James despertó antes que Mérida, la estaba admirando desde hace tiempo, dormida se veía más joven, recordaba momentos vividos en «Los lagos», la nostalgia lo embargaba, pudo haber sido feliz, pero a pesar de todo, sentía que no era tarde. Su madrina Mona le había hecho reflexionar sobre la vida, después de todo estaba ahí, tenía a su lado a una gran mujer que era buena y lo amaba, eso era una fortuna que no estaba dispuesto a seguir desperdiciando. Hace tres años casi conseguía amarla, muy dentro de él sabía que la amaba, pero no de la forma en que Mérida lo merecía, ahora estaba dispuesto a amarla como debía, sonrió, pensaba en el futuro, después de esa pesadilla oscura de veinte años, por fin, podía ver el amanecer, ¿Cuántas veces creyó que el amor era ardiente, como un rojo sangre? Pero

