Capítulo 7 —¿Despedida? —Mi corazón casi se detuvo. El pánico me dejó sin aliento—. ¿Qué pasó, señor? ¿Qué hice mal? Damien no respondió de inmediato. Se levantó de su asiento con una furia fría y controlada que era más aterradora que cualquier grito. Caminó hacia mí, su traje impoluto a pesar de su reciente agitación. —¿De verdad pensaste que soy tonto, niña? —Su voz era un gruñido. Se detuvo a menos de un metro. —Leandra, vives en la capital, tienes dieciocho años y un pinscher poseído por el demonio que te come los documentos. —Recitó mis mentiras con un sarcasmo venenoso que me hizo sentir la sangre drenarse de mi rostro. Sentí que me temblaban las piernas. —De verdad pensaste que metería a alguien en mi casa sin saber de dónde viene, sin verificar cada palabra de su ridícula his

