―A mí no me falta nada, lo que pasa es que soy muy flaco― Bromeaba por aquel entonces mi tío quien fruto de un accidente eléctrico había perdido un brazo y la mitad de una pierna. Tenía un auto acondicionado para hacer mandados en un parador y así junto con su pensión sobrevivía sin más necesidad de más alegría. Fui de vacaciones después de unos 10 años sin verlo; para ese entonces yo era ya veinteañera de cuerpo voluptuoso, buenas lolas, excelentes y cuidadas piernas y una cola que además de piropos de hombres y mujeres era procurada con propuestas económicas que en más de una vez entregué (todos veteranos) por ser estas tan jugosas. ―Caramba sobrinita sí que has crecido me voy a pelear con todos por tu presencia. Sonreí y nos abrazamos con ternura, finalmente accedí a alojarme en su c

