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El número equivocado

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Blurb

Tras otra noche desgarradora con su novio, Ava Monroe, de veintitrés años, le envía un largo mensaje a su mejor amiga, desesperada por desahogarse.Se equivoca de número.El mensaje llega a manos de un completo desconocido que tiene motivos de sobra para ignorarlo, pero no lo hace.Una respuesta lleva a otra. Los desconocidos se convierten en amigos. Los amigos se convierten en la primera persona en la que piensan al despertar y la última a la que escriben antes de dormirse.Ava no tiene ni idea de que el hombre detrás de los mensajes es Adrian Blackwell, el soltero multimillonario más codiciado de Manhattan.Ninguno de los dos buscaba el amor.Pero a medida que su conexión se profundiza, Ava empieza a cuestionar todo lo que creía sobre el amor, la intimidad y lo que realmente significa ser deseada.¿Encontrará por fin la felicidad, la pasión y la conexión auténtica que ha anhelado durante años?¿O un número equivocado cambiará su vida de maneras que ninguno de los dos jamás imaginó?

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Capítulo 1: Cena de aniversario
PUNTO DE VISTA DE AVA El aire de nuestro pequeño apartamento universitario estaba impregnado de laca, perfume y esa emoción eléctrica que solo se experimenta al anticipar una noche que prometía ser perfecta. "No puedo creer que hayan pasado tres años", dije con la voz temblorosa, de pie en el centro de mi habitación. Laura, mi mejor amiga y compañera de piso, estaba detrás de mí, ajustando con cuidado la cremallera de un vestido demasiado atrevido para una biblioteca, pero perfecto para un aniversario. "Y yo no puedo creer que sigas con un chico que no aprecia la vista que tiene esta noche", bromeó Laura, aunque sus ojos reflejaban calidez. "Estás absolutamente deslumbrante, Ava. Mark va a perder la cabeza". Me giré para mirarme en el espejo de cuerpo entero y, por un instante, no me reconocí. La mujer que me devolvía la mirada era segura de sí misma, sexy y radiante. Mi cabello, de un rico color castaño, estaba rizado en ondas sueltas y fluidas que enmarcaban mi rostro y caían sobre mi espalda. Laura me había ayudado a maquillarme con mano firme: ojos ahumados con un delineado alado preciso, pestañas que hacían que mis ojos se vieran grandes y seductores, y labios pintados de un rojo intenso y brillante que invitaba a ser besado. El vestido era la pieza central. Era un vestido lencero de satén ajustado, de un vibrante color rojo sangre, que se ceñía a cada curva de mi cuerpo como una segunda piel. Tenía finos tirantes que dejaban al descubierto mis hombros y un escote peligrosamente bajo que realzaba mi busto y mostraba mi escote. La tela terminaba a medio muslo, diseñada para lucir mis piernas. En mis pies, llevaba tacones de aguja negros con tiras que se envolvían alrededor de mis tobillos, haciendo que mis piernas parecieran interminables. "Sí que me veo bien", susurré, con una sonrisa sincera que se dibujó en mi rostro. Di una vuelta, el satén rojo ondeando alrededor de mis muslos. "Gracias, Laura. No sé qué haría sin ti." "Probablemente irías con un suéter y jeans a tu propio aniversario", rió Laura, entregándome un pequeño bolso de mano. "Ve a buscarlo, tigresa. Enséñale lo que se pierde si alguna vez te deja ir." Se oyó un golpe seco y repentino en la puerta. Los ojos de Laura se abrieron de par en par. "Yo abro. No quiero arruinarle la sorpresa a Mark haciéndole verte antes de tiempo." Me guiñó un ojo y salió corriendo de la habitación. Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas. Respiré hondo, intentando calmar mis nervios. Era Mark. Mi novio de tres años. El hombre al que amaba. Oí que se abría la puerta y la voz de Laura, alegre y fuerte. ¡Hola, Mark! Pasa. Ava está terminando. Oí pasos en las escaleras. Estaba al pie de la corta escalera del salón, con las manos entrelazadas nerviosamente. Cuando Mark apareció arriba, se detuvo en seco. Mark vestía traje, tan guapo como siempre, pero sus ojos estaban muy abiertos, fijos en mí. Bajó las escaleras lentamente, su mirada recorriendo mi cuerpo, deteniéndose en el vestido rojo, la piel expuesta, los tacones. "Guau", susurró Mark en voz baja. "Ava... te ves... joder, te ves increíble. Preciosa. Absolutamente sexy." Se acercó a mí y me besó, agarrándome la cintura con fuerza. "Feliz aniversario." Me besó con intensidad, su lengua se abrió paso en mi boca, saboreando el caro pintalabios. Le devolví el beso y le deseé feliz aniversario, pero la agresividad del beso me revolvió el estómago. Lo aparté suavemente, riendo nerviosamente. "Mark, para, Laura está ahí mismo", susurré, aunque estaba sonrojada. "Me da igual", murmuró Mark, mientras sus manos bajaban hasta agarrarme el trasero. "No tienes ni idea de lo difícil que va a ser mantener mis manos alejadas de ti esta noche. Estás de ensueño, nena. Mi diablillo rojo." Laura carraspeó ruidosamente desde la cocina. "Vale, vale, me voy. No me voy a quedar a verlos a ustedes dos. Voy a pasar la noche en casa de Sam, así que el apartamento es todo suyo. ¡Que lo disfruten y tengan cuidado!" Agarró su bolso y me abrazó con fuerza. "Estás guapísima. No dejes que arruine esta noche. Si lo hace, lo mataré." "Gracias, Laura. Que te diviertas con Sam", dije, devolviéndole el abrazo a mi amiga, sintiendo una punzada de soledad cuando la puerta se cerró. "¿Lista?", preguntó Mark, con los ojos oscuros de deseo. "Sí", respondí, intentando reprimir mi inquietud. "Vámonos." El viaje en coche fue corto. Un sedán de lujo nos esperaba afuera, y Mark había insistido en él. Pero al llegar a la acera, se me cayó el alma a los pies. Era el mismo restaurante italiano al que íbamos todos los años. El mismo aparcacoches, el mismo maître, la misma mesa en el rincón del fondo. "Mark", dije con voz baja. "¿Otra vez aquí?" Mark ni siquiera levantó la vista del teléfono. "Claro. Es nuestro sitio. No voy a cambiar la tradición por nuestro aniversario." Forcé una sonrisa. "Claro. Tradición." La cena empezó bastante bien. Mark pidió un vino caro y habló de su trabajo, de lo estresado que estaba, de lo mucho que necesitaba esa noche para relajarse. Intenté dirigir la conversación hacia nosotros, hacia nuestra relación, hacia el futuro, pero Mark parecía desinteresado, con la mirada perdida en el restaurante. Entonces llegó la camarera. Era joven, rubia y llevaba un uniforme un poco corto. Se inclinó sobre el hombro de Mark para servirle el vino, rozándole el brazo con el pecho. —¿Quiere algo más? —preguntó, con una voz cargada de coqueteo imposible de ignorar. Mark sonrió, una sonrisa lenta y agradecida que yo conocía bien. —En realidad, me vendría bien que me aconsejaras sobre el menú de postres. Es tan difícil elegir. La camarera rió, con una risa aguda y molesta. —Bueno, te puedo decir qué es dulce. Pero creo que ya tienes lo más dulce aquí mismo —dijo, mirándome con desdén antes de volver a prestarle toda su atención a Mark—. —Ya sabes, salgo del trabajo en veinte minutos. Si necesitas algún otro tipo de... postre. Sentí que me hervía la sangre. Miré a Mark, esperando que se callara, que le dijera a la mujer con la que celebrábamos tres años juntos, que mostrara algo de respeto. Mark solo se rió entre dientes. "Quizás acepte tu consejo. Solo por consejo, claro." "Mark", dije con voz cortante. Me miró con expresión molesta. "¿Qué? Solo es coqueteo, Ava. No seas tan sensible. No es para tanto. De todas formas, no me interesa. Lo sabes." "Sí que es para tanto", espeté, con las manos temblando bajo la mesa. "Está prácticamente sentada en tu regazo y la estás animando. En nuestro aniversario." "Dios mío, Ava, no empieces", dijo Mark, bajando la voz a un susurro áspero. "Estás arruinando el ambiente. Solo estoy siendo educada. No seas una psicópata celosa." Sentí que las lágrimas me picaban en los ojos. Aparté la mirada, fija en la vela de la mesa, sintiéndome pequeña y humillada. El resto de la cena transcurrió en silencio y tensión. Mark no se disculpó. No intentó arreglarlo. Simplemente terminó su vino e hizo una seña para que trajeran la cuenta. El viaje de regreso al apartamento fue una agonía. El silencio en el coche era asfixiante. Cuando por fin llegamos, salí del coche lo más rápido que pude. Entré furiosa al apartamento, con la mente acelerada. La puerta del apartamento se cerró tras nosotros. Ninguno de los dos dijo nada. Me dirigí directamente al baño. —Voy a ducharme —dije en voz baja. —Como sea —murmuró Mark sin levantar la vista del teléfono. Cerré la puerta del baño. Me sentía como si acabara de regresar de un funeral en lugar de mi aniversario.

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