Capítulo 4 Un pacto con el diablo, sueño cumplido y romance nacido

3309 Words
—Esa maldita ni siquiera sabe que yo provoqué aquél accidente en el que murieron sus padres, ahora todo eso será olvidó Vestida de n***o de pies a cabeza, Mariela estaba lista para hacer contacto con el diablo, pues de él pensaban tenían el don de la brujería, tan solo esperó que saliera la luna llena completamente, para hacer un llamado al ser del infierno para que le cumpliera el sueño de ser madre. Pasó entonces el tiempo y la lucha destellaba como nunca, rodeada de estrellas que para muchos era hermoso, aunque para Mariela era más que eso, era uno de los motores para llevar acabo el contacto con Satanás. Sentada en el suelo con una olla a su lado la cual tenía agua caliente, cerró su ojos y metió su mano derecha en la olla y comenzó a decir unas palabras en francés las cuales recordó de la boca de su madre, cuando solía espiarla. —Écoute ma voix Roi de l'Enfer, je crie vers toi pour le pouvoir que tu as, bénis mon ventre avec un fils et donne-moi ton sang pour qu'il se réalise. Écoute ma voix de roi des enfers, entends ma voix de roi des enfers, entends ma voix de roi des enfers. Traducción: Escucha mi voz Rey del Infierno, te clamo por el poder que tienes, bendice mi vientre con un hijo y dame tu sangre para que se haga realidad. Escucha mi voz rey del infierno, escucha mi voz de rey del infierno, escucha mi voz de rey del infierno. Con la voz alta repitió una y otra vez la última estrofa, hasta que empezó a llover y escuchó la voz del diablo. Los truenos y relámpagos eran tan grandes que le causaron un poco de miedo, pero ese miedo creció cuando aquella voz macabra y tenebrosa le dijo hola y le preguntó el por qué de su llamado, Mariela se sorprendió y tembló, ya que él conjuro había funcionado. —¿Me has llamado? —le dijo el diablo con la voz suave pero escalofriante —¿Satanás? —dijo ella temblando —No temas, me has invocado con el poder que te he concedido el día de tu nacimiento —Sí, yo te he invocado, necesito de tu ayuda —Tu madre hace muchos años también me pidió exactamente lo que me quieres pedir —¿Qué? —reaccionó sorprendida—, ¿De qué hablas? —Sí, cuando el esposo de tu madre la abandonó por no dejarla embarazada, me pidió dejarla embarazada —No, no, no, no es cierto, no es cierto, eso es imposible, ¡Noooo! —Sí, tu madre siempre quiso tener un bebé, solo que fuiste una decepción —Tú no puedes ser mi padre, mi padre abandonó a mi mamá —No, no es así, yo engendré a tu madre —¡Cállate! ¡No es cierto! ¡No es cierto! —le gritó y se puso de pie —No olvides con quien hablas —le dijo con la voz gruesa y enojado Entonces Satanás la lanzó al suelo con el viento, Mariela exclamó: ¡Ay!, Sentada lloró sin creer la versión del diablo, pues la de su madre era que su padre las había abandonado cuando ella quedó embarazada. El diablo guardó silencio por cinco minutos, el reloj con su sonido tic-tac, la lluvia tranquila y el frío, se mezclaban haciendo una sensación que sobó la espalda de Mariela, una caricia escalofriante que le dejó una marca con la palabra SOS, luego él diablo le dijo que le concedería quedar embarazada bajo una condición. —¿Qué quieres? —le preguntó limpiándose las lágrimas —Tu alma —¿Qué? —le dijo pensativa El diablo no le respondía y Mariela miraba por varias partes de su cuarto, esperando respuesta, este le sopló en su oído izquierdo, con la voz muy baja, el acuerdo que debía aceptar para quedar embarazada. —“Haré crecer tu vientre con un hijo que nacerá en dos días, niña quieres y niña tendrás, pero si nace niño tu alma mía será” —le susurró dos veces—, dime, ¿Aceptas? —No le veo sentido, harás que sea un bebé pero no me darás el sexo —No, eso ya corre por tu cuenta —¿…Y cómo sé que no harás que sea niño? —Corre por cuenta tuya, yo solo cumpliré con dejarte embarazada —No lo sé, si nace niño me llevarás contigo al infierno —Serás mi sirvienta Lo pensó Mariela muy angustiada, hasta que se decidió aceptar con valentía, con el positivismo de que sería niña y que el diablo no se llevaría su alma. —Adiós —le dijo él y ese instante, el estómago de Mariela creció como si ya tuviese meses de embarazo, no era natural, era obra de Satanás. Ahora solo tenía que esperar dos días para el nacimiento; sin embargo, jamás imaginó que la trampa del mal la iba a hacer ver la oscuridad donde van las malas almas. —Ahora sí, ¡Por fin voy a hacer mamá! —exclamó emocionada—, gracias Di… no, gracias Satanás —dijo dejando de mirar el cielo por su ventana para mirar hacia abajo, donde se decía vivir el padrino mágico que le cumplió su sueño En casa Luisa y Manuel ya se encontraban profundamente dormidos, abrazados soñaban sobre casarse, tener hijos y vivir felices por siempre, pero desgraciadamente eso sueños eran solo sueños, ya que la familia si sería real, pero tener hijos no, pues Manuel tenía un problema en sus testículos, lo cual le impedía generar espermatozoides, pero Dios los iluminaria con un regalo que bendeciría, porque este era propiedad del diablo. Al día siguiente, Luisa se encontraba en la tienda, mientras comía tacos acompañado del café, vio entrar a Mariela muy alegre, no podía creer lo que sus ojos veían, de la noche a la mañana, Mariela estaba embarazada y a punto de dar a luz. La gente la miraba y se sorprendía, susurraban los unos a los otros que no era nada más que un bendito trapo o una barriga falsa, sin saber que era real. Luisa se le acercó lentamente y miró su panza, Mariela la quedó mirando con una sonrisa de presumida, entonces miró a todos y les dijo: “Estoy embarazada, y no, no es barriga falsa como piensas ustedes, tampoco es un pedazo de trapo”, —compruébalo —le dijo un chico—. Mariela miró al chico y con su cabeza le dijo que lo haría, entonces se le acercó a Luisa y tomó su mano derecha. —¡Suéltame! —le gritó Luisa —Toca mi panza y sentirás como se mueve —¿Qué? Yo no voy a tocar… —Señorita Luisa, hágalo, así veremos si lo que dice esta mujer es cierto —Escucha al tendero, ¡Anda! No seas boba, toca mi panza Se acercó Luisa y tocó su panza, en unos segundos sintió como el bebé pateaba, Luisa se asustó tanto que se alejó y les afirmó a los presentes en la tienda que realmente estaba embarazada, algunos la llamaron bruja, otros se asustaron, y otros pagaron la cuenta y se marcharon, q Mariela no le importó, solo se echó en risa y se fue de allí. Luisa intrigada y confundida del cómo se pudo embarazar o cuál hombre se había acostado con ella, salió corriendo hasta alcanzarla y le preguntó qué brebaje tomó o cómo se había embarazado. Mariela carcajeando le dijo que no se preocupara, que su novio Manuel no había sido porque él no podía tener hijo, también le dijo que un hombre de otro mundo le había cumplido el deseo y que jamás sabría quien era porque solo las brujas podían tener contacto con él, Luis por poco cae al suelo al escuchar que Manuel no podía tener hijo, pensó que era mentira de Mariela para hacerla sentir mal, pero aún así le dolió tanto, que le preguntó por qué decía eso. —Cuando se quedaron en mi casa, la noche en la que murieron sus padres, el cayó por las escaleras, gritó y lloró tanto que le dolían sus testículos, fue llevado al hospital y yo escuché Luisa, escuché como el medico le dijo que no iba a poder tener hijos. Tal parece que la que va a querer ser tocada por un hombre para quedar embarazada eres tú —¡Cállate! ¡Mentira! ¡Son puras mentiras tus palabras! —le gritó llorando, y salió corriendo hasta su casa para aclarar todo con Manuel —Ja, estúpida —expresó Mariela y se fue para llegar a su casa Luisa no paraba de llorar por todo el camino, ahora era ella la que quería ser mamá, sentía odio y enojo con tan solo pensar que las palabras de Mariela fueran ciertas, enterarse por su boca y no por el mismo Manuel la hacía enfurecer más, —¿El amor por él era más grande que sus espermatozoides?—, de un amor nacido bajo la lluvia en una noche muy fría estaba por romperse, y Manuel sentado sobre un sillón esperando al amor de su vida no imaginaba el tormento que reventaba de furia. —Toc-toc —tocaron la puerta —¿Luisa? —Ábreme, por favor —Ya voy amor Se levantó feliz Manuel y caminó hasta la puerta, al abrirla y ver como las lágrimas de la mujer que amaba resbalaban por sus rojas mejillas, se preocupó tanto que la abrazó y le preguntó qué le pasaba, entró Luisa y quitó sus manos mirándolo con enojo, él le preguntó qué sucedía y ella le decía por qué, Manuel seguía sin entender qué le pasaba y el por qué de su reacción, más ella le dio una bofetada gritándole maldito. Manuel le gritó qué es lo que pasaba y por qué le pegó, sorprendido entre sus pensamientos no hallaba respuesta alguna, mientras ella continuaba mirándolo y a la vez recordaba las palabras de Mariela, como un susurro que la impulsaba a tratarlo de desgraciado. —Luisa, mi amor —¡No me llames así! —le gritó —¿Qué es lo que pasa? Luisa, ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras? ¿Por qué me has pegado? Dime, por favor, Luisa —¿Es verdad que… es verdad que… —¿Es verdad que qué? No te entiendo, Luisa, ¿Qué sucede? —¡¿Es verdad que no puedes tener hijos?! Manuel se impresionó y bajó su cabeza sin saber que decirle —¿Quién… quién te lo ha dicho? ¿Quién te lo dijo? —Eso no importa, ¿Es eso cierto? ¿Es cierto que no puedes tener hijos, que te caíste por las escaleras, que no podré ser mamá? Dime, ¡¿Es cierto?! —¡Sí! Sí, sí, es cierto, Luisa, te lo iba a decir pero no hallaba el momento —¿…Y por qué no me lo dijiste? ¿Por qué me tuve que enterar por la boca de otro? ¿Por qué Manuel? ¿Qué acaso no hablamos sobre contarnos todo? ¿Qué pasó con eso? —No hallaba el momento, además pensé que no ibas a andar conmigo si te lo decía —Pero si yo te amo Manuel, yo te amo, solo que… me duele que no me hallas dicho —Dime quién te dijo, ¿Quién fue Luisa? —Mariela, ella me lo dijo —¿Mariela? Dios, ¿Sabes por qué la odio tanto? —No y no me importa, no quiero saber más de ella —Por su culpa no puedo tener hijos, por su culpa nunca seré padre, formar una familia —le dijo y se echó a llorar —¿Qué? No puede ser, ella me dijo que caíste por las escaleras —¡Me empujó por las escaleras!* —gritó aclarando la verdad—, aquella noche, antes de anochecer, nos íbamos a ir en la mañana, Mariela convenció a mis padres de quedarnos una noche más, cuando murieron ella se puso como loca, decía que sería suyo ahora que mis padres estaban muertos, le dije que no y me empujó Cerró los ojos Manuel y recordó aquella trágica noche, cuando sus padres murieron arrollados por un taxista que perdió la vista a causa del licor que consumía mientras conducía. Manuel se bañaba alegre sin saber lo que había pasado, y sin darse cuenta, Mariela lo espiaba desnudo. Ya estando a punto de salir, Mariela corre hacia su cuarto, la TV estaba a todo volumen, lo que llevó las noticias sobre un accidente, y la muerte de una pareja hasta los oídos de Manuel: “Los muertos identificados como Manuel y Amanda, fueron arrollados por el taxista quien venía hebreo conduciendo”. Manuel se fue en llanto y Mariela salió del cuarto a abrazarlo, siendo tan inmadura le decía que no se preocupara, que nunca estaría solo y que cuando crecieran se casarían y serían muy felices. —¿Qué acaso estás loca? ¿De qué diablos hablas? Jamás me casaría contigo, ¡Mis padres están muertos! ¡Muertos! —¿No te casarás conmigo? Te tienes que casar conmigo, Manuel, tienes que casarte conmigo —¿Estás loca enserio Mariela? No te conozco, jamás andaría contigo, no estoy para juegos, ¡Cállate y déjame en paz! —Pero con Luisa si lo harías, ¿Cierto? —Dijiste que tenía novio —Sí, pero si no tuviera, ¿Irías corriendo detrás de ella? —Ella me gusta, así que tal vez —Eres un maldito, eres un maldito —le dijo enojada y cuando Manuel intentó bajar las escaleras lo empujó fuertemente …Y así fue como Manuel creció, con lo que llamaba problema por el mero hecho de no poder tener hijos Después de recordar y abrir los ojos, Luisa lo abrazó, le pidió no llorara más y también le pidió perdón por haberlo golpeado, ahora solo había dos dudas que daban vueltas en su cabeza, buscando respuestas para poder entenderlas, una era sobre el embarazo de Mariela y la otra el por qué sentiría Mariela celos de Luisa por quedarse con Manuel, sabiendo que no podía tener hijos, lo cual ella deseaba, es decir, ser madre, la realidad es que solo la quería ver sufrir, pues ya sabía que de él no obtendría el regalo más grande. Luego de platicar y desahogarse, Luisa le dijo a Manuel que iría en la noche del día siguiente a la casa de Mariela, para pedirle jamás acercarse a ellos y tratar de arruinar su felicidad, a Manuel no le parecía una buena idea, pero Luisa le dijo que era necesario y que si no lo hacía, sentiría que hubo injusticia y no justicia. —Ten mucho cuidado cuando vayas Luisa, Mariela es capaz de todo, no puedo creer que está embarazada y a punto de dar a luz —No te preocupes, en estos días he sido fuerte, ya no me tratará como a un trapo, y pues sí, créelo, está embarazada —¿Y no sabes quién es el padre? —Hay rumores en el barrio que hizo brujería —Están en su derecho de pensar así, si no hay ningún hombre, la única respuesta es eso, la brujería —Dios nos ampare y nos bendiga de las cosas que hace —No le temo, yo solo le tengo miedo a una cosa —¿Qué? —Perderte —Manuel, yo también Los dos se besaron apasionadamente, se acarrazaron y así fueron hasta el cuarto, en un acto de amor. Mariela en su casa, encerrada en su cuarto y echada en su cama, sobaba su panza que se movía una y otra vez, como si el bebé quisiera nacer ya, ella estaba feliz de estar embarazada, el sueño de ser madre se había cumplido. Las veces que los hombres la rechazaban fueron de dolor y también de risas, cada vez que recordaba sus visitas a los bares, vestida de prostituta y con un falso nombre para no ser reconocida, lloraba, ya que siempre se enteraban que era ella, la bruja del barrio Tepito. Siempre hubo una persona del barrio que arruinaba los momentos cuando un hombre quería estar con ella, siempre hubo esa persona que gritaba “Es ella, la bruja del barrio Tepito”, las burlas venían, las humillaciones y las ignorancias a su persona. Ahora ella era la que reía, mientras que en el barrio morían de intriga por saber cómo se embarazó, nadie supo cómo fue o con quién fue, porque la ausencia de Mariela, estaba a punto de llegar. Llegó la noche, había silencio por todas las calles hasta el último rincón, los perros ladraban y los gatos maullaban, algunos en los basureros buscando desperdicios para comer, otros en los patios de la casa, con un frío que no los dejaba dormir, no había ni una sola estrella en el cielo y la luna era cuarto menguante. Al día siguiente, Mariela se encontraba cocinando para desayunar, mientras lo hacía sentía como pateaba el bebé, estaba tan feliz, ya que hoy nacería, segura de que sería una niña, le pondría Valery Johana, ya estaba lista para ser mamá, hacer la diferencia con ella y que lograra lo que ella no logró y nunca tuvo lo que era amor de madre. Luisa se encontraba con Manuel en su cuarto, habían pasado una noche juntos, hicieron el amor por primera vez, y es que los dos eran vírgenes, de allí hubiese nacido el hijo que ahora Luisa deseaba; sin embargo, ella lo amaba y sabía que no era el fin del mundo, que podían adoptar a un niño y darle todo el amor que no le dieron los seres que lo abandonaron. Manuel despertó primero que ella, la empezó a besar, a decirle te amo hasta que despertó sonriendo dándole los buenos días, Manuel bromeando le dijo que l había ganado, y ella sonrió diciéndole que entre sus brazos todo era distinto, y que la noche que pasaron juntos por primera vez, jamás se borraría de su mente, estaba feliz de que Manuel halla sido el primero, pues estaba segura de que con él llegaría a vieja y que lo que los dos tenían, era amor puro y verdadero. En el pueblo todos marchaban con sus labores, los medios de transporte como los taxis eran atacados por malhechores, los atracos a pleno día del sol ya andaban, los que presenciaban corrían como gallinas locas. Otras personas ya estaban en el oficio que era el comercio, mujeres vendiendo tacos, quesadillas, chile con carne, burritos y todo alimento picante, hombres tocando guitarra, bebiendo cerveza y Ron, cantando rancheras y tratando a las mujeres que pasaban como a unas rameras. Ya era medio día, el sol estaba tan caliente que unos caminaban con sombrillas, Mariela anhelaba marchara el sol y llegara la noche para a dar a luz a su bebé, quería tener el poder del tiempo, para adelantar las horas del reloj y empezar a gritar de felicidad. Manuel se sentía mal, pues aunque Luisa lo consolaba, se sentía inútil al no encontrar trabajo, los dos habían decidido vivir juntos para siempre, buscar primero un trabajo para tener como mantener al niño que pensaban adoptar, Luisa le decía que no se preocupara, que no se sintiera mal y que todo iba a salir bien con el favor de Dios, Manuel le daba gracias por estar con él y por sus palabras que eran como el remedio a su estrés, los dos se amaban realmente, que se decían que ni los rayos podían romper lo que sentía el uno por el otro, aunque tristemente el destino les guardaba una tragedia que estaba a punto de ocurrir.
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