La felicidad logra medirse en pequeños instantes, como en una velada romántica al lado de la persona a la que se ama, o simplemente en largas conversaciones con tus amigas, aquellas locas chicas que siempre te sacan una sonrisa aún en los momentos más difíciles, o simplemente en la dicha de hacer lo que más amas y recibir un salario a cambio. No podía negar que, a pesar de mis torpezas, inseguridades e inmadureces del pasado, la vida había sido muy buena conmigo, devolviéndome todo aquello que en su momento perdí: la seguridad en mí misma, el amor de mi vida, una gran amiga a la que siempre he llevado en mi corazón, incluso, me devolvió aquella unidad con mis dos hermanos mayores que había perdido a causa de la distancia. —¡Kendall! —el grito por parte de Arizona me hace voltear, soltán
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