Capítulo 13 La violencia del relámpago me arrancó bruscamente del sueño. Había caído rendida, exhausta, junto a Líam, olvidando correr las cortinas que me protegían de la luz exterior. Los rayos, como cuchillos incandescentes de una luz azul blanquecina, seccionaban la oscuridad de la habitación sin cesar. Sin embargo, el estruendo posterior del trueno era imperceptible. La mansión era una fortaleza construida para aislar el caos exterior; el cristal sellado de la ventana era un escudo acústico perfecto. Estaba atrapada en una jaula de terciopelo, donde la furia de la naturaleza era solo un espectáculo mudo. Observé a Líam. Dormía profundamente, ajeno al drama luminoso, con el ceño apenas fruncido. Me levanté con una lentitud meticulosa, arrastré una de las pesadas butacas de terciope

