NB| CAPÍTULO 6| DECISIONES PELIGROSAS

1704 Words
GIANNA Correr por los pasillos de la villa nunca había sido una acción que hiciera de forma recurrente, vas bien, todo lo contrario. Nunca había roto el protocolo que me dictaba que una reina no podía perder el porte. ¿A quien coño le importaba el porte ahora? Me abracé a las sábanas mientras pensaba en que si corría lo suficientemente rapido tal vez ninguno de los empleados vería mi estela desnuda. Mis piernas aun temblaban y yo solo podía decir que no sabía nada. Mi cabeza no podía dar más debido a los acontecimientos. Pude haber dicho que no quería, no quería acostarme con él, pero no pensaba mentir, había sido una de las experiencias más jodidamente deliciosas de toda mi vida y no quería aceptar que me había gustado y que si tuviera oportunidad lo repetiría. Mi cabeza no podía olvidar sus intensos ojos verdes y esa forma en como me miraba a los ojos mientras se adentraba en mi interior. Joder, debía calmarme o nunca lo superaria. Mi boca había terminado recorriendo esos tatuajes que decoraban su cuerpo dándole un deje de peligro y mis uñas se habían encajado en su espalda sin tregua, añorando fundirme entre su piel. No daba crédito a que mi cuerpo me traicionara de esta forma. ¡¿Qué demonios estaba pensando?! Calma, Gianna, una reina nunca debe perder la calma. Entré a la habitación y cerré la puerta de golpe haciendo que Hela quien no estaba pesada de sueño despertara y me mirara con preocupación, pues mi cara no debía transmitir muchas cosas buenas. La mujer se paró y se encaminó para ir en mi auxilio. —Majestad—logró decir—. ¿Está bien? ¿Qué ha pasado? —Me acosté con ese desgraciado. Estaba en shock. Hela me vió con sorpresa y entonces sonrió para despues abrazarme como si hubiera hecho algo por lo cual merecía un premio. La mujer parecía realmente emocionada por mí como si de alguna forma hubiera ganado la lotería o fuera la mujer más afortunada del reino. —¡Esto es espectacular, majestad! —No, no lo es. —¿Fue malo? —¡No, joder, no!—exclamé haciendo que ella riera. —Entonces si no la ha pasado mal no tiene porqué sentirse de otra forma que no sea bien. Dece cuenta que lleva esperando este momento desde hace seis años. Negué. No esperaba ese momento desde hace seis años o más bien lo esperé cuando lo quería. Hubo un punto de mi vida donde solo pensaba en que pasaría cuando nos casaramos. Las malditas mariposas hacían círculos en mi cabeza imaginando la noche de bodas pero todas esas ilusiones quedaron muertas. Ni siquiera me había besado el día de la boda, se había limitado a un seco beso en la frente y despues me había tratado como una leprosa. Despues de eso no añoré nada más porque sabía que no lo tendría y el exilio mató cualquier anhelo guardado. —No, no lo esperaba. Es más, ahora ni siquiera me importa, salvo porque estoy molesta de que hubiera sido el primer hombre. —¿Cómo puede decir eso? Es su marido. —Es un desgraciado que me odia. Hela levantó las cejas. —Yo nunca me acostaría con alguien a quien odio—musitó haciendo que yo la aniquilará con la mirada. —No lo entenderías, es fisico, nada más. Él me detesta y me folló como lo haría con cualquiera de sus mujeres y para mí tampoco fue importante, salvo que ya no soy virgen, pero a mi edad nadie espera que lo sea. Sucedió, no lo pasé tan mal como esperaba y ya está. Mi dama de compañía no parecía restarle importancia al acto como yo. Si me ponía a pensar demasiado en ello, Maxim podía usarlo como una humillación. Se había quedado dormido, me había encerrado entre sus enormes brazos y a duras penas había logrado escapar sin despertarlo. No quería despertar con él y que me echara, así que tal y como lo haría un hombre despues de satisfacer sus deseos carnales sin compromisos, le abandoné despues del polvo. No le iba a dar la oportunidad de humillarme. —Escuché, esto podría ser nuestro pasaje de regreso a Alsten—susurró en voz baja mientras me sostenía por los hombros como si estuviera por decirme un secreto—. ¿Él se vino dentro? —¿Qué quieres decir con venir? Hela se quedó perpleja. No entendía del todo que quería decir con eso. Había ocurrido un acto del que había sido partícipe por primera vez y había salido conocedora, pero no dominante del tema. —Mi señora, escúcheme, bueno, hemos hablado de la semilla… —Ya entendí—dije de inmediato. No tenía que explicarlo. —¿Y bien? —No lo hizo, digamos que necesito un baño. Lo unico que sé es que justo ahora estoy pegajosa y necesito una ducha caliente y agua de rosas. Su rostro decepcionado no se hizo esperar. —Entonces es casi imposible. —¿Qué quieres decir? —Lo que nos sacaría de aquí sería un bebé. —¿Qué? No, ni de broma, es tan infeliz que no dudaría en matarme con el bebé dentro. En mi caso un bebé no me solucionaria nada, solo complicaría las cosas porque si bien tendría un heredero, aún podría deshacerse de mí. Mi fuerza no está en el palacio, está fuera de él con aliados fuertes. —Aliados que solo puede encontrar si tiene un lugar fijo en la corte del reino—replicó mientras me veía adentrarme a la habitación despues de soltarme los hombros—. Todos los que le ofrecera su apoyo querran algo a cambio y solo podrá dárselos si es usted quien domina la corte y al rey. Me detuvé uno segundos pensando en lo que estaba diciendo. No quería involucrarme con él, solo quería regresar al palacio y amargarle la vida con mi presencia allí, confiaba ciegamente en los aliados que ya tenía pero tal y como había dicho Hela no lo lograría si no tenía nada que ofrecerles. En el reino había hombres y casas poderosas que buscarían convertirse en aliados de gente cercana a la corona. Un hijo no detendría a Maxim, tal vez sería capaz de esperar a que naciera para tener un heredero y despues me mataría. El secreto era no ser reemplazable y siempre existían las madrastras. No quería que mi hijo sufriera los desplantes de su padre porque si me odiaba a mi, terminaría odiandolo a él, por igual y nunca podría perdonarmelo. —¿Dominar a Maxim? Nadie puede dominarlo. Es un desgraciado Hela. —Es el rey. —Llevó aquí con usted seis años y se de antemano que no está dispuesta a pasar ni un tiempo más aquí. Si quiere salir, debe usar esta oportunidad a cualquier costo porque no volvera. He escuchado a los hombres decir que no regresarán nunca más por esta villa y que si usted se opone a irse la mataran porque esas son las órdenes del rey. —¿Qué? ¿Acasó estaba planeando matarme? —Anoche, cuando usted se fue, uno de los guardias entró aquí. No diré detalles sobre lo que pasó pero puede que yo haya pasado una noche entretenida. Keran sabe los planes del rey y me los ha confesado despues, durante la conversación post sexo. Mi ceño se frunció. ¿Se había acostado con Keran? No la culpaba, no le iba a decir nada, solamente debía levantar los dedos en señal de triunfo. Había pasado una buena noche con un hombre y uno bueno para variar. —Felicidades, han sido años de abstinencia. —Si me permite decirlo me estaba volviendo loca sin un hombre pero sobrevivimos y vino uno que me reacomodo lo que tenía sin acomodar desde hace seis años. Pero lo importante no es eso, lo importante es lo que me dijo y usted lo sabe. Cerré mis ojos y despues acaricié mis cien con los dedos. Debía reconsiderar el hecho de que Maxim no era un hombre con el cual se podía jugar. Hablar de matar a alguien ya eran palabras mayores de las que debía considerarlo capaz. No tenía escrúpulos y yo debía cuidarme la espalda para no ser sorprendida por él. —¿Que se supone que debo de hacer? ¿Arrodillarme y pedirle que no me mate? No puedo evitar cartas a mi familia buscando apoyo y el insiste en sacarme de esta villa para que pueda destuirme políticamente. Quiere humillarme, no solo quitarme la posición. Hela me vió con compasión. —Regrese al reino con un plan, estando allí algo se le debe ocurrír pero si debe mostrarse debil para hacerlo, entonces hagalo. No intentes ganar con la fuerza, lo que puedes ganar con la mentira, mi señora. Tiene un arma que ahora puede utilizar. No quiere seguir aquí y yo tampoco, así que vea en mí, una aliada para obtener lo que desea. La idea de Hela y su propuesta me regresó a la realidad. Esto no era un juego, me estaba jugando mi vida, la postura de mi familia y todo lo que me era importante. Debía regresar a Alsten a como diera lugar pero siendo una reina. Una idea demasiado loca cruzó por mi cabeza, una mentira piadosa que no tardaría en convertirse en mi mayor aliado para establecerme en la corte. El rey no tardaría en esperar un hijo y mientras ese bebé crecía, mi poder también lo haría y para cuando la mala noticia de la pérdida del heredero llegara, sería imposible de reemplazar porque la corte y las casas me adorarían y resperarían como siempre debió ser. Maxim no tendría más remedio que aceptarlo y vivir con amargura a mi lado. Con su ira le haría pagar estos seis años que me encerró en el infierno y me sumio en el olvido. Matarme no sería una opción. Sin embargo, olvide lo traicionero del destino y lo incontrolable del corazón. —Ambas regresaremos Hela, así que asegúrate de tener el equipaje preparado porque estoy por empezar mi primera mentira. La primera mentira sería: Aún te amo.
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