Audrey Sus manos se envuelven en mi cuello mientras mi lengua recorre el interior de su boca, arrancándole pequeños gemidos que se ahogan en mis labios. Bajo una mano y acaricio su muslo, dedicándome a levantar la tela de su vestido, acercándome de forma peligrosa a su centro. En ese instante, sentía que mi m*****o iba a estallar en cualquier momento ante la necesidad que me invadía de querer sentirme dentro de ella, j***r, si habían sido cuatro años de sequedad, donde mi única compañera había sido la palma de mi mano y las duchas de agua fría, por lo que, ahora que la había encontrado y que además tenía la seguridad de que ambos nos necesitábamos, no iba a desaprovechar la oportunidad de sentirla mía otra vez. El timbre del ascensor nos hace alejarnos de inmediato, la miro, sus ojos

