Capítulo 7
— “Just beat it, beat it”
Entramos cantando a la habitación, Lily cae al suelo y yo suelto una sonora carcajada.
— “No ones wants to be defeated”
Sigo cantando, lanzándome sobre la cama.
— ¡No puedo pararme!
Ríe Lily, me cubro el rostro con la almohada y pego un grito, la adrenalina aún invade mi cuerpo.
— Ahora amo a tu amiga Viviane, dile que se mude con nosotras
Volvemos a reír. Viviane Kingston es una compañera de la facultad de Derecho de Lily, se hicieron súper amigas porque mi estudiosa amiga le prestó sus apuntes y así la millonaria aprobó un muy difícil examen. Ahora mismo está en las novatadas para unirse a no sé qué fraternidad de chicas pijas con apellidos que suenan a marca de galletas, esta última prueba fue la de llevar a dos amigas no aspirantes y montar un espectáculo en algún bar ¡Y lo hicimos! Jamás me había divertido tanto en mi vida. Si alguien me hubiese dicho que a los dieciocho estaría bailando sobre la barra de un bar como si fuese una stripper, aunque no me quité la ropa, y nos regalarían tragos por ello… hubiese preguntado cuándo sería para esperarlo con ansias ¡Ha sido de las mejores experiencias de mi vida! Mi madre le dará un infarto cuando se lo cuente. Vengo de un pueblo conservador de Texas, los domingos vamos a misa, somos parte de la comunidad y sembramos flores en los parques, nadie me creería si se los contase.
— “¡Cause this is thriller!”
Canta Lily desde el piso.
— ¡Esa es otra canción!
Río.
— j***r, que estoy ebria… — volvemos a reír — ¡Tengo que estudiar para el lunes!
— Y yo acabar un ensayo — seguimos riendo — Pero me he divertido como nunca antes
— ¡Salud por eso!
Volvemos a reír… alguien golpea la puerta…
— ¿Eh…?
Miro a Lily con confusión, no esperábamos a nadie y obviamente no pedimos nada. Nuevamente golpean la puerta ¿Qué deberíamos hacer? Somos dos chicas de dieciocho años subidas de copas en su habitación de la universidad ¿Qué deberíamos hacer? ¿Llamar a la seguridad del campus? ¿A la policía? ¿Al ejercito? Sí claro, el ejercito vendrá a cuidar a dos adolescentes ebrias ¡Será para que nos metan presas a nosotras! Ay… la borrachera me está haciendo pensar tonterías.
— ¿Quién podrá ser?
Vuelven a tocar la puerta, tomo la lámpara del escritorio de Lily y ella coge el secador de cabello.
— ¿Quién es? — pregunto, aferrándome con fuerza a la lámpara — ¿No queremos nada? ¡Váyase!
— ¿Es usted la señorita Sue Barclay?
Abro al máximo los ojos, me giro hacia Lily.
— Es el narizón…
— ¿Quién?
Mi amiga me mira con confusión.
— ¡El narizón! — contesto, dejando a un lado la lámpara — ¡El asistente de Alexander!
— ¿Y qué hace aquí?
— No tengo ni la menor idea
— ¿Le hiciste algo a su Alteza?
— No que yo recuerde — río — Lo mandé a la mierda, pero eso sucedió en mi cabeza
— ¿Estás segura?
Ambas reímos.
— Cien por ciento segura
La puerta es golpeada de nuevo.
— Pues también deberías de mandar a la mierda a este tipo — ríe Lily — Así dejará de golpear la puerta y podremos dormir
— ¿Señorita?
La puerta vuelve a ser golpeada.
— Ya voy… — me tambaleo hacia la puerta — ¿Qué? — pregunto, abriéndola — ¿Qué desea? — pregunto — No vendemos ni compramos — Lily comienza a reír — Y dígale a ese imbécil que puede irse a la…
— Su Alteza, el príncipe Alexander Hastings, me ha pedido que le entregue esto — me extiende una bolsa de regalo — Dice que espera que esto lime las asperezas
— ¿Qué…?
Le miro sin entender.
— Si me disculpa, señorita, habiendo cumplido con los dispuesto por su Alteza, procedo a regresar a mis aposentos — asiento con la cabeza, me siento confundida — Le recomiendo tomarse un poco de café para la borrachera, si me disculpa… hasta luego…
— Idiota…
Susurro, viendo al narizón alejarse.
— ¿Qué te trajo?
Pregunta Lily, cierro la puerta.
— No tengo ni idea de qué sea… — sacudo la bolsa de regalo sobre mi cama — No puede ser…
— ¿Qué es?
Lily se levanta del suelo.
— Es… — tomo la caja y rasgo el horrendo papel de regalo color rosado — Una cámara… — miro a Lily, esta está boquiabierta — Es una polaroid
— j***r… ¡Te compró una polaroid!
— Me compró una polaroid
— Y para limar las asperezas
Abro la caja y saco la cámara de su interior.
— Oh por dios…
— ¿Qué haces?
Pregunta Lily, vuelvo a guardar la cámara en la caja, luego la lanzo al cesto de la ropa sucia.
— ¿Qué se cree ese imbécil? — me cruzo de brazos — ¿Cree que podrá comprar mi perdón?
— No creo que debas de ser tan orgullosa
— ¿Orgullosa? ¿Yo? — me señalo — ¿Por qué? ¿Por qué no quiero aceptar esto como una ofrenda de paz? — me cruzo de brazos — Permitió que una bola de imbéciles se riera de mí y me negó en más de una ocasión — Lily toma la bolsa de regalo — ¿Te parece que estoy siendo orgullosa?
— Hay una nota aquí adentro
— ¿Qué…?
Lily saca una pequeña tarjeta de la bolsa.
— Toma…
— Esto es una mierda… — miro la tarjeta, parpadeo varias veces — ¿Qué…?
— ¿Qué dice?
— Solo dice “Arbustos” — frunzo el entrecejo — No entiendo…
— Tal vez quiere que vayas a los arbustos donde conversan
— ¿Tú crees?
— Deberías de ir
— ¿Para qué…?
— Como que para qué — ruedo los ojos — Sue, quizá tenga algo importante que decirte
— Ya sé lo que me va a decir y no quiero oírlo, no hay nada que justifique su actitud de hace un par de días
— Deberías dejar el rencor de lado y relajarte un poquito — fulmino con la mirada a mi amiga — El sujeto se nota que quiere compensarte por el mal rato, dale el beneficio de la duda
— No lo sé…
— Vamos, no seas tan cabezota — me vuelvo a cruzar de brazos — Además, no tienes nada que perder — la miro — ¿Qué es lo peor que podría pasarte si vas a hablar con él?
— Supongo que tienes razón
Suelto un suspiro.
— Ve con él, perdónalo, ámalo, sal con él, conviértete en reina y luego me lo agradeces
— ¿Alguna vez te he dicho lo mucho que me sorprende tu gran imaginación?
Pregunto, Lily ríe.
— A mí me sorprende la poca imaginación que tienes
Vuelvo a suspirar.
— Supongo que iré… — me encojo de hombros — No me esperes despierta…
Tomo mi manta de ositos y salgo de la habitación. De pronto la borrachera se me ha ido ¿En serio estoy caminando a altas horas de la noche hacia los arbustos? Debo de estar realmente ebria o debo de ser realmente estúpida para hacerlo ¿Por qué? ¿Por qué lo estoy haciendo? ¿Qué más me da si no me vuelve a hablar? Pero me compró una polaroid, aunque técnicamente es el pago de una deuda, él me debía una, pero a él no le permiten firmar ningún tipo de acuerdo contractual, no creo que sea capaz de ir a la tienda y comprar una cámara, envolverla en regalo y traérmela ¿O sí? No lo creo ¡Maldición! No sé qué pensar. Debería de regresar a mi habitación y dormir para que se pase un poco la borrachera.
Salgo de la residencia estudiantil, no hay mucha gente en los terrenos. Sigo el camino adoquinado por el que siempre voy, aprieto la manta de ositos a mi alrededor ¿Qué querrá decirme ese imbécil? ¿Qué le diré cuando lo vea? Lo más seguro es que le diga que se vaya a la mismísima mierda y que se meta la cámara por donde le quepa ¡Sí! Definitivamente haré eso. Él no va a venir a comprarme con cámaras y notitas escritas a mano ¡No! Mi perdón le costará más caro que eso, no lo conseguirá tan fácil. Visualizo los arbustos, acelero el paso, no recordaba que los arbustos estuviesen tan lejos de la residencia, supongo que es solo la borrachera que no se me ha ido del todo. Respiro hondo, debo de tranquilizarme para poder gritarle sus verdades en la cara al imbécil ese. Me abro paso por entre los arbustos ¿Él estará ahí? ¿Me estará esperando? ¿Qué me dirá? ¿Qué le diré? ¿Qué debería de hacer? ¿Qué hará él? Son miles las preguntas que corren por mi mente, no sé cómo responderlas y no tengo fuerzas para ello, quisiera comer unas papitas en estos momentos y ver Scooby Doo ¡Sí! Mejor me doy media vuelta y me regreso a mi habitación para ver las caricaturas y…
— ¡Ay!
Caigo al suelo.
— Sue…
— ¡Tú! — le apunto con el dedo, él me ayuda a levantarme — ¡¿Quién te has creído?!
— ¿Perdone?
— No, no te perdono
— ¿Está usted bien?
— ¡Estoy perfecta!
— Creo que no está en sus cinco sentidos — me tiene sujeta por los hombros — Lo lamento señorita, la acompañaré a sus aposentos…
— ¡Estoy bien! — me zafo de su agarre — ¡¿Para qué me has hecho venir?! — Alexander me mira fijamente — ¡Y ni creas que con una cámara solucionas algo! — le vuelvo a apuntar con mi dedo — Estoy muy enfadada contigo
— Eso noto
— ¡¿Y bien?! — le miro, él me sostiene la mirada — ¡¿Por qué me has hecho venir?!
— ¿Podría tranquilizarse un poco? — pide — Está gritando…
— ¡Que se tranquilice tu abuela! — el príncipe abre los ojos como platos — ¡Ya dime! — aprieto los puños — O me iré y jamás te volveré a dirigir la palabra…
— No — relajo mi cuerpo, él se ve afligido — No quiero eso…
— ¿Entonces? — le miro fijamente — No hemos hablados desde hace semanas
— Hablamos hace dos días en la biblioteca, pero usted actuó como si no me conociera
— ¡¿Con qué derecho me dices eso?! — ahora sí me enojé — ¡Tú me trataste como si no me conocieras y permitiste que tus amigos se rieran de mí! — me señalo — ¡Y no solo eso! ¡Permitiste que ese tal Harry pusiera sus manos sobre mí!
— Solo te acarició la mejilla
— ¡Eres un imbécil! — le doy un empujón, él me mira asombrado — Me largo… — me doy media vuelta — Y puedes meterte la polaroid por el trasero, no la quiero
— Sue… — me toma de la muñeca — Espere…
— ¡¿Por qué me trajiste aquí?! — me zafo de su agarre — ¡¿Por qué me ignoraste de esa forma?!
— Sue… yo…
— ¡Más te vale darme una buena respuesta! — me le acerco — ¡Porque en estos momentos en serio me estoy conteniendo para no golpearte! — Alexander me mira, se le forma una sonrisa en los labios y deja escapar una risita — ¡¿Te estás burlando de mí?!
— No, no es eso… — sigue riendo — Es que… usted es una persona muy atolondrada y es difícil mantenerse calmado a su lado…
— ¿Por qué intentas mantener la calma? — pregunto sin poder apartar la mirada de su rostro — Ríe si quieres reír, grita si quieres gritar… ¿Es que no te permiten ser humano?
— No es eso…
— ¿Entonces?
— No sé cómo hacerlo…
Se acerca a mí.
— Eso suena horrible — nos miramos fijamente — No saber cómo expresar tus emociones
— He sido criado de esa forma, la realeza no muestra sus emociones en público, no podemos, no se ve bien…
— Eso suena aún peor…
— No pretendo que lo entienda… solo quiero…
— ¿Qué…?
Me mira fijamente.
— Yo…
— ¿Por qué me has hecho venir?
— Quería hablar con usted…
— ¿Por qué?
— No lo sé… — contesta, acercándose más a mí — Es solo que… no quería dejar de verle…
— ¿Por qué…?
— Porque… — mi corazón comienza a latir a toda velocidad — Usted me hace sentir bien… feliz…
— ¿Te hago sentir feliz?
Me acerco más a él.
— Usted me hace sentir feliz…
Su rostro está a escasos centímetros del mío.
— Me alegra saber eso…
Susurro, acortando el espacio entre nosotros, uniendo mis labios a los suyos.