Eve No había podido dormir en toda la noche. Di vueltas en la cama, una y otra vez, pero el insomnio había sido más fuerte que el cansancio. No se trataba solo del desastre que había sido la fiesta, ni del hecho demoledor de que Aarón tenía un prometido. Era Stella. Su rostro no dejaba de aparecer en mi mente: esa mirada herida, la rigidez con la que se apartó de mí, como si hubiera traicionado su confianza de la forma más baja. Sentí un nudo en el estómago. Porque ese dolor en sus ojos… era el mismo que sentía yo. Y dolía. Jamás haría nada para lastimarla, jamás. Pero ahí estaba, entre nosotras, el malentendido, el silencio, el juicio que no comprendía del todo. No sabía exactamente qué había pasado ni por qué, pero tenía la certeza de que Lars tenía mucho que ver. Ahora lo veía cl

