GIANNA No quería irme, había caminado mucho como para hacerlo nada más porque él me lo pedía. Terminé acercándome a una piedra y sentándome en ella mientras encogía mis piernas y colocaba mis rodillas cerca de mi pecho. —Yo decidiré cuándo irme. Puedes irte tú si lo deseas, yo pretendo quedarme porque vine a pie y aunque en caballo puede no parecer mucho, si que estaba lejos. —Entonces haz lo que quieras. Pienso darme un baño así que no molestes. Levanté mis cejas con sorpresa. —¿Qué vas a que? —Sé que me escuchaste bien. —Si, pero estás borracho, podrías ahogarte allí. —Bueno, es una posibilidad pero ganarás, así que no te quejes. Las cosas serían sencillas—dijo mientras comenzaba a sacarse la ropa después de subir unos metros hacía una pendiente, donde el nivel del terreno

