Recién casada, mi marido se encontraba en uno de sus habituales viajes de negocios y sus padres me habían invitado a pasar aquellos días con ellos. Mi suegra es una señora muy agradable, de esas chapadas a la antigua, elegante y discreta, toda serenidad y adicta a las pastillas para dormir. Mi suegro es un hombre elegante y atlético siempre haciendo algo. Tras la cena de bienvenida, realmente exquisita y abundante, nos fuimos al salón a disfrutar de la conversación y de unas copas de un interesante licor que mi suegro elabora. Conversamos mucho y bebimos otro tanto, aquel brebaje dulce y fresco además de soltar la lengua se subía a la cabeza, mi suegra parecía particularmente afectada. Luego nos retiramos a nuestros cuartos. Ya bien de madrugada, sonó la alarma del ordenador portátil, e

