, arqueando una ceja. —Son órdenes del jefe. No se puede salir sin al menos dos guardias —insistió él. Alice puso los ojos en blanco y esbozó una pequeña sonrisa irónica. —Solo voy a llamarlo —dijo, metiendo la mano en su bolso n***o y sacando su teléfono. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ni siquiera tenía el contacto de Magnus en su agenda. —¿Tienes su contacto? —preguntó al guardia. —Un simple guardia no puede tener el número del jefe, pero puedo conseguirlo con el jefe de guardias —respondió. Alice no pudo evitar sorprende

