Eve Ha pasado una semana desde el secuestro. Una semana en la que todo se sintió borroso y a la vez intensamente real. Ahora, estamos las tres en el aeropuerto, de pie frente a la puerta de embarque, escuchando por los altavoces el llamado a abordar el vuelo hacia Seattle. Ese es el de Stella. Nos miramos sin necesidad de decir nada. Lo entendemos todo con una sola mirada. Ha llegado el momento. El momento que evitamos pensar durante días, como si posponerlo lo hiciera menos inevitable. Stella rechazó tanto el jet privado de mi padre como el de Aarón. Me confesó que se había quedado solo para asegurarse de que estaba bien, para acompañarme en ese limbo emocional que siguió a todo lo vivido. Y aunque no había cambiado de opinión con respecto a irse, decidió extenderlo una semana más,

