Capítulo XII - El Juicio del Consejo

1270 Words
El cielo sobre la torre de Aldren no cambió de color. Pero el aire sí. Fue un cambio sutil al principio. Una vibración casi imperceptible que recorrió el bosque como un escalofrío que atravesaba las raíces de los árboles más antiguos. Aldren lo sintió primero. Su mano, que descansaba sobre el borde de la mesa de piedra, se tensó de inmediato. Lyrianne lo notó. —¿Qué sucede? El mago no respondió al instante. Sus ojos se habían elevado hacia el techo de la torre, como si pudiera ver más allá de la piedra. —Nos están observando. La respuesta cayó en la sala como una gota de hielo. Lyrianne frunció el ceño. —¿La sombra? —No. Una pausa. —El Consejo. Antes de que pudiera explicar más, las runas del suelo comenzaron a encenderse. No con el azul habitual de la magia de Aldren. Esta vez la luz era plateada. Antigua. Las paredes de la torre vibraron. Las esferas flotantes que iluminaban la sala comenzaron a girar lentamente alrededor del centro del salón, formando un círculo perfecto. Lyrianne dio un paso atrás. —No los llamé. —Lo sé. El aire se abrió. Literalmente. Una g****a de luz se desplegó en el centro del salón como si alguien hubiera rasgado el tejido mismo de la realidad. De ella descendió una luminosidad tan intensa que por un instante la torre entera pareció desaparecer bajo un amanecer imposible. Tres figuras emergieron de la luz. No caminaban. Flotaban. Sus cuerpos no eran del todo sólidos, pero tampoco eran simples proyecciones. Eran presencias antiguas, poderosas, imposibles de ignorar. El Consejo Feérico. Lyrianne inclinó la cabeza de inmediato. —Consejeros. Pero la respuesta no fue amable. —Lyrianne de Elaria —dijo una de las voces, profunda y serena—. Has desobedecido una orden directa del reino. El peso de aquellas palabras llenó la sala. Aldren cruzó los brazos. —Y aun así vinieron hasta mi torre. La segunda figura giró lentamente hacia él. —Aldren. Su nombre resonó como una sentencia. —Portador del sello. El mago no mostró reverencia. —Si vinieron a recordar lo que ya sé, se ahorraron el viaje. Un leve murmullo de energía recorrió las figuras luminosas. Lyrianne lo miró de reojo. —Aldren… Pero él no apartó la mirada. —Ya saben lo que ocurre —continuó—. El Intersticio está despertando. La tercera figura habló por primera vez. Su voz era más fría que las otras. —Lo sabemos. Silencio. —También sabemos que el destino ha comenzado a desviarse. Lyrianne sintió un escalofrío. —¿Desviarse? La figura giró hacia ella. —Tu presencia aquí es una anomalía. La palabra cayó como una piedra. Aldren dio un paso adelante. —No fue decisión suya caer en mi bosque. —No hablamos de la caída —respondió la voz. —Hablamos del vínculo. La sala quedó completamente inmóvil. Lyrianne frunció el ceño. —¿Qué vínculo? La luz alrededor del Consejo se intensificó. —El que está naciendo entre ustedes. Ninguno de los dos respondió. Pero el silencio dijo suficiente. La segunda figura habló nuevamente. —La profecía exige equilibrio. —Y el equilibrio exige distancia. Aldren soltó una pequeña risa seca. —Entonces llegaron tarde. Las figuras brillaron con mayor intensidad. —El destino no se altera sin consecuencias. Lyrianne levantó la cabeza. —¿Están diciendo que no debemos luchar juntos? La respuesta fue inmediata. —Estamos diciendo que no deben unirse. El aire se volvió frío. Aldren entrecerró los ojos. —Eso no es una advertencia. —Es una orden. El mago sostuvo la mirada de las figuras. —No obedeceré. El silencio que siguió fue pesado. Antiguo. Una de las presencias descendió un poco más cerca del suelo. —Entonces debemos mostrarles lo que ocurrirá. La luz estalló. El salón desapareció. Lyrianne sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. Y el mundo cambió. Estaban en el bosque. Pero no era el mismo bosque. Los árboles estaban muertos. El cielo era n***o. Y en el centro del claro donde una vez había estado la torre… solo quedaba un cráter. Lyrianne dio un paso adelante. —¿Qué…? Una voz respondió. —El futuro posible. La visión se expandió. Ciudades humanas en ruinas. Los cielos abiertos por grietas oscuras. Criaturas del Intersticio caminando libremente sobre un mundo que ya no podía defenderse. Lyrianne sintió que el corazón se le detenía. —Esto no puede ser real… La voz del Consejo fue implacable. —Ocurrirá si el equilibrio se rompe. Aldren observaba en silencio. Entonces la escena cambió nuevamente. Ahora estaban en un lugar vacío. Una g****a gigantesca flotaba en medio de la nada. Y frente a ella… una figura sola. Lyrianne. Sus alas brillaban con una luz tan intensa que parecía una estrella naciendo. Y lentamente… su cuerpo comenzaba a deshacerse en luz. Lyrianne sintió el golpe en el pecho. —No… La voz del Consejo habló con calma. —El segundo sello. Aldren dio un paso adelante. —Detengan esto. Pero la visión no se detuvo. Lyrianne en la visión extendía las manos hacia la g****a. El Intersticio rugía dentro de ella. Y entonces… desaparecía. Consumida. Absorbida. Borrada. El silencio fue absoluto. La visión se quebró. Y el salón de la torre volvió. Lyrianne estaba temblando. —Eso… no… Aldren miró al Consejo con una furia que no intentó ocultar. —¿Creen que mostrar eso cambiará algo? Las figuras respondieron: —No es una amenaza. —Es el destino. Lyrianne apretó los puños. —Los destinos cambian. El Consejo guardó silencio un momento. Luego una de las voces habló con gravedad. —No cuando el equilibrio del mundo depende de ellos. Aldren respondió sin dudar: —Entonces el mundo aprenderá a vivir con uno nuevo. Las luces del Consejo vibraron con intensidad. —Aldren. —No puedes desafiar el equilibrio. El mago dio un paso más cerca de Lyrianne. —Obsérvenme. El aire se tensó. Durante un largo momento nadie habló. Finalmente la primera figura se elevó lentamente. —Entonces el juicio está hecho. Lyrianne levantó la cabeza. —¿Juicio? La respuesta fue tan suave como una espada desenvainándose. —Si el destino no puede separarlos… —lo hará la guerra. El corazón de Aldren se detuvo un instante. —¿Qué significa eso? Pero el Consejo ya comenzaba a desvanecerse. —Significa que el Intersticio no esperará. —Ni nosotros. La luz se cerró. Las figuras desaparecieron. Y el silencio volvió a la torre. Lyrianne permaneció inmóvil durante varios segundos. Luego habló en voz baja. —¿Era real? Aldren respondió con honestidad. —Sí. Ella cerró los ojos. —Entonces moriré. El mago giró hacia ella con brusquedad. —No. Lyrianne lo miró. —Lo viste. —Es la única forma de cerrar la g****a. —Eso fue lo que mostraron. Aldren negó lentamente. —No. —Eso fue lo que quieren que creamos. Lyrianne frunció el ceño. —¿Quieres decir que el Consejo puede equivocarse? Aldren la observó con intensidad. —Quiero decir que el destino no es una ley. Es una historia. Y las historias… pueden reescribirse. Lyrianne sostuvo su mirada. Durante un segundo, algo entre ellos volvió a encenderse. Pero en ese mismo instante— una onda oscura atravesó el bosque. Ambos la sintieron. No era magia feérica. No era magia humana. Era algo mucho más antiguo. Algo que despertaba. Muy lejos de la torre… en lo profundo de una g****a olvidada bajo la tierra… la sombra del Intersticio comenzó a tomar forma. Y esta vez… no estaba sola.
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