Capítulo 8
— Sue…
Me toma de los hombros, separándome de él.
— Lo siento… — miro hacia el suelo — Estoy ebria… lo siento…
— No te preocupes…
Siento las mejillas arder, esto es vergonzoso.
— Principito…
— No podemos ser amigos… — abro al máximo los ojos — Lo siento…
— Oh… — siento una punzada en el pecho — ¿Eso era lo que querías decirme?
— Sí… — mira hacia otro lado — Lo lamento…
— ¿Puedo preguntar por qué? — siento los ojos escocer — Me dijiste que te agradaba… ¿Por qué no podemos ser amigos?
— No insista, por favor…
— Dímelo… — aprieto los puños — Merezco saberlo
— Somos muy distintos — siento otra punzada en el pecho — No nos conviene ser amigos
— ¿Por qué? — vuelvo a preguntar — ¡¿Quién eres tú para decidir lo que me conviene?!
— ¡Soy tu Príncipe! — luce enfadado — ¡Soy un príncipe! ¡Tengo deberes que cumplir! ¡Deja de comportarte como si fueras mi igual! ¡Deja de comportarte como si entendieras lo que vivo!
— Entonces es eso… — suelto una risita — No soy suficiente para ser tu amiga… — asiento con la cabeza — De acuerdo…
— Sue…
Vuelve a tomarme de la muñeca, estampo mi mano en su rostro.
— ¡Vete a la mierda!
— Sue… espera…
— ¡¿Qué?! — derramo las lágrimas contenidas en mis ojos — ¡¿Qué más me vas a decir?! ¡Ya lo dijiste todo!
— No te conviene ser mi amiga…
— No tengo ni idea de qué significa eso — tomo mi manta de ositos del suelo — Y tampoco quiero saber…
— ¡En serio me agradas! — me detengo — Me gusta mucho ese espíritu libre que usted tiene — me giro a verle — Y quería volver a verla…
— ¿Pero…?
— Es… complicado…
— Intenta explicármelo…
Me le acerco, Alexander niega con la cabeza, se ve afligido y desesperado.
— No te conviene estar cerca de mí… — pronuncia en un susurro — Y a mí no me conviene estar cerca de ti…
— ¿Por qué?
— Porque… — nos miramos fijamente — Sue… — mi corazón vuelve a latir a toda velocidad — Eres fascinante…
— ¿Qué significa eso?
— Que es mejor no estar cerca el uno del otro…
— ¿Realmente quieres eso?
— No…
— Pero aun así te vas a alejar ¿Cierto? — ninguno aparta la mirada — Vas a obedecer sin rechistar…
— Sue…
— No te conviene ser mi amigo — me encojo de hombros — ¿Vas a permitir que decidan quién te conviene?
— Es más complicado que eso…
— ¡Oh…! — el príncipe luce frustrado — Disculpe usted, Principito, no sabía que decidir de quién ser amigo o no era algo complicadísimo
— No se trata de eso…
— ¿Entonces…?
— No lo entenderías — aparto la mirada y suelto una agria risita — Y por favor… ya deja de insistir…
— Bien… — aprieto mi manta — En ese caso… — hago una leve reverencia — Que tenga una buena noche… — le miro fijamente — Su Alteza…
— Sue… — me vuelve a sujetar por la muñeca — Lamento todo esto…
— No tienes nada que lamentar — me encojo de hombros e intento sonreír — Somos muy distintos y no te convengo…
— Sue…
Me zafo de su agarre.
— Nos vemos… Principito…
Fin de la Primera Parte