Alessandro, miraba apenado a Patricia quien parecía un poco más relajada después de comer, sin embargo, no entendia que habia pasado con su amigo no solía ser tan patán y directo, después de retirarse de la fiesta le había llamado un par de veces y el no le contesto, si creia que se iba a poner a favor de él estaba equivocado, pues su forma de comportarse había sido desmedida.
—¿Deseas un postre?, aquí hay algunas exquisiteces.
—Si lo compartimos si, de lo contrario no, comí en exceso para lo que estoy acostumbrada, no me malentiendas todo estuvo delicioso y tal como lo dijiste ya me siento mejor la lasaña es divina, creo que de verdad tiene poderes mágicos, pero mi estómago ya está a punto de reventar.
—De acuerdo entonces que sean un sólo tiramisú para ambos pero con dos cucharitas, espero te guste, por cierto estoy esperadísimo con lo que pasó.
—Por favor, no toques ese tema esta noche, vamos a terminar de pasarla bien y mañana lo analizaremos.
—De acuerdo, ¿Te apetece bailar?.
—La verdad estoy agotada pero caminemos un poco, amo esta ciudad la arquitectura, la historia.
Caminan por el puente Vecchio, su estructura es un puente medieval sobre el río Arno, es un símbolo de la ciudad y uno de los puentes más famosos del mundo, uno de los pocos puentes habitados que se conservan, ya Patricia lo conocía pero pasear por allí la hacía recordar ese tiempo donde era un poco más joven y despreocupada cuando se dedicaba a hacer amistades y a conocer el lugar.
—Bien Alessandro, daré esta noche por terminada, te agradezco a pesar de todo está hermosa noche y porque no es mi día de cenicienta, pero es momento de descansar.
—¿Puedo tomar tu zapatilla de cristal y ser tu príncipe esta noche?.
—Jajaja, no, más bien creo qué a partir de las 12 me puedo convertir en Fiona y no querrás tener una ogra de compañía.
—Bueno, tenía que intentarlo, como dicen pide a ver si están por dartelo.
—Muy bueno tu pensamiento, pero no aplica en este caso.
—Ahora que estás por abandonarme para ir a dormir, dime ¿qué piensas hacer?, ¿vas a regresar mañana a España?.
—Todavía no he decidido mi estrategia, pero no me doy por vencida y menos cuando tu amigo fue tan ofensivo, no sé, me despertó algo que nunca había sentido.
—¿ Y qué es eso?.
—Ganas de ponerlo en su sitio.
—Jajaja, pues espero estar allí para verlo.
—Claro, porque tú serás mi cómplice.
—¿En qué lío me irás a meter?, pero te digo la verdad, me encantas además de hermosa eres una guerrera, estaré ansioso e intrigado hasta mañana.
—Solo necesito que estés atento al teléfono en la mañana y que dado el momento lo convenzas de ir contigo.
—De acuerdo, seré tu secuaz, para lo que desees, también me puedes pagar en especies.
—Alessandro…
—Me tienes loco mi española y más con ese vestido que tienes, pero sabré ser tu amigo hasta que me des una oportunidad.
—Descansa—, se despidió dándole un par de besos en la mejilla.
—Hasta mañana, bella.
Patricia entra de nuevo en el hotel y se dirige al ascensor si poner atención a su alrededor ni que desde el lobby un par de ojos azules la observaban con interés, Alonso se preguntaba quién era aquella chica que lo había sacado de sus casillas sin proponérselo, ¿por qué había reaccionado así?, si tenía un romance con su amigo a él que le importaba, no la conocía de nada aunque le parecía familiar, pero algo en él se había activado cuando la vio llegar, era tan sensual y elegante una mujer apetecible y sexi, pero inalcanzable para él, pues Alessandro ya había puesto sus ojos en ella.
Lo había notado cuando bailaron, la química que había entre ellos, esa especie de amistad cómplice que compartían entre sonrisas, en fin allí estaba de nuevo haciendo preguntas absurdas, de una mujer de la que no tiene porque importarle y que por un motivo desconocido le provocaba el mayor sentimiento de molestia e incomodidad que había tenido jamás desde su juventud, lo mejor era no seguir pensando en eso y disfrutar la noche que tenía por delante con la rubia que estaba a su lado y que le susurraba lo que le esperaba cuando llegaran a la habitación.
Por su parte Patricia llegaba a la habitación finalmente, estaba agotada pero el sentimiento de frustración no la dejaba relajarse, se dio un baño y comenzó a pensar que hacer, ese imbécil no iba a hacerle perder su tiempo ni el de su equipo, no regresaría vencida a decirle a su papá que en menos del tiempo que le dio no lo había logrado, así tuviera que obligarlo a ver su propuesta él le tenía que dar una oportunidad, pero de qué manera.
Por su mente pasaron un sin fin de ideas desde pedirlo con amabilidad hasta las escenas de películas en las situaciones más descabelladas que alguien pueda imaginar, amarrarlo y amordazarlo, amenazarlo con un arma, pero con que podría presionarlo si la información que tenía sobre él lo mostraban como un buen tipo trabajador e inteligente, excelente jefe y respetuoso con su personal.
"Piensa Patricia, piensa", comenzó a ver su perfil y leyó algo a lo que no le había prestado atención sus hobbies, entre ellos estaba que le gustaban las carreras de carros en específico de fórmula 1, eso hizo que le viniera una idea a la mente, ¿y si?···, tenía qué buscar ayuda, era tarde pero ya lo verían sus amigos en la mañana, le escribió a su mánager de carreras para que moviera sus hilos e hicieran una concesión para ella, al culminar de escribir a cuanto se le ocurrió se sintió un poco más tranquila y pudo por fin conciliar el sueño, cuando se levantara encontraría respuestas y tomaría decisiones.
Esa mañana afortunadamente había amanecido con un buen clima, el día estaba fresco, el sol brillaba y parecía que la suerte estaba al fin de su parte, allí estaba esperando a los amigos en la puerta del Autódromo Internacional del Mugello, a unos 30 km al norte de la ciudad de Florencia, dicho circuito tiene un trazado de 5.245 kilómetros de longitud y es propiedad del equipo Ferrari, lo usan normalmente para probar el comportamiento de sus automóviles en curvas rápidas, pero hoy había sido alquilado por un equipo de prueba de vehículos a quienes Patricia había podido contactar temprano y pedirles un gran favor.
Les comentó que había un personaje que creía que las mujeres no podían ser tan buenas pilotos como los hombres y ella lo retó, en un principio se había reído pero luego de terminar de explicarles quedaron intrigados y querían ver su desempeño, le envió un mensaje con la información a Alessandro y esté después de reír mucho al imaginar el papelón que haría su amigo, quedó en guardarle el secreto y llevarlo completamente ignorante a la competencia.
Y allí llegaban, Alonso no sabía que pensar que hacía en aquel lugar, que se proponía aquella chica, había aceptado ir solo para no causarle un disgusto a su socio, pero era una ridiculez, además que nada más verla se le removía la bilis.
—Hola, mi hermosa aquí nos tienes—, dijo Alessandro.
—Tú dirás, para que me trajeron aquí—, se dirigió a ella Alonso, rezongando entre dientes.
—Bien, no te haré perder más tiempo, te tengo una propuesta, más bien un reto si me ganas en una carrera te dejo en paz y no sabrás nunca mas de mi ni de mi empresa, pero si yo te gano accederás a hacer negocios conmigo, distribuir mi marca y trabajar con nosotros…
Alonso no sabia si reír o molestarse que ¿le decia aquella chiquilla?, ¿lo retaba a un duelo para conseguir un contrato?, que absurdo.