—Los rayos de sol que entraron por la ventana me despertaron, mi espalda ardía y sentía mis labios hinchados ¡no podía creer! Lo que paso entre mi princesa y yo la noche anterior, fue algo tan sublime que jamás podre olvidar, era algo que había añorado y sin presionar llego a mí, la satisfacción que tengo nadie me la quita, me levante despacio para no despertarla, la mire un largo rato antes de dirigirme al baño, camine a la cocina, un día tan memorable debe cerrarse con broche de oro y el desayuno es lo primordial, prepare algo sencillo (mis dotes de cocina no son extensos) lo lleve en silencio aún dormía profundamente, le bese los labios despacio y ese se removió haciendo un puchero y lo que salió de su boca me desbarato. — Déjame dormir Stefano, hoy no trabajo — No soy Stefano, la ira

