Max cruzó la calle sin pensar, estuvo frente a ella, y Mérida lo abrazó con fuerza, su cabeza se apoyó en su pecho, Max se perturbó al sentir que lloraba, cuando se alejó, limpió su rostro —Mérida, ¿Estás bien? —dijo tomando entre sus manos su rostro —Sí, pero por favor, vámonos de aquí, vamos —ella sujetó su mano, cómo si no estuviera en un lugar público, cómo si no fuera una mujer casada, caminaron rápido, aunque Max le advirtió que debían ir por su carro, ella le pidió que lo olvidara y fuera a su lado, no se detuvieron hasta llegar a la playa, Estaban en un lugar bien alejados del resto —¿Cómo me encontraste? —preguntó Mérida, él sonrió—. ¿Me seguías? —No —dijo con rapidez—. ¿No te dije sobre que todo está predestinado? Ves cómo, sin importar que nos alejemos, volvemos a reun

