Capítulo XV - El Eco del Vacío

1097 Words
El vacío no tenía tiempo, no tenía viento, no tenía cielo. Solo una extensión gris que parecía extenderse hasta donde la mente podía imaginar… y un poco más allá. Aldren caminaba. No sabía cuánto tiempo llevaba haciéndolo, en aquel plano extraño los pasos no tenían peso real, pero cada movimiento agotaba su energía lentamente, como si el propio espacio absorbiera la magia que intentaba sostenerlo. El Consejo había sido cuidadoso, no lo habían destruido, lo habían apartado. Aldren levantó la mano y dejó que una chispa azul naciera entre sus dedos, la luz apenas iluminó unos pocos metros, pero fue suficiente para revelar algo nuevo. Las runas seguían allí, flotaban en el aire como restos de un hechizo olvidado. Algunas estaban completas, otras estaban fracturadas por grietas negras que parecían heridas abiertas en el tejido del plano. Aldren se acercó lentamente. —No son del Consejo… murmuró. Las runas eran demasiado antiguas, su forma no pertenecía a la magia feérica ni a la magia humana. Eran algo anterior. Algo que existía antes de que los reinos fueran separados, el mago extendió la mano hacia una de ellas. Cuando sus dedos rozaron la runa, el mundo tembló. La chispa azul se extinguió y el vacío cambió. Un sonido distante comenzó a llenar el plano, no era un ruido fuerte, era más bien un recuerdo. Un eco. El eco de una batalla. Aldren vio fragmentos de luz romper la oscuridad, magos gritando, runas encendiéndose. El cielo partiéndose en dos, la memoria del mundo. Su memoria. El primer enfrentamiento, Aldren cerró los ojos un instante., recordaba ese día. Recordaba el momento en que la g****a apareció por primera vez. El Intersticio… no tenía forma, no tenía rostro, pero su presencia deformaba todo a su alrededor. La realidad misma parecía doblarse ante él. Los magos del antiguo círculo habían intentado sellarlo. Habían fallado. Uno por uno habían caído. Y entonces Aldren había tomado la decisión, había entrado en el círculo. Había ofrecido su propia magia como ancla. El sello, el dolor, la transformación. Aldren respiró hondo. —Ese día debería haberte destruido…— dijo en voz baja. El eco de la batalla desapareció lentamente, el vacío regresó. Pero esta vez… no estaba en silencio. Algo respiraba en la oscuridad, Aldren sintió la presencia antes de verla. Era la misma sensación que había sentido años atrás. Una presión invisible sobre la mente, una conciencia observando desde todos los rincones del espacio. Entonces la oscuridad se movió, no como humo, no como niebla. Se movió como una sombra que recordaba haber tenido forma alguna vez. La voz llegó sin sonido, directamente dentro de su mente. —Cuánto tiempo ha pasado, Aldren. El mago no retrocedió. —Sabía que terminarías encontrándome. La sombra pareció inclinarse ligeramente. —Siempre lo supe. La presencia creció un poco más, aunque seguía siendo imposible distinguir un cuerpo real. Solo una concentración de oscuridad. —Has envejecido. Aldren entrecerró los ojos. —Y tú sigues escondiéndote. La sombra río, no fue una risa fuerte. Fue un susurro que se deslizó por cada rincón del vacío. —Es curioso… dijo la entidad. —Sigues creyendo que aquel día me derrotaste. Aldren no respondió. La sombra continuó: —Pero aquel día no fue tu victoria.—Pausa. —Fue mi elección. El aire se volvió frío y Aldren sintió un pequeño temblor recorrer su magia. —¿Elección? La oscuridad se movió lentamente alrededor de él. —Podría haberte destruido. —A ti… y a todos los demás. El mago apretó los puños. —Entonces ¿por qué no lo hiciste? El silencio se prolongó unos segundos, luego la voz respondió. —Porque te reconocí. Aldren frunció el ceño. —No te conocía. —No. La sombra se acercó un poco más, la presión sobre el plano aumentó. —Pero yo sí te conocía a ti. Una imagen atravesó la mente de Aldren, un rostro. No era el suyo, era el de otro mago. Más antiguo, más severo. Una figura envuelta en luz plateada, el eco de un nombre olvidado. Aldren sintió que el corazón se le detenía. —No… La sombra continuó con suavidad cruel. —Sí. —La sangre nunca miente. El mago dio un paso atrás. —No sabes de lo que hablas. La entidad se detuvo frente a él, aunque no tenía rostro, Aldren podía sentir su atención fija sobre él. —Eres su descendiente. Las palabras pesaron como piedra. —La sangre del hombre que destruyó mi mundo. El silencio volvió a caer. Aldren sintió que su mente buscaba recuerdos imposibles, historias antiguas, leyendas que había escuchado cuando era niño. —Eso es imposible… La sombra respondió con calma. —Él también creía que estaba salvando al mundo. Una imagen surgió nuevamente, un cielo antiguo. Dos figuras separadas por un círculo de luz. Una mujer llorando, un hombre levantando un sello y otro hombre… el antepasado de Aldren. Interponiéndose entre ellos. El sello cerrándose, la mujer desapareciendo. El grito, el dolor, la oscuridad naciendo, la visión desapareció. Aldren respiraba con dificultad. —Eso… no puede ser cierto. La voz de la sombra se volvió más baja, más fría. —El amor que me fue arrebatado… —lo arrebató tu sangre. El mago sintió la furia levantarse dentro de él. —Yo no soy ese hombre. —No. La entidad pareció sonreír dentro de la oscuridad. —Pero eres su legado. El silencio volvió, entonces la sombra añadió algo más, algo mucho más peligroso. —Cuando vi el futuro… te vi a ti. —Y la vi a ella. Lyrianne. El nombre no fue pronunciado, pero Aldren lo sintió. La sombra continuó: —Dos almas destinadas a repetir la historia. —Un amor que el mundo no permitirá. Aldren levantó la mirada. —No permitiré que la toques. La risa regresó, suave, oscura. —No necesito tocarla… Pausa. —El destino ya lo hará por mí. El vacío comenzó a vibrar lentamente. —El dolor es el mejor maestro, Aldren. —Y pronto comprenderás lo que yo aprendí hace siglos. La oscuridad empezó a desvanecerse, pero antes de desaparecer por completo, la voz dejó una última frase flotando en el vacío. —El amor siempre termina igual. Silencio. Aldren quedó solo otra vez, pero ahora sabía algo que antes no. La batalla contra el Intersticio… nunca había sido solo por el mundo, había sido personal desde el principio. Y por primera vez… Aldren comenzó a preguntarse si el destino que los esperaba a él y a Lyrianne ya había sido escrito mucho tiempo antes de que nacieran.
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