El bosque dejó de respirar. No fue algo repentino ni violento, no hubo relámpagos de magia ni un estruendo que anunciara peligro; fue algo mucho más inquietante. El silencio. Primero desapareció el suave susurro del viento entre las hojas. Después, las pequeñas chispas de magia que siempre flotaban en el aire comenzaron a apagarse una a una, como estrellas extinguiéndose lentamente en un cielo oscuro. Las luciérnagas dejaron de brillar, los árboles dejaron de crujir, incluso el aroma húmedo de la tierra pareció desvanecerse. Era como si el mundo entero estuviera conteniendo el aliento. Lyrianne fue la primera en sentirlo, la energía dorada que fluía desde sus manos hacia el círculo de runas comenzó a volverse inestable, vibrando como una llama a punto de apagarse. Era como si algo invi

