Llevaba saliendo con Manolo más de dos años y ya estaba harta de sus historias. No se cómo se metió en el lío del que, como siempre, le tuve que sacar yo cuando la situación ya era insostenible y algo teníamos que hacer. Empezó a jugar al póquer con unos amigos, partidas inocentes mientras se tomaban una copa y lo más que podían perder en una noche eran cincuenta euros, así lo tenían pactado entre todos y lo cumplían a rajatabla. Poco a poco se fue aficionando más y más y como tantos otros acabó metiéndose en partidas a otro nivel. Un nivel que estaba muy por encima de sus posibilidades, tanto económicas como por experiencia. Sus deudas pronto llegaron a un nivel que los acreedores le exigieron el pago con amenazas físicas, incluso con reclamar a sus padres la deuda bajo presión. Estaba

