Anastasia. —No pensé que conocerte me causara tanta alegría— ahora la señora Amelia y yo nos sentamos a tomar el té con unas galletitas. Ella me contó que es lo que más le gusta hacer después de comer y pues yo encantada. La señora me ha parecido muy simpática, es muy parecida a su hijo. Tiene el pelo muy corto, el tipo de looks que se dan las mujeres mayores para verse más jóvenes. Viste elegantemente, usa zapatos altos y carga gran sonrisa encantadora. Adriano tuvo que tomar un llamada alejandose de nosotras y dejándonos solas en la terraza. —Por que?— le sonríe a medias. —Adriano es mi hijo más pequeño. Mis otros dos me dicen que lo escondí debajo de mi falda pero no fue así. A los tres los crié con el mismo amor, es solo que a él se le impregnó más en su alma. Desde siempre ha

