Jeong odiaba que lo llamaran el bebé del grupo, aunque nunca lo dijera en voz alta frente a los demás. Lo aceptaba con una sonrisa entrenada en las entrevistas, en los streamings, en cada ocasión pública donde los fans lo trataban con esa ternura especial reservada para el menor de la familia. Pero dentro de la casa, lejos de las cámaras, esa etiqueta le pesaba de una manera que pocos notaban. Seo-yeon lo notó. —No soy un niño —le dijo una tarde, casi sin venir a cuento, mientras ella terminaba de diseñar el fondo para su transmisión semanal. —Nunca dije que lo fueras —respondió ella, sorprendida por el comentario repentino. —Pero lo piensas. Todos lo piensan. Ella dejó el lápiz a un lado y lo miró con atención, notando, quizás por primera vez, el peso real detrás de esa frase. —Pien

