Manuel y sus padres se acomodaron en la sala, él en aquél viejo mueble y sus padres en dos sillones, los tres ya se encontraban durmiendo y Mariela en su cuarto ya se encontraba preparando el acto para hacer realidad su objetivo. Siete velas en el suelo, el nombre de la madrina de Luisa hecho con cenizas y fumando un tabaco esparciendo el humo hacía el nombre de la señora, fue lo único que necesitó para saber si podía hacer lo que su difunta madre hacía.
—Escúchenme espíritus del mal, oigan mi voz y guíenme para llevar acabo mi plan. Por tus malas acciones y relación con las personas, verás la luz que será tu muerte —decía sonriendo observando el nombre de la señora, que en casa junto con su ahijada, ya se encontraban dormidas
Tepito estaba en total silencio, el peligro que se conocía en las calles parecía estar ausente por el frío lugar, solo un ser rompió la tranquilidad, y es que un perro que ladraba detrás de la casa de la señora Carla la despertó de su sueño, avisándole que se aproximaba su muerte, —Maldito perro —dijo y se levantó de la cama. Salió entonces de su cuarto aunque no podía con el sueño, al intentar bajar las escaleras sintió un mareo y un fuerte dolor de cabeza que la hizo perder el equilibrio, haciéndola caer rodando hasta perder la vida, Mariela escuchó los golpes y al perro ladrar y chillar, asustada se levantó para ver qué sucedía, y cuando vio como su abuela yacía con los ojos abiertos, pegó un grito que despertó a todos los vecinos y espantó al perro.
Nada había sido un accidente, sus dolores antes de morir no eran naturales, la señora Carla había muerto por causa de brujería, hecha por una niña de diez años, dotada por lo que su madre llamaba don. Una nueva era empezaría ahora, aunque Mariela nunca imaginó lo que traería jugar con la vida de los demás, y vivir de los demás por solo sacar una naipes y hacerle brujería a los demás.
Después de haber recordado hechos del pasado y la muerte de la madrina de Luisa, Mariela salió del baño, se secó con una toalla y en su mente comenzó a decir que a pesar de todo quiso a su madre; sin embargo, se alegró de haberla golpeado en las escaleras y que expirara como solía anhelarlo cada vez que le pegaba y la maltrataba, pero lo que nunca superó, fue que Manuel se enamorara de Luisa y no de ella, por años hasta crecer fingió ser buena con ella, aunque esa farsa ya había sido descubierta gracias a Manuel, pues Luisa estaba esperando el día para irle a reclamarle.
—La soledad no me va a desgastar, voy a tener una hija cueste lo que me cueste
Al día siguiente, Luisa despertó muy temprano, preparó quesadillas de queso con carne de puerco y frijoles para Manuel, solo esperaba que despertara para darle los buenos días y confirmar que la noche de anoche bajo la lluvia fue real y no un sueño. En el barrio todos ya se encontraban en su oficio, alertas los del comercio que ningún ladrón se llevara algo de la mercancía, pues esto y más hechos eran naturales y normales en Tepito, considerado el barrio más peligroso, de peleas callejeras hasta disparos en el viento.
—Buenos días dormilón —le dijo Mariela a Manuel cuando lo vio despertar
—Buenos días mi amor
—¿Mi amor?
—Sí, eres el amor de mi vida
—Manuel
—Te quiero en serio Luisa, desde aquél día que te conocí
—¿Quieres que te diga algo?
—Mis oídos siempre están para escuchar a su Reina
—Yo también me sentí rara cuando te vi, bueno, es que nunca había sentido eso por un chavo, eres el único y hasta el día de hoy estás aquí en mi casa y lo de anoche…
—Lo de anoche fue mágico y cien por ciento real, por cierto, ¿A qué horas te has levantado?
—Desde muy temprano, me gusta hacerlo para ver como sale el sol, solía hacerlo con mis padres
—¿Qué le sucedieron?
—Murieron en un accidente aéreo —respondió ella mirando el piso, recordando aquella noticia que la hizo derramar todas sus lágrimas y cuando llegó su madrina a hacerse cargo de ella
—Lo siento mucho, pensé solo vivías con tu madrina, después de su muerte no volviste a hacer la misma. Además me alejé porque no podía soportar que tenías novio
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
—Cuando te conocí tenías novio, ¿O no?
—¡No! Claro que no, ¿Crees que te diría que sentí algo raro por ti si realmente tuviese novio? ¿Quién te ha dicho esa mentira? ¿Quién, Manuel?
—Mariela
—¿Qué? No lo puedo creer
—¿Por qué no lo puedes creer? Ya sabes realmente como es ella, frente a ti es una santa cuando en realidad no es así, ¡Ya abre los ojos, Luisa!
—Calla, solo fue una expresión, solo que no entiendo cómo por qué Mariela me hace esto a mí, ¿Qué le hecho yo? Solo he sido buena persona con ella, cuando murió su madre estuve con ella, de hecho le regalé un gato
—Perdóname
—Olvidemos y cenemos, tengo que ir a verla después para aclarar algunas cosas
—¿A quién?
—A esa perra de Mariela
—No puedo creer que estés hablando así, pero me encanta
—Ya no más trapo sucio, gracias por abrirme los ojos, mi amor
—¿Mi amor?
—Sí, eres el amor de mi vida
Entre miradas brillantes y sonrisas tiernas, los dos empezaron a comer, mientras que Mariela en su casa apenas se levantaba, luego de cepillar sus dientes y lavar su rostro, fue hasta la tienda, aquél tendero ya no estaba tan joven, las canas eran solo evidencia de que la vejez ya estaba llegando. Estando allí, Mariela lo saludó, le pidió siete cigarros diciéndole que estos eran su desayuno, y el tendero le dijo que no le haría bien y también le preguntó el cómo iba el negocio de la brujería, lo que hizo sentir mal a Mariela, sintiéndose ofendida por el humilde y sabio tendero.
—Eso a usted no le importa, ¿Cuánto son?
—Diez centavos, ¿Dije algo malo, señorita Mariela? —le preguntó él al verla enojada
—No, no es nada, es que ya tengo ganas de fumar
—Bueno, que tenga bonito día
—Todos mis días son bonitos, con permiso
Salió enfurecida de la tienda y caminó hacia su casa, por el camino se encontró a su gato y lo espantó porque recordó que quien se lo había dado era Luisa, ya que no la consideraba una amiga pero fingía serlo cada vez que la visitaba, no imaginaba que ella estaba a punto de venir a verla, y que esta vez no trapería el piso con ella, si o Luisa lo haría con ella, con palabras llenas de valor y preguntas sobre inquietudes del por qué le tenía tanto odio. Al llegar a su casa, se lanzó de un brinco al viejo mueble, debajo de este sacó un encendedor y empezó a fumar los cigarrillos que había comprado, en ese momento que era placer y paz para ella, tocaron la puerta, ignoró los golpes y continúo fumando, volvieron a tocar a la puerta y continúo ignorando, volvieron a tocar la puerta y continuaba ignorando, y así sucesivamente hasta que terminó de fumar el cigarrillo y decidió abrir la puerta para ver quién era.
—¡Ya voy! —gritó enojada
—Toc-toc —continuaban tocando la puerta
—¡Que ya voy maldita sea! ¿Quién es?
Al abrir la puerta se llenó de impresión al ver que era su mejor amiga, sin saber que decir la miró y le sonrió
—Eh, hola Luisa, ¿Qué haces aquí? —dijo en unos segundos
Le dio Luisa una fuerte bofetada y le gritó que era una hipócrita y una mala amiga, Mariela puso su mano en su mejilla sobándose del golpe, miró enfadada a Luisa y la e dijo maldita preguntándole el por qué le había bofeteado.
—¿Qué acaso eres bruta? Te dedicas a hacer brujería pero de igual manera eres una bruta
—¡No voy a permitir que me insultes en mi propias casa, Luisa! ¿Quién diablos te crees? Chinga tu madre
—No, no, no, ¿Quién te crees tú?
—¿De qué me estás hablando estúpida?
—Mas estúpida eres tú, imbécil
—Bueno Luisa, ¿Qué lo que pasa? ¿Qué sucede contigo? Vienes aquí y me das una cachetada, ¿Quién te crees?
—¿Por qué le hiciste brujería a Manuel? ¿Qué es lo que te sucede? ¿Por qué me haces esto?
—¿Hacerte qué? Y si yo le hice brujería, ¿A ti que te importa? ¿Acaso gustas de ese tarado?
—Es mi novio ahora
—¿Qué? Vaya, vaya, vaya —le dijo y empezó a aplaudir
—No disimules como si no te importara, ya sé que gustabas de él
—Yo jamás andaría con un muerto de hambre como él
—Que raro, me contó que quisiste seducirlo cuando lo invitaste a él y a sus padres a quedarse aquí, la noche en la que le dijiste que yo tenía novio
Mariela se quedó callada, no hallaba palabras para seguir fingiendo
—¿Te comió el gato que te di la lengua, eh, Mariela?
—Pues sí, le dije que tenías novio, pero te hice un favor, además…
—¿Además qué? ¿Qué vas a decirme? ¿Qué otra mentira me quieres decir? Ya déjate de ser tan farsante, ya sé como eres realmente, lo que o entiendo es por qué siempre me mentiras, por qué actúas así
—¿De veras no lo sabes? Vaya, Luisa, eres tan tonta e inocente —le dijo y empezó a caminar quitándose la máscara de mejor amiga—, te odio, ¿Sabes por qué? Porqué aunque te quedaste huérfana al morir tus padres siempre fuiste feliz al vivir con la maldita de tu madrina. Ni yo con mi madre sonreí las mil veces que sonreíste tú, además Manuel te prefirió siempre a ti, ¡Yo lo conocí primero! No tú, por esto y más te odio, te odio Luisa, te odio
—Me da pesar tus palabras…
—No quiero tu lastima
—Me agrada que me haya dicho eso, que me hables con la verdad y lo que sientes y piensas de mi, sin esa máscara que usabas todas esas veces que venía a verte y a traerte cosas que aunque eran pocas tenían mucho amor
—¡Ay, por favor! ¿Ahora me estás tirando en cara las veces que me ayudaste? ¿Amor? Qué vas a saber tú de amor, una maldita huérfana
—Tú también eres huérfana
—No te creas Luisa, el día que murió mi madre fue el mejor día para mí
—¿Qué estás diciendo?
—Olvídalo, ahora lárgate de mi casa
—Sí, ya me voy bruja —le dijo Luisa y dio media vuelta para salir de la casa
—¿Cómo me dijiste? —le dijo Mariela furiosa y la tomó por el brazo
—Suéltame Mariela
—¿O qué? ¿Me darás otras bofetada? No estoy mocha Luisa, yo también sé defenderme
—Suéltame o no respondo
—Eres una maldita, te odio
—Ya sé que me odias, ¿Ahora puedes soltarme? ¡Suéltame!
—Siento como si me tuvieses miedo
—No te tengo miedo, me das lastima
—¡Cállate desgraciada!
—Ya suéltame Mariela, suéltame
Soltó Mariela su brazo y cerró la puerta fuertemente, mientras que Luisa respiró y se echó a llorar, ya que jamás imaginó escuchar palabras tan horribles de la persona que consideraba una hermana y a la cual le brindó su amistad por años. Luisa era tan sensible que no resistió llorar, sin más se fue de esa calle para llegar cuanto antes a su casa, ya que no se sentía bien en el ambiente rodeado de muchas personas. Mariela estaba a punto de también llorar, fue su fuerza y su maldad lo que lo impidió, pues no le gustaba demostrar ser débil porque su madre nunca lo fue, olvidando todo se tiró sobre el mueble y continúo fumando, pensando si al llegar la noche iría a un bar para poder tener relaciones sexuales con un hombre o buscar más que un hombre para lograr quedar embarazada. Luisa al llegar a su casa, se limpió sus lágrimas antes de que Manuel se las viera, los pasé sentaron en un mueble y allí ella le platicó todo lo que había sucedido con Mariela. Llegó la noche y Mariela decidió tener una cita con el diablo, para pedirle el hijo que no podía conseguir en los hombres.