A pesar de mis pensamientos, acepté la invitación de Tiago con una sonrisa. Me recordé a mí misma que, aunque había compartido momentos especiales con Tomas, también era importante estar abierto a nuevas experiencias y oportunidades. La mañana siguiente llegó y nos encontramos en los establos, listos para comenzar nuestra excursión a caballo. Tiago había seleccionado dos caballos tranquilos y bien entrenados, y me ayudó a montar con destreza. Mientras cabalgábamos por los senderos del campo, sentí el viento en mi cabello y la emoción que venía con la velocidad y la libertad de estar a lomos de un caballo. A medida que avanzábamos, no pude evitar sentir una sensación de nostalgia que se mezclaba con la alegría del momento. Recordaba los días en que montaba a caballo con Tomas, la risa y l

