El aroma a flores llenaba toda la habitación y su lobo, por primera vez en siete años, ronroneaba como un cachorro. Deslizó una mano por el vientre y a su tacto, la piel de la joven reaccionaba. Las chispas de su vínculo recorrían todo su cuerpo y nublaban su mente. Dejó que su dedo se deslizara entre los pliegues de su piel húmeda y no pudo evitar una sonrisa de satisfacción al ver como Lily se tensaba ante la repentina intrusión, pero tan solo un instante después, su cuerpo se relajó y separó los muslos para que él tuviera un mejor acceso. Su dedo comenzó a moverse rítmicamente en su interior húmedo y tibio. - Adrian… - murmuró Lily, sus ojos aún cerrados, abrumada por las sensaciones que le provocaban las caricias que disfrutaba por primera vez. Dejó que su lengua tomara el luga

