Capítulo 21 Estaba en casa sola. Una soledad que ya no se sentía como un refugio seguro, sino como un aislamiento impuesto por la verdad y la humillación. Damien había salido de la hacienda en su Ferrari rojo, dejando tras de sí un vacío cargado de humillación, y Felipe ya se había mudado a la dependencia de atrás. El recuerdo de las palabras de Damien en el garaje ardía en mi mente como una marca: "Sabía que eras tú. Desde que te vi acostada... desnuda... en el heno." El dolor de la traición era punzante, pero la vergüenza era un fuego lento que consumía mi dignidad. Había sido descubierta no solo en mi mentira de identidad, sino en mi vulnerabilidad más extrema. ¿Cómo podía un hombre que me había visto tan desprotegida actuar con tal frialdad? Sentía que me había despojado de toda dign

