Lila tomó la decisión de último momento ir a la oficina de su madre para leer el contrato o parte del contrato que tenían para ella, ya conocía a casi todos los integrantes del equipo de su madre menos a uno de ellos, el señor Morgan Reed, un hombre que cojeaba de una pierna y con una mirada que era bastante intimidante que logró ponerla inquieta pues sentía que no era un hombre en el que se podía confiar plenamente, los ojos eran las ventanas del alma y Lila sabía perfectamente eso, por ende los ojos del señor Reed le decían que ocultaba muchísimo. El acuerdo de confidencialidad estaba muy incompleto y eso se podía ver en las preguntas que quedaron en Lila, pero Olivia le aseguro que para el día siguiente iba a estar completo, así que pudo salir de aquella oficina tres horas después de su llegada e iba con ganas de llegar a casa a descansar un poco antes de agregar la última parte a su trabajo de tesis, iba a ser un borrador, una vez aprobado lo llevaría a encuadernar de la forma especificada en los lineamientos dados por el decano.
— Señorita Stirling. — una voz carrasposa la llamó mientras atravesaba el lobby de la primera planta.
— Señor Reed. — comentó mientras veía hacia todos lados de forma discreta.
— Que bueno que he logrado alcanzarla antes de que se fuera de la corporación... — hizo una mueca en un intento de sonrisa amable — ¿Me acompaña unos momentos? No le voy a quitar mucho tiempo. — la invitó a ir hacia una de las salas de espera.
— Se supone que debería estar terminando de armar mi tesis. — Lila no quería ir con él.
— Le prometo que no le quitaré mucho tiempo de su atareada joven vida universitaria... — lo dijo con un tono de desdén e incluso burla que fue bastante disimulado — Yo me encargo de la seguridad de todo este proyecto y soy de la opinión que debería ser personal del ejército quienes participaran en estas pruebas, no civiles. — se sentó al igual que Lila.
— Creo que esas son cosas que debería hablarlas con el señor Kepler y no conmigo, yo no he pedido participar. — apretó con fuerza el asa de su mochila.
— Lo sé, pero el señor Kepler tiene la idea de que lo que están diseñando esta mejor saliendo al público en general y yo tengo una visión mucho más concreta, un agente de inteligencia artificial que trabaje con el ejército. — se cruzó de brazos.
— Cada persona tiene su opinión y cada quien manda a su disposición... — volteo a ver hacia la salida y después su reloj — Debo irme, mientras más tiempo me tarde en volver a casa, más tiempo me tardare en terminar de hacer mi tesis y necesito presentarla el viernes. — se puso en pie.
— Debería reconsiderar su participación y si hablara con su madre sobre recapacitar me ayudaría mucho. — la vio ponerse en pie.
Lila se le quedo viendo fijamente por unos segundos mientras le mentaba una cátedra de insultos en su mente porque aquellas palabras la molestaron mucho, no era su mensajera ni su asistente para andar haciendo ese tipo de cosas, sin decirle nada se dio media vuelta y caminó hacia la salida del edificio con más ganas de llegar a su casa descartando por completo la idea de descansar pues debía avanzar en su trabajo. Salir del edificio fue como quitarse un peso de sus hombros, estar ahí adentro se sentía como estar pisando vidrios rotos, pero con gigantes piedras preciosas entre ellos, tenía una cantidad espectacular de oportunidades para desarrollar un trabajo que pudiera cambiar el mundo, por algo es que todos quería trabajar ahí y a ella le estaban dando la oportunidad en bandeja de plata, sin embargo, tenía un conflicto interno con referencia a todo y por muchas razones.
El viaje en autobús fue aprovechado por Lila para leer un poco, aunque realmente no se pudo concentrar muy bien pues iba pensando en Alexander y su propuesta para salir esa misma noche, también pensaba en las palabras de su madre sobre que su cercanía a ese hombre podría afectar su trabajo como científica, unas cuadras antes de llegar a la parada donde iba a tener que bajarse guardo el libro en su mochila y escucho el timbre del celular con el anuncio de un nuevo mensaje, saco el celular del bolsillo, era un número desconocido al que no se apresuró a abrir; se levantó del asiento y fue a la parte trasera del autobús agarrándose cuidadosamente de los barrotes superiores, esa ruta era una de las pocas que todavía usaba choferes humanos para manejar las unidades porque más de la mitad de toda la ciudad usaban robots, toco el timbre anunciando que la siguiente parada era donde se iba a bajar así que el chofer vio por el espejo retrovisor, el autobús se detuvo y Lila bajó rápidamente porque necesitaba llegar a casa con urgencia.
— Lila... — la señora Rene estaba en su jardín — Buenas tardes ¿Como has estado? Ya tengo días de no verlas. — dijo mientras armaba un ramo de flores de su jardín.
— He estado muy bien señora Rene y hemos tenido días muy ocupados ¿Como ha estado usted? — se acercó a la barda.
— Yo siempre con mis achaques de la edad, pero gracias a Dios estoy bien ¿Como va la universidad? — la señora era una dulzura.
— Muy bien, ya me falta poquito para graduarme. — sonrió al ver el ramo que la señora extendió hacia ella.
— Para que adornes tu cuarto, guapa... — le apretó suavemente la mejilla — Mi esposo siempre tuvo razón, un ramo de flores siempre saca las sonrisas más hermosas en nosotras las mujeres. — sonrió con dulzura.
Lila llevaba yendo a su casa desde que tenía diez años, siempre le ayudaba con el jardín, con los quehaceres de la casa o con cualquier cosa que la señora necesitará, eran una excelente compañía entre ellas, la señora Rene había perdido a su marido hace muchos años y Lila la mayor parte del tiempo estaba sola en su casa así que las dos se hicieron buenas amigas.
— Muchas gracias ¿No quiere ir a casa? — Lila olió las flores — Hace mucho que no hablamos, un café y galletas, puede quedarse a cenar porque hoy mamá va a venir tarde. — la mujer era como su abuela.
— Gracias cariño, pero estoy esperando a que venga mi nieto, ha vuelto al país y ha estado viniendo casi todos los días a verme, después de que su padre murió por la pandemia tomo su responsabilidad de siempre venir a verme. — la señora tenía una relación con su yerno como de madre e hijo antes de que falleciera.
— Esta bien, pero me debe esa cita. — se inclinó sobre la cerca para abrazarla y darle un beso en la mejilla.
— ¿Por qué no vienes a cenar esta noche? — la sonrisa maliciosa de Rene hizo que Lila entrecerrará los ojos.
— Gracias, pero eso de las citas no va conmigo. — supo lo que la señora pensó.
— Mi nieto es muy encantador, dulce y amable, estoy segura de que podrían hacer una linda pareja. — la vio negar con la cabeza mientras se mordía el labio inferior con una sonrisa.
— Gracias, pero no me animo porque tengo muchas cosas de la universidad, no quisiera hacerle perder el tiempo. — dio un par de pasos hacia atrás.
— Mi nieto trabaja, podrían solo conocerse, no los voy a presionar para que se casen. — Rene se rio.
— Lo pensaré... — volteo a ver unos chicos pasar en sus patinetas — Gracias por las flores, son preciosas y las pondré en mi escritorio. — movió la mano en despedida.
Rene se quedó sonriendo en su jardín mientras la veía continuar su camino, la señora Rene vivía unas tres cuadras arriba de donde vivía Lila, saco su celular mientras iba caminando porque recordó que tenía un mensaje pendiente por leer y al abrirlo sintió un cosquilleo en su estómago; Lila había anotado su número de celular en la pequeña agenda que Alexander tenía y fue un impulso tonto de su parte, no imagino que el hombre iba a escribirle esa misma tarde, menos con el texto que sus ojos leyeron, se detuvo en medio de la acera para volver a leer lo que había escrito ya por tercera vez.
"Hola, espero que estes bien y que hayas llegado bien a casa, me hubiese gustado poder despedirme de ti."
Lila levantó la mirada mientras pensaba en que responder a aquel mensaje, estaba de pie a media acera, no sabía que escribir ni si debía guardar el número en su agenda de contactos porque no sabía si estaba correcto entablar una conversación con el jefe de su madre.
"Hola. Estoy a punto de llegar a casa, gracias por preguntar."
No tuvo una respuesta inmediata después de responder a aquel mensaje y entonces apuró el paso para llegar a su casa para poder terminar, necesitaba terminar de adjuntar todas las partes de su tesis pues estaba a un paso más de terminarla y una vez fuese aprobada solo tendría que comenzar a estudiar a conciencia para defenderla, porque el tema de encuadernar el trabajo sería un tema completamente económico. Al irse acercando más a su casa vio que su vecino de enfrente estaba en su patio delantero con todos sus amigos, adolescentes hormonales que le caían muy mal por la forma que se comportaban y le daban repele, pero los cinco come mocos siempre andaban buscando llamar su atención con actos tontos con sus patinetas y sus bicicletas.
Abrió la puerta de madera y entró al patio delantero de su casa, caminando por la entrada los escucho silbar y hacer un ligero escandalo muy posiblemente esperando que ella volteara a verlos, pero Lila continuó caminando hasta subir las gradas y entonces llegó un nuevo mensaje así que apresuró a sacarlo, pero era un mensaje de Sophie preguntándole cómo había estado la reunión con su madre y mientras abría la puerta comenzó a mandarle un audio explicando que las cosas fueron bien dentro de lo que cabía. Cerró la puerta con seguro como siempre lo hacía por el constante recordatorio de su madre, era casi un trauma, no podía vivir tranquila si no tenía el seguro puesto en la puerta principal de la casa, subió directamente a su cuarto procurando ser sigilosa porque podía escuchar al robot limpiando la biblioteca y es que siempre tenía música puesta; dejó su mochila sobre la cama antes de comenzar a quitarse los zapatos y mientras pensaba en los pasos que iba a tomar para armar su tesis se dio cuenta de que las cortinas de su cuarto estaban abiertas, la mucama robot tenía sus mañas y dejar las cortinas abiertas era una de esas así que tuvo que ir a la ventana para cerrar las cortinas pues necesitaba cambiarse de ropa.
— ¡Bienvenida a casa Lila! — la voz del robot la hizo gritar.
— ¡El coño de la madre! — exclamó poniendo la mano sobre su pecho — ¿Por qué apagas la música? Cuando vayas a saludar a alguien distraído no llegues así de sigilosa, dile a mi madre que te ponga un cascabel o tose. — se frotó el puente de la nariz.
— Lo siento, pensé que ya me habías escuchado. — las expresiones pixeladas de la pantalla hicieron que Lila se sintiera algo mal.
— Voy a cambiarme de ropa. — a veces olvidaba que el robot no tenía sentimientos y solo era una respuesta programada que interpretaba el volumen de su voz.
— ¿Quieres que te traiga jugo o helado? — pregunto mientras retrocedía.
— No gracias, voy a trabajar y no tengo antojo de comer nada. — cerró las cortinas viendo que los adolescentes ya estaban buscando posiciones para ver.
— ¿Que vas a hacer? — la cabeza del robot giró un poco.
— Terminaré mi tesis, me gustaría que no haya interrupciones y por favor, cuando vengas a mi cuarto trae música o un cascabel, cualquier cosa, pero menos silencio. — fue hacia su closet para buscar algo de ropa de andar por casa.
El color que estaba haciendo era bastante tolerable y normal para la fecha que era, pero había sido un día largo donde anduvo yendo de un lado a otro, una ducha con agua caliente no le iba a caer nada mal así que fue al cuarto de baño; agua caliente, un jabón perfumado relajante, después del baño busco uno de sus vestidos favoritos y se lo puso, de un tono verde que se iba degradando hasta llegar a la parte inferior del vestido, mucho revuelo y un bonito lazo en la cintura, era un vestido que uso para una gala de su madre, al no ser una joven de salir a lugares elegantes muy seguido decidió ponérselo para andar por casa en lugar de que solo cogiera polvo en el fondo de su closet. Desde las cinco de la tarde hasta las ocho de ese momento había pasado con la nariz metida en su laptop trabajando en su tesis y todo ese esfuerzo había concluido en que finalmente tenía el trabajo terminado, hizo ocho copias de seguridad que guardo en varias nubes dentro de su computadora y una novena terminó en una USB que le sería entregada al decano al día siguiente.
Feliz de la vida bajo las gradas dando pequeños saltitos divertida porque acababa de hacer un gran logro, armar una tesis completa en tiempo récord, iba a poder cenar con tranquilidad mientras que su madre aún no había regresado, no era algo nuevo para su vida, pero sí fue nuevo escuchar dos toques suaves a la puerta de la casa provocando que una sensación extraña recorriera su cuerpo pues no esperaba visitas de nadie, con desconfianza fue hacia la puerta y observo por la pequeña ventana lateral, casi le da un paro cuando vio al señor Kepler de pie frente a la puerta de su casa, abrió la puerta pensando en que algo pudo haberle ocurrido a su madre.
— ¡Señor Kepler! — exclamó — ¿Paso algo? — pregunto mientras lo veía perder la mirada en lo que usaba.
— No... — negó con la cabeza — ¿Que podría pasar? — salió de su encanto por lo bonita que se veía Lila.
— Perdón... — se dio cuenta que parecía una loca — Pensé que le había ocurrido algún accidente a mi madre, no pensaba verlo en mi casa. — noto que llevaba una pequeña caja en la mano izquierda.
— Te mande un mensaje, pasaría por ti a las ocho para que me acompañaras a cenar y pudiéramos hablar de tu tesis. — sonrió ampliamente mientras que Lila se ponía fría.
— Yo no vi el mensaje, estaba ocupada terminando el trabajo... — se cubrió con ambas manos los labios — Lo siento mucho, me concentré tanto en lo que estaba haciendo y lo hice perder el tiempo en venir. — se puso muy nerviosa.
— No te preocupes... — Alexander le tomó las manos — Disculpa mi confianza, pero te ves muy hermosa con ese vestido y si te pones un par de zapatos podríamos salir en unos diez minutos... — dejó la caja en sus manos — Espero que te gusten los bombones de chocolate. — sonrió dulcemente.
— Muchas gracias. — Lila se quedó en blanco por unos minutos.
Se dio cuenta de que el jefe de su madre estaba de pie en la puerta de su casa actuando un poco nervioso mientras acababa de poner sobre sus manos una caja de diez bombones de chocolate de la marca más cara que había en la ciudad, había ido por ella para llevarla a cenar y en esos momentos ambos se estaban viendo a los ojos mientras terminaba de recapitular los hechos para comprender, para agregarle picor al momento vio el auto de su madre llegar y entrar al estacionamiento.
— Señor Kepler. — dijo Olivia mucho más sorprendida que su hija de verlo.
— Buenas noches doctora Stirling. — la saludo con un apretón de mano.
— Por favor, pase... — Lila se hizo a un lado — Subiré a ponerme los zapatos y enseguida bajo, una disculpa por ser tan distraída. — quería aliviar el momento incómodo.
— ¿Van a salir? — Olivia no era muy discreta al momento de hacer algunas preguntas.
— Invite a Lila a cenar, vamos a hablar sobre su investigación y sobre sus planes como futura laboratorista, me encantaría que forme parte de nuestras filas. — Alexander entró a la casa.
Lila subió corriendo a su cuarto porque no quería dejar a Alexander mucho tiempo a solas con su madre, las cosas del trabajo se quedaban en las oficinas de NexBio y en casa Olivia era madre, por ende se iba a entrometer en lo que estuviera pasando, tomó el mismo par de zapatos que uso durante el evento al que asistió con su madre y mientras se los estaba poniendo iba dando saltos de un lado a otro buscando sus cosas importantes para meterlos en una cartera, no podía salir de casa sin documentos importantes y billetera; bajó corriendo mientras se colocaba un par de pendientes, pero al llegar a la sala se tropezó con la alfombra, por suerte no alcanzó a caer, pero si se dio un doblón de tobillo bastante doloroso.
— ¿Estas bien? — pregunto Olivia que llevaba un vaso con jugo para Alexander.
— Si, mañana cambiare esa cosa porque llevo días diciéndote que las esquinas están levantadas. — se molestó un poco.
— ¿A qué horas vas a regresar? — vio a Alexander, la pregunta fue para él.
— Se la traeré a casa antes de las once, doctora Stirling, sé que Lila tiene universidad mañana temprano. — dio un gran trago al jugo que le fue llevado.
— Soy bastante adulta como para decidir a qué horas regresar a casa. — Lila se molestó un poco porque la estaban tratando como una adolescente.
— Espero que te diviertas y procura no llegar muy noche, sabes que mañana hay universidad y debes entregar tu tesis. — Olivia se frotó las manos, un poco nerviosa.
— Gracias mamá, volveré temprano. — revisó su cartera de mano.
— ¿Llevas efectivo? — la pregunta hizo que Lila abriera sus ojos.
— Sí mamá. — puso su mirada en Alexander que se estaba conteniendo la risa.
— Muchas gracias por el jugo doctora Stirling... — le devolvió el vaso vacío — Lila, si estas lista deberíamos irnos, la reserva es a las nueve en el restaurante. — se arregló el traje.
— Si, ya te hice esperar mucho tiempo por ser despistada... — se arregló el cabello — No te desveles, fue un día largo y llevo las llaves de la casa. — beso la mejilla de su madre.
Olivia los siguió hasta la puerta de la casa y los vio salir de la propiedad, un deportivo azul estaba estacionado frente a su casa, le costaba creer que su jefe estuviera ahí llevándose a su hija a una cita; sabía que Alexander Kepler tenía la fama de ir siempre directo por lo que quería, era decidido y no le temblaba el pulso para tomar lo que deseaba, que hubiese ido por su hija era todo un tema que le causaba conflicto pues no quería que sus años de trabajo se vieran afectados por un mal romance. Lila por su parte no sabía qué demonios estaba haciendo, su deseo por desafiar las opiniones de su madre la llevó a darle su número antes y ahora la habían animado a salir con él, pero no podía solo justificarse con ese deseo, la verdad era que Alexander le parecía un hombre muy atractivo y esa seguridad con la que actuaba era cautivadora; de una forma muy atenta Alexander abrió la puerta del copiloto y extendió su mano para ayudarla a subir, fue cuidadoso en mover su vestido para no prensarlo con la puerta antes de cerrarla, dio la vuelta y subió al lado del piloto emprendiendo así el viaje hacia el restaurante donde había hecho la reserva para esa noche.