Capítulo 9

3351 Words
Segunda Parte Capítulo 9 — Sonría Pido, apuntando mi polaroid hacia el abuelo Carl. — ¿Nuevamente sacándome fotos? Ríe el hombre, sirviéndole helado a un niño. — Ya le dije — río, colocando el repuesto a mi cámara — Algún día, cuando usted sea un exitoso hombre de negocios — tomo otra fotografía — Ya no tendrá tanto tiempo para mí y esta será la única forma que me quede para poder recordarlo — Niña, tienes más posibilidades de ser exitosa que yo — Yo solo quiero ser feliz Sonrío. — Esa es una muy buena filosofía de vida — el hombre sirve un cono de helado de chocolate — Toma, para mi clienta favorita — Gracias — tomo el cono — Tomémonos una foto — ¿Otra más, Sue? Ríe. — ¡Sí! — me acerco al hombre — Algún día, cuando me vaya de aquí, será la única forma que tenga usted para recordarme, no quiero que me olvide — Sería imposible — Carl vuelve a reír — Siempre voy a recordar a la chispeante rubia que venía a platicar por horas conmigo y no compraba nada — ¡Ey! Ambos reímos. — Algún día te veré en los libros de historia — sonrío — Serás una persona importante, famosa, todos te admirarán — Lily también dijo lo mismo — Dile que ya tengo listo otro litro de su helado de pistacho — ¡Oh! Le vas a alegrar la semana — le tomo una foto a mi helado — Sacó un ocho en un examen y la pobre casi se desmaya, necesita sacar solo dieces para mantener su beca — Que horror — Sí… — me encojo de hombros — Sonría — pido, apuntándonos a los dos con la cámara — No lo olvidaré a usted y usted no me olvidará jamás — Gracias niña… El hombre acepta la fotografía recién impresa. — Bueno… — miro mi reloj — Será mejor que regrese — De acuerdo, cuídate, mira a ambos lados antes de cruzar Se despide el hombre, agregando una nueva bola de helado a mi cono. — ¡Adiós abuelo Carl! Agito mi mano con efusividad, alejándome del carrito de helados. Cuando llegué a la Ciudad, Carl se convirtió en mi primer amigo. Me ayudó a leer mi mapa y me dio muchas indicaciones de a dónde debía de ir y el cuidado que debía de tener. Volví cada día de esa primera semana para que él me hable acerca de los lugares a los que quería ir. Luego conocí a Lily cuando las clases comenzaron y el resto fue historia. En serio espero que algún día él se convierta en un exitoso hombre de negocios y abra una heladería que contrate hombres jubilados como él ¡¿Quién sabe?! Quizá algún día se mude al otro extremo del país, a California quizá, y tenga como cliente a celebridades. Llego al campus de la universidad, el atardecer está asomándose. Quisiera estar en el Empire State para poder fotografías el momento en el que sol va escondiéndose en el horizonte, debe de verse muy genial esa escena desde esa altura. Lastimosamente tengo muchos deberes pendientes que aún no inicio. Camino por la universidad con la cámara colgada al cuello. Es sábado, así que hay muchos estudiantes procrastinando en los jardines de la universidad. Es fácil reconocer a los de la facultad de artes, siempre están con cuadernos de dibujo o con alguna estatua humana. Sigo caminando, mirando a todos lados, es un lindo día de octubre. Me pregunto si habrá alguna actividad por Halloween ¿En la universidad se hace ese tipo de cosas? Lily una vez habló acerca de ir a una de esas fiestas de fraternidad para comernos su comida, me pregunto si en esas casas de fraternidad harán fiestas de Halloween. En mi pueblo en Texas era muy común que la escuela hiciera una pequeña fiesta, eran bonitas y llenas de dulces ¡Me encantaban! Extraño Texas, pero sobre todo a su gente, los tejanos somos muy amables ¡Y las parrilladas! Quisiera poder echarle el diente a una típica parrillada tejana ¡No hay nada parecido a eso aquí en Nueva York! Lo cual es una lástima, porque la carne de Texas es la mejor. — Alexander, atrápala… Alzo la mirada. Ahí está él, jugando con sus amigos a lanzarse un balón de futbol. No hay ni una pizca de alegría o diversión en su rostro. Sus amigos ríen, bromean entre ellos y se golpean las espaldas, Alexander luce tan ajeno a ellos, como si no lo estuviera disfrutando, como si tuviera que estar ahí porque debe de estar ahí. Aprieto la cámara entre mis manos y sigo mi camino. Lo que sea que le esté ocurriendo, lo que sea que esté sintiendo, su estado de ánimo, no es mi asunto. Él no es nada para mí, no significa nada para mí, así que lo mejor será que simplemente siga mi camino sin dirigir la mirada en su dirección. — ¡Sue! Me giro. — ¡Ah! El balón le da en la cabeza a Alexander. — Lily… Mi amiga corre hacia mí. — Sue, te tengo una gran noticia Lily sonríe de oreja a oreja, Alexander me mira fijamente con el balón en las manos. — ¡Más atento su Alteza! Ríe uno de los chicos, Alexander sigue mirándome. — ¡Ey! ¡Alexander! — el chico de rizos le arrebata el balón, Alexander por fin aparta su mirada de mí — Vamos a Denny’s, puedo conseguir una mesa y tragos ilimitados — ¡Sí! ¡Vamos! Celebra otro de los chicos. Alexander asiente, siguiendo a sus amigos. El chico de rizos no se mueve, sostiene con fuerza el balón entre sus manos, tiene el entrecejo fruncido y luce enojado ¿Qué le pasa? ¿Se habrá dado cuenta de que Alexander me estaba mirando? ¿Eso es motivo para enfadarse? ¿Tiene algo de sentido? ¿Se enfadó con Alexander por mirarme? ¿Por qué me estoy haciendo todas estas preguntas? No debería de preocuparme lo que Alexander o cualquier m*****o de su grupo haga o deje de hacer… El chico me dirige la mirada… luce enojado… luce enojado conmigo… — Entonces… ¿Qué dices? Pregunta Lily. — ¿Sobre qué? — ¿No me prestaste atención? — Lily se gira — Oh… ya veo… — Lo siento… — ¿Hasta cuándo van a seguir con eso? — ¿A qué te refieres? Pregunto, comenzamos a caminar hacia la residencia. — Ya pasó una semana desde que hablaron y… — la miro — Se besaron — añade en un susurro — ¿Hasta cuándo van a seguir peleados? — No estamos peleados — ruedo los ojos — Él dijo que no puede ser mi amigo porque no es conveniente para ninguno, lo que sea que esa mierda signifique — suelto un suspiro — Así que… supongo que esto durará por tiempo indefinido — Boberías… — miro a Lily — Me parece absurdo que después de tomarse la molestia de comprarte una cámara, pedirte que hables con él, decirte que no quiere perder tu amistad y besarte — la fulmino con la mirada, acordamos no decirlo en voz alta — Te diga que “No es conveniente” ser amigos — Pues lo hizo — me encojo de hombros, entramos en la residencia — ¿Qué te puedo decir? — Aquí me huele a gato encerrado — Quizá… — subimos en los ascensores — Debe ser un gato de la realeza encerrado — Lily me mira con una ceja alzada — La realeza decide quién le conviene o no a Alexander… — salimos del ascensor — Y él simplemente acató, no tiene huevos y eso lo convierte en alguien indeseable para mí — No creo que sea tan indeseable si fuiste capaz de besarle Se burla Lily. — Estaba ebria — Pero él no — Él me apartó — Sí, después de pegar su rostro al tuyo y devolverte el beso por varios segundos — Ya basta… — Sabes lo que yo creo — Ilumíname… Dejo mi mochila sobre la cama. — Creo que le gustas — me río de sus ocurrencias — O por lo menos le estás empezando a gustar y eso le causa un conflicto interno porque sabe que no puede ser debido a que él es un príncipe y tú eres una chica que viene de un pueblito minúsculo en Texas cuyos padres se hicieron ricos vendiendo abarrotes — la miro, realmente me causa gracia lo que dice — Y lamentablemente, tener dinero no es suficiente para entrar en la realeza — Wow… te inventaste toda una novela Aplaudo, riendo. — ¿Quién sabe? — ríe mi amiga — Quizá algún día tenga una sobrina llamada Mily y quiera escribir sobre ello — Sí claro y yo vengo de Ponilandia — volvemos a reír — Y Corsicana no es tan minúsculo — Apenas y aparece en el mapa — Claro que aparecemos en los mapas Le lanzo una almohada, volvemos a reír. — En fin… — Lily suelta un suspiro, abrazando la almohada — No creo que esto dure mucho, apuesto que en estos días volverá a hablarte — Lo dudo… — Que orgullosa y poco soñadora eres, Sue Barclay — Solo soy realista — miro mis fotografías — Y, la verdad, me vale tres cominos lo que sea que le suceda a Alexander y su falta de huevos Realmente me importa un bledo si vuelvo a hablar o no con Alexander. Me negó, negó que me conocía y no hizo nada para detener las burlas de sus amigos, en especial las del tipo de rizos. Y no solo eso, después de intentar disculparse, decir que no quería perder mi amistad y comprarme una cámara, dijo que no le convenía ser mi amigo, que no nos convenía ser amigos. No entiendo por qué no me podría convenir ser su amiga, pero me hago una idea del por qué no le convendría ser mi amigo. Lily tiene razón, tener dinero no es suficiente para pertenecer a la realeza. En esta universidad acuden los hijos de las familias más ricas y poderosas del país, pero también hay un número de personas que provenimos de familias con mucho dinero, lo que se le llamaría “Nuevos Ricos” o “Burgueses” en otra época. No soy refinada, no tengo trato con la alta sociedad, jamás hemos sido invitados a cotillones ni nada por el estilo. Vivo en Corsicana, un pueblito en medio de la nada en Texas, para donde mires hay pasto y árboles, lo más interesante que nos ha pasado fue haber ganado una competencia de parrilladas. Mi papá montó en su garaje una tienda que fue creciendo y creciendo hasta convertirse en un mini super mercado, luego lo expandió y creó una pequeña línea de supermercados en los pueblos aledaños. Supongo que dueño de supermercados no es lo mismo que decir “Dueño de Bancos” o “Dueño de minas”, y obviamente no es lo mismo que decir “Lord” o “Su Alteza”. No me avergüenza, amo el lugar de donde vengo y amo mi familia, me considero una persona sumamente afortunada ¡Estoy en la más prestigiosa universidad del país! ¡La mensualidad que pagan mis padres podrían acabar con el hambre de un pueblo! No tengo nada de malo, soy muy digna de portar el título de amiga de alguien, pero supongo que para ciertos estándares… no es suficiente… — Tengo hambre… Me quejo, dejando mi bitácora a un lado. — Yo tengo que terminar este trabajo esta noche sí o sí — se queja Lily, tomando uno de sus tantos libros — Quiero el fin de semana libre, saldremos con Viviane de compras… aunque yo no compraré nada… — Yo tampoco — me encojo de hombros — Pero mencionó que iremos a McDonalds y amo las hamburguesas — ambas reímos, miro mi reloj — Ya es la hora de la cena… pero se me acaba de antojar una hamburguesa — ¿Me compras una a mí también? Lily rebusca en su monedero. — Claro Me entrega unas monedas. — Con mucha salsa de tomate — Obviamente Sonrío, tomo mis llaves y salgo de mi habitación. Miro mi reloj, la hora de la cena apenas ha comenzado, llevo una de mis manos a mi abdomen, creo que tengo la suficiente hambre como para comer algo más que una hamburguesa, espero que haya macarrones con queso ¡Los que comimos hace dos días estuvieron exquisito! La comida de este lugar es el claro reflejo del tipo de persona que viene a esta universidad, pues la comida es de primera ¡Es exquisita! Aunque… no se compara a las parrilladas de Texas. Salgo de la residencial, por la hora no hay muchas personas en los terrenos, sin embargo, esto no es un problema, la seguridad de este lugar también es de primera ¡Hay policías y guardias en cada esquina! Y muchas cámaras de seguridad, pues, tal como dije, en este lugar se alberga a los hijos de los ricos y poderosos del país, deben de protegerlos a como dé lugar, sobre todo después de lo que pasó la década pasada, dicen que asesinaron al hijo de un político o algo así. En un país donde cualquiera puede tener un arma, supongo que no se puede escatimar en presupuesto para la seguridad. Esta misma cultura debería de trasladarse a todos los centros educativos del país, el contar con seguridad de primera sin escatimar en gastos ¡Escuchen mis palabras! Algún día habrá un atentado en alguna escuela secundaria, perpetrada por dos adolescentes en gabardinas, que marcará un verdadero hito en la historia ¡Y nadie podrá hacer algo para evitarlo! A menos, claro, que la cultura social cambie. En fin… eso sería un sueño, no poder portar armas sería una locura para la mayoría de norte americanos. — Dos hamburguesas y macarrones con queso, para llevar — busco en mi billetera el dinero necesario — Por favor… — Enseguida Pago y me siento en una de las mesas vacías mirando hacia el televisor en la pared. Me encanta ver las noticias, sobre todo cuando hablan de cosas que suceden en el mundo ¡Me gusta saber acerca del mundo! Por ejemplo, justo ahora se está tratando de hacer avances médicos, están probando test para detectar esa nueva enfermedad llamada VIH, junto a un recordatorio del diagnóstico de Rock Hudson quien fue diagnosticado hace un par de meses atrás ¡Espero que esto desmitifique la enfermedad! Pues la mayoría cree que solo los homosexuales se contagian ¡Cualquier puedo contagiarse! No tengo pruebas, pero tampoco dudas. También sospechan que Freddy Mercury está padeciendo de esta enfermedad basándose solo en los rumores de su vida privada ¡Espero que no sea cierto! Me importa un bledo si le gustan los hombres o las mujeres ¡Pero amo a Queen! John Deacon es mi bajista favorito en todo este ancho mundo ¡Vamos mil novecientos ochenta y cinco! ¡No me quites a Freddy Mercury! Pasando a noticias menos trágicas, la NASA va viento en popa con su programa de trasbordadores espaciales y nos recuerdan de su proyecto “Maestros en el Espacio” es cada día más una realidad ¡Que genial! Quisiera ser Christa McAuliffe ¡En serio la envidio! Hace un par de meses atrás fue seleccionada como la maestra que irá al espacio ¡Que genial! ¡Es lo más genial que le va a pasar en la vida! Y me alegra tanto que sea una mujer ¡Esto abre la puerta a más mujeres astronautas! ¡Esto marcará un verdadero hito en la historia de la NASA! Ahora está en un entrenamiento exprés con astronautas profesionales ¡Porque el próximo año será lanzada en órbita! ¡En el Challenger! — Su hamburguesa señorita — Gracias Sonrío, tomando mi bolsa de papel y saliendo de la cafetería arrastrando mi manta. Me siento algo patética en estos momentos, caminando en pijama con una manta de ositos, por los terrenos de una universidad para niños ricos ¡Mientras afuera hay personas que están haciendo verdadera historia! ¡O viviendo calamidades! ¡Solo vean a Alemania Oriental! ¡¿Cuándo van a derrumbar ese maldito muro?! Yo también quiero hacer historia, en serio quiero hacerlo ¡Sé que mi destino no es ser solo fotógrafa de edificios y aves! Sé que haré algo grande con mi vida, que podré ayudar a la humanidad o si quiera poner un importante grano de arena en ello ¡Lo sé! El problema es que no sé cómo y tampoco qué es lo que haré. La fotografía puede cambiar al mundo, puede demostrar las tragedias de las malas decisiones humanas, como esa fotografía que se tomó hace una década, la de la guerra en Vietnam. Las guerras son lo peor que puede ocurrir y me da asco que haya personas que se benefician de ello. No quiero pensar en las futuras fotografías que se vayan a tomar en medio de guerras, sobre todo a niños. En esa fotografía de la Guerra de Vietnam se ve a una niña de nueve años, quemada, corriendo por su vida ¡Es un horror! Ningún niño debe ser víctima de la guerra, ningún niño debe de vivir los estragos de las malas decisiones de los adultos. No sé cómo es que lo haré, pero sé qué es lo que quiero hacer. Así me cueste cada centavo, lograré dar un verdadero apoyo a niños víctimas de conflictos armados, guerras, maltratos o abandono. También lucharé por los derechos de las personas con esa enfermedad nueva, pues los están dejando de lado para morir. Y, sobre todo, lucharé por una sociedad más justa y equitativa, donde hombres y mujeres, independientemente del color u otra supuesta diferencia, seamos tratados por igual… quizá soy demasiado soñadora… porque… — ¡Ah! Grito, siendo estampada contra una pared. — Dulzura… — ¡¿Qué mierda te sucede, imbécil?! El chico de rizos me tiene sujeta por las muñecas, colocándolas sobre mi cabeza. — Cuida esa linda boca tuya, Dulzura… Pasa su dedo por mi cuello, intento darle un rodillazo, pero su cuerpo aprisiona el mío. — Suéltame pedazo de escoria… — Shhh… — sostiene mi rostro con su otra mano — Sabes… — su aliento roza mi rostro — No tengo ni idea de quién seas… — vuelve a pasar su dedo por mi cuello, intento zafarme de su agarre — Pero… — aprieta mi cuello con su mano, mi corazón comienza a latir con fuerza — Si sabes lo que te conviene… — olfatea mi cabello, me remuevo con desespero en busca de aire — Te mantendrás lejos de su Alteza… — aprieta el agarre sobre mi cuello, intento apartar su mano, las lágrimas llenan mis ojos — No te metas en el camino de un Winchester — me suelta, caigo al suelo tosiendo, intentando respirar, derramando lágrimas — ¿Entendiste…? — se agacha a mi altura, acariciando mi cabello y luego mi mejilla — Dulzura… Soy incapaz de hablar ¿Qué acaba de suceder? ¿Por qué ha sucedido? ¿Quién carajos es este tipo? El chico de rizos suelta una risita, levantándose y acomodándose el saco. Estoy petrificada, con una mano en mi adolorido cuello y otra en mi pecho, mi corazón sigue latiendo a toda velocidad. — ¿Por qué…? — mi voz sale entrecortada, el chico se gira a verme — ¿Por qué habría de hacerte caso…? — No me quieres como enemigo, Dulzura… — patea una de mis bolsas de comida — Perdonaré tu insolencia esta vez… — vuelve a acariciar mi rostro — Así que… — ¡Ah! Tira de mis cabellos con fuerza. — No vayas a tentar a la suerte — pasa su nariz por mi cuello, estoy temblando — Dulzura… — posa sus labios en mi piel — Nadie se mete en el camino de un Winchester…
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