Las conversaciones no eran muy entretenidas. Casi todos los trabajadores hablaban de trabajo y de anécdotas en el mismo. Otra gente hablaba de temas más personales en los que yo no podía hablar porque los desconocía. Así que, poco a poco me fui apartando de los grupos y decidí sentarme en un sillón para poder tomarme mi cerveza relajadamente. Sorprendentemente, Julia no me acompañó y creo que ni se dio cuenta. Estaba más preocupada por parecer agradable que por que yo no me sintiera incómodo. Lo entendía no obstante. Se que le gustaba este trabajo y que quería permanecer en él. Llevaba varios años dando tumbos en el plano laboral y esta era su oportunidad para aportar dinero y sentirse útil, y en esta fiesta tenía que agradar. Lo que no veía tan bien era que el tipejo de Mauro siempre es

