GIANNA
¿Hasta dónde puede llegar una persona vengativa?
Lo que pensaba conocer de un hombre como él había quedado borrado con esa visita. Había cambiado más con los años de lo que pude haber imaginado. Pensé que su odio hacía mí había sido el alimento de su comportamiento conmigo pero no solo era cruel conmigo, si no lo era con todo el mundo. Infundía respeto a traves del miedo y mostrando su falta de escrúpulos.
Hela no había dudado en hablar sobre los rumores o más bien vivencias que habían traido los nuevos habitantes de la villa que habían venido en el barco con él. Maxim era la reencarnación de un tirano, no porque hubiera usurpado el trono o algo similar, si no porque en cuanto su madre murio había enviado a gente a buscar a Phillip y ofrecido una fuerte suma por la persona que le trajera su cabeza. No solo había mostrado falta de empatía por su familia, si no también se había encargado de enviar a la horca a todo m*****o de la corte del cual tuviera dudas de su lealtad.
Había enviado a varias familias nobles a la muerte debido a su desconfianza. Eso había puesto a los demás en alerta y los había sometido a su completa disposición. La corte y los empleados del palacio estaban sometidos al miedo. Cualquiera hubiera podido pensar que ese comportamiento era algo adecuado en un rey que intentaba influir miedo y respeto a sus súbditos, pero ¿Cómo se podía explicar sus inmorales orgias sexuales?
Me quedé sin palabras al escuchar que entraba a la cama con dos o tres a la vez y que no se medía con las prostitutas a la hora de meterse con ellas, sin embargo, esto no parecía enfadarles, más bien, parecían verse embelesadas por participar en sus deseos sexuales.
No pensaba mentir y decir que no terminé imaginando alguna de esas escenas con cierto morbo en el pensamiento. Pensar en alguna de esas escenas me robó el aliento y me hizo juguetear de forma inquieta con mis manos. ¿Tal vez eran solo rumores? Rumores para alimentar a la corte de chismes o eso fue lo que quise pensar pero aquella misma noche corroboraría que no eran una mentira.
Mi boca siempre avida por soltar maldiciones e insultos en sus dirección sería sellada por su propia mano y acciones. Mientras me preparaba para dormir la puerta sonó de forma insistente. Hela abrió la puerta y entonces Keran entró a la habitación.
—Lamento lo tarde majestad, pero el rey desea su presencia en sus aposentos.
—Es tarde, dile que voy a dormir.
—Me temo que no puede negarse.
Sus ojos me indicaron que si no lo hacía, debía tener órdenes para obligarme o llevarme a rastras. Parecía que Maxim tenía ganas de que me aprendiera su estupido rostro por estarlo viendo a cada maldita hora. Lo que menos quería era estarle viendo la cara. Hela no parecía demasiado contenta con eso. No se le permitió acompañarme y ella se quedó en mis aposentos mientras Keran me guiaba en compañía de la guardía hacía su habitación ubicada en la parte superior de la villa.
Abrió la puerta y me indicó que pasara.
—Adelante, la está esperando.
Obedecí y entonces amarré fuertemente mi bata de seda para luego adentrarme al lugar. Estaba oscuro, con algunas velas iluminando a lo lejos dando un tono naranja al lugar, naranja suspenso. Estaba demasiado enfadada de que me sacara de mi cama a esas horas.
¿Quería seguir amargando mi maldita existencia?
—Pareces decidido a complicarme la vida, Maxim—exclamé mientras caminaba hacía la habitación—. ¿Por qué no subes a tu maldito barco y me dejas en paz de una jodida vez?
Una leve risa femenina me hizo detenerme, pero cuando lo hice, fue porque ya estaba delante de la enorme cama donde permanecía sin ropa, cubierto del torso hacía abajo con unas sábanas de seda color crema mientras sus tatuajes se robaban toda la atención a la par que decoraban ese abdomen marcado e iluminado por el fuego.
—Les dije que vendría—dijo mientras acariciaba el cabello de una de las mujeres que permanecía desnuda abrazada a él. Otra estaba acostada sobre la cama, con el pecho contra el colchón y sus piernas ligeramente flexionadas al aire, mientras sus brazos acunaban su fino rostro. Posiblemente un par de prostitutas traidas con él en el barco.
—¿Qué demonios significa esto?
Sonrió de forma burlona.
—Estaba pensando en que desde que llegué estás cuestionando mi habilidad como hombre,Gianna, y me dije, porque no demostrarselo directamente y como no pienso darte el placer de follarte quiero que veas como me las folló a ellas.
Las mujeres parecían divertidas mientras me miraban con un poco de diversión. Una de ella sonrió para mí. Eran mujeres lindas tanto de cuerpo como de rostro.
—Sería mejor si la dejara unirse, majestad.
Tragué saliva.
El negó.
—No creo que tenga ganas de hacerlo. La reina es un tanto sentimental ¿Saben? Supongo que le molesta o le duele que comparta cama con otras y no con ella. Es una mujer celosa, aunque no lo parezca.
Hijo de….
No iba a negar que lo consideraba una humillación, porque tal y como lo estaba haciendo ahora, debía hacerlo en el palacio y eso era sumamente odioso. ¡Agotaba mi paciencia!
—Quiero irme—dije.
—Vas a quedarte—afirmó con severidad—, puedes sentarte por allí o quedarte de pie, el asunto es que disfrutes de la vista.
Una de las mujeres subió por su cuerpo hasta su cuello como si se tratara de una elegante gata buscando atención de su amo. Voltee hacía afuera y supuse que allí debía estar Keran, así que salía, entraría, me atraparía, me amarraría al mullido sillón y me obligaría a presenciarlo. Expectante, terminé por sentarme en el sofá.
—No hay reglas, más que debes mantener tus ojos fijos hacía mi, Gianna—murmuró mientras acariciaba el pecho de una de las mujeres con esas grandes y fornidas manos. Asentí más de compromiso que de ganas y centré mis ojos hacía él de la misma forma como me lo había pedido. Sus ojos verdosos no me perdieron de vista mientras una de las mujeres subía sobre su regazo y deslizaba sus uñas por su pecho hasta posarse sobre su abdomen.
No podía evitar pensar en que su objetivo era dañarme, dañarme profundamente y causar tanto mal como fuera posible, pero había comprobado debido a la situación con mi jardin que si demostraba que no me importaba, lograba dar la vuelta a sus acciones y así mermaba su satisfacción al hacerme daño. Mis ojos analizaron la escena por unos segundos.
Las mujeres parecían deseosas de provocarle y él parecía demasiado ocupado centrarandose en sus caricias y en mis ojos y le daba un aire mucho más sensual a la situación. Una de las mujeres buscó sus labios pero él apartó el rostro de forma sutil haciendo que ella terminara deslizando sus labios por su cuello. Sus manos se posaron sobre la cintura de la mujer y entonces apretó uno de sus pechos haciendo que ella mojara sus labios mientras disfrutaba de sus manos sobre su piel.
No podía seguir viendo eso.
¡No podía!
Un cosquilleo se apoderó de mi vientre bajo y sentí la boca seca. Mi mente estaba comenzando a traicionarme, mis mejillas se sentían encalorizadas y sabía que en vez de pensar en que era algo grotesco me parecía sumamente excitante. Necesitaba respirar y no el aire dentro de la habitación. Bajé la mirada unos segundos y entonces escuché su voz…
—¿Qué fue lo que te ordene? Mírame, maldita sea…
Mi mirada subió y nuevamente me ví perdida en esa mirada cruenta y ahora excitada por el ambiente que había formado allí dentro. El ambiente, los sucesos y especialmente esos ojos varoniles y fieros me encendieron por dentro y recordé sus palabras…
No hay reglas, solo tienes que mantener tus ojos en mí.
No había reglas, así que podía hacer lo que yo deseara. ¿No? Acerqué mi mano a uno de mis pechos mientras acariciaba sobre la tela directamente en la parte superior del pezón. Maxim notó mi movimiento y despues deslicé mi mano dentro de la ropa. Un escalofrío recorrió el interior de mis muslos cuando acaricié uno de ellos directamente. Las mujeres sobre él estaban demasiado ocupadas besando su cuerpo y moviendo sus sensuales cuerpos para preparar a su libido, así que no se dieron cuenta que sus ojos estaban fijos sobre mí.
Para aumentar la diversión del momento terminé sacando ambos pechos de mi ropa y fue cuando sus ojos bajaron de mi rostro. Sus ojos se oscurieron, pude notarlo a pesar de la poca iluminación y en ese momento las mujeres que lo rodeaban parecieron desaparecer para él y también para mi.
Acaricié mis pechos, recordando la forma en como solía hacerlo y que tanto me volvía loca en la soledad de mi habitación. Una de mis manos bajó hasta mis muslos mientras la otra aún atendía uno de mis pechos con lujuria y pasión. Me acomodé sobre el sofá y de forma descarada terminé abriendo las piernas y deslizando mis manos en medio de mis piernas. No lo hacía para provocarlo, lo hacía para satisfacerme a mí, así de sencillo.
No me perdió los ojos de vista cuando mi mano se perdió dentro de mi ropa interior y me robó el aliento haciendome soltar un jadeo involuntario en el que mis dedos hicieron contacto con mi sexo ya humedo. Cerré mis ojos olvidando su regla, porque sentí la necesidad de hacerlo y ademas, quería imaginar que pasaría despues con esas dos chicas sobre la cama. Mi mente voló completamente. Mis manos olvidaron que eran mis manos y para mi enfado, imaginaron que eran las suyas. Estaba demasiado perdida en mis movimientos usando mis dedos posicionados dentro de mi ropa interior para alimentar la sensación de placer. Escuché el bombeo de mi corazón en mi cabeza y la sensación deliciosamente placentera aumento pero antes de que pudiera ir al borde y ansiar un bien merecido orgasmo todo se fue a la mierda.
—¡Salgan ahora!
Abrí mis ojos de golpe y despues escuché el sonido de los pasos de las dos mujeres abandonando la habitación. Antes de percatarme tenía a Maxim delante de mí, sujetándome fuertemente la barbilla mientras me miraba con su ira característica.
—Eres una maldita descarada, Gianna.
—¿Qué?—logré articular de forma inocente—. ¿Por qué?
—¿Todavia tienes el descaro de preguntarlo?
No había hecho nada malo.
—Dijiste que no había reglas y yo hice lo que deseaba. Lamento haber dejado de verte pero me olvidé por unos segundos. Te prometo que iba a volver a hacerlo, majestad.
Sonreí ligeramente para despues humedecer mis labios.
—Estás jugando conmigo—aseguró.
—¿Sabía que me ibas a llamar? No, claro que no. Solo hice lo que deseaba y te obedecía a la par. ¿Qué haremos ahora? Tus amantes se han ido. ¿Puedo ocupar tu cama para terminar? ¿O regreso al sofá?—pregunté mientras acercaba mis labios a su boca para musitar lo último tan cerca de sus labios como fuera posible—. He de aceptar, que te imaginaba follando a esas mujeres y la imagen me fue sumamente excitante, querido.
—Tienes la imponente habilidad de agotar mi paciencia, Gianna. Eres la causa de todos los males en mi vida, el motivo de mi amargura y la persona a la que más detesto en la jodida tierra.
Nunca podría entender lo divertido que me parecía lo que acababa de decir porque yo sentía lo mismo por él. Cada día sólo deseaba tener la oportunidad de verlo en la ruina.
—El sentimiento es mutuo. No hay mujer que odie más a un hombre como yo te odio a ti. Si pudiera matarte y salir ilesa lo haría sin dudarlo porque ganas no me faltan.
Apretó mi barbilla con un poco más de rigor mientras giraba para poner mi espalda en dirección a la cama. No tardó mucho tiempo en empujarme fieramente en dirección al mullido colchón. Subió sobre mí, metiendo su rodilla en medio de mis piernas mientras buscaba mis ojos.
—No vas a poder cumplir tus caprichos nunca.
—¿Y tú si lograras los tuyos?
—Yo soy el rey, la respuesta es clara.
—Sigues siendo un hombre que ahora quiere meterla dentro de la mujer que propició la muerte de la persona que amaba. ¿O me equivoco? No tienes que decir que te doy asco porque sabes que no es así, ni yo tampoco voy a mentir. Te odio con toda mi alma pero no voy a decir que no había imaginado esta imagen que ahora tengo, tu sobre mí desde que te vi.
Subí mi pierna provocando que él bajara la mirada para ver como mis piernas estaban preparadas para él. Pude verlo tragar saliva y despues cerrar los ojos unos segundos mientras dentro parecía librar una lucha interna.
—No me importa que me odies.
—¿Y crees que a mi si me importa que tú lo hagas? Puedes follarte a tus prostitutas como has podido ver sin que me importe lo más mínimo. Puedes decir que me odias tanto como desees. Para mi, no dejas de ser el mismo hombre que me consume el alma y me hace despertar cada día con deseos de verlo en la ruina para hacerlo pagar lo que me ha hecho.
—El mismo hombre al que ahora le pides que te folle con la mirada.
—Tienes razón. ¿Y vas a hacerlo?
Si era sincera no creía que lo hiciera y tampoco tenía planes de rogar para que lo hiciera. Al ver que no obtenía respuesta negué.
—No, no vas a hacerlo, porque puedes follarte a prostitutas, pero posiblemente has olvidado lo que se siente un coño apretado y dudo que puedas complacer a una mujer que quiere placer y no oro.
Tenía más cosas para decir pero todo fue cortado por sus labios sobre mi boca. Su arrebato me hizo abrir los labios de sorpresa y dar cabida a su lengua. Su beso me dejó adormecida y completo la humedad de mi entrepierna casi de inmediato cuando sentí sus manos deslizarse en medio de mis muslos.
—Cuando termine contigo, quiero que me digas cuanto oro quieres por esta follada, si es que cuando acabemos aún lo recuerdas.