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2378 Words
—¿Entonces fue a nuestra casa? —cuestiono a Dafne y ella asiente. —Estuvo viendo todas las cosas en tu habitación, hasta tu ropa interior —comienzo a toser debido a que el vino terminó en mi laringe. —¿Qué? —suelto en cuanto me recompongo. —De verdad —asiente—. Así que ahora viven juntos —mueve sus cejas—. Que lindo —sonríe pícara. —No es lindo, es demasiado extraño —hago una mueca—. Ni siquiera puedo ir al baño sin que esos dos me acompañen —señalo con mi barbilla a los gorilas. Ella los observa disimuladamente y luego vuelve sus ojos a mí. —No me quejaría, se ven aptos para un polvo —se encoje de hombros. —Para ti todo lo que se mueve está apto para un polvo —río un poco. —Lo sé —me observa—. Tú también pero contigo es diferente, somos amigas, cariño —sonríe. Ambas reímos, mi risa se detiene cuando veo a Marco acercase a la mesa. —Señorita, el señor la quiere en la casa —veo el rostro de Dafne sonreír a Marco. —En un momento voy —asiente y vuelve a donde estaba. —Es sexy —enarca una ceja sonriendo. —Ni lo pienses, Daf —utilizo mi tono de regaño—. Estás con Tom —la observo seria—. Lo que menos necesito es estar viviendo con un desconocido y que tú salgas con su gorila —me levanto de mi lugar, dejo dinero en la mesa—. Nos vemos. Te quiero —ella sonríe. —Yo a ti, Ky —voy con Marco y Anton. Marco me abre la puerta del coche, le agradezco con un asentimiento, subo en la parte trasera y unos segundos después éste se pone en marcha. Pongo atención en el recorrido que toman para ir a la casa de Bruno. Los alrededores son bonitos, hay casas inmensas por cada parte que uno observe. Los portones negros se abren y Anton ingresa con el coche, en el momento en el que se detiene no espero a que Marco me abra sino que rápidamente salgo del coche, cierro la puerta y en unos rápidos pasos me encuentro subiendo las escaleras a mi habitación o de quien sea. Lanzo el bolso a la cama sin ver donde cae. —Ten más cuidado —volteo extrañada y veo a Bruno tirado en la cama. —¿Qué haces en mi habitación? —frunzo el ceño. —Es mía, solamente te la cedí porque soy todo un caballero —suspira. —Entonces quiero otra —cruzo mis brazos sobre mi pecho—. No quiero volver a dormir donde, posiblemente, te hayas acostado con quien sabe cuantas chicas —ruedo los ojos. —No he traído a nadie aquí, no traigo chicas a mi casa. Solamente a ti —sus ojos están puestos en mí. —¿Entonces eres gay? —alzo las cejas intentando adivinar. Suelta otro suspiro, se levanta de la cama y camina hacia mí. *Odio que haga eso.* —¿En serio piensas que si fuese gay te hubiese besado? —coloca un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. No respondo. —Eres muy tonta si piensas así —se burla—. Alístate para la cena. Salimos en hora y media —suspira. —¿Otra cena? —asiente. —Pero es diferente —sus ojos caen sobre los míos—. No son socios de la empresa, exactamente —besa mi frente y me deja allí sola. —Siento como cada vez lo odio más —susurro y camino al baño. Me deshago de mi ropa y me introduzco en la ducha. Pasan unos largos minutos hasta que decido salir. Coloco cremas por todo mi cuerpo, salgo del baño y voy hacia el cajón de ropa interior, coloco unas bragas blancas de encaje; adoro el encaje en mi piel. Busco entre los tantos vestidos que hay en el armario hasta que encuentro uno perfecto, lo paso por mi cuerpo y por último pongo unos tacones plateados. Me doy un vistazo en el espejo y siento como si fuese a desmayarme, me queda mejor de lo que pensé; el vestido es completamente ceñido al cuerpo, tiene una sola manga, la parte del abdomen está al descubierto, es corto hasta la mitad de mi muslo, este vestido luce como una segunda piel en mí. Decido maquillarme, mi típico labial rojo adorna mis labios, hago un ahumado con diferentes tonos de gris y n***o, luego un delineado perfecto, coloco las pestañas postizas, rímel, perfume y mis aretes plateados que hacen juego con un sutil collar del mismo color. A mi cabello opto por hacerle un semi-recogido. Tomo un bolso blanco con plateado, coloco mi labial, perfume y teléfono allí. Cuando estoy completamente lista bajo por las escaleras, puedo observar como Bruno está sentado en el sofá mirando a la nada. Imagino que oye mis tacones resonar por el suelo de madera, ya que se pone de pie y voltea a verme. —Estoy lista —susurro. —Ya era hora —doy un mejor análisis a su vestimenta. Viste con un traje n***o, la camisa blanca se ciñe perfectamente a su trabajado torso, las mangas de su saco aprietan en sus bíceps, puedo notar que se rasuró y deja a la vista su marcada mandíbula. || … || El coche se detiene enfrente de una gran mansión, se nota que la persona a quien pertenezca es millonaria. Bruno baja del coche y me extiende la mano para ayudarme, la tomo dudando. Una vez que ambos estamos de pie frente a esa enorme casa comenzamos a caminar. Estábamos por pasar la puerta y estar del otro lado de la mansión. —Escucha, dea —nos detenemos y lo observo con atención. —¿Qué sucede ahora? —cuestiono cansada. —Debes oírme bien —asiento—. Cuando estemos allí no debes alejarte de mí ni por un segundo —está serio—. Debo protegerte y si te pierdo de vista no podré hacerlo, así que por favor, no te alejes y tampoco bebas nada —asiento nuevamente. Sinceramente me acaba de asustar con eso. —Siento esto pero es necesario —posa su mano sobre mi cadera de una forma posesiva. *Ahora ya no sé que pensar.* Al entrar veo a varios hombres con mujeres en sus piernas mientras ellos le meten mano. *Que repugnante.* Un hombre alto, con cabello rubio, ojos claros, tez clara y cuerpo fuerte se posiciona delante de nosotros. —Russo, llegaste —abraza a Bruno animadamente, lo cual hace que suelte mi cadera. —Hola, Varick —suelta Bruno desanimado. Varick posa sus ojos en mí y sonríe, siento escalofríos recorrer mi cuerpo. Bruno vuelve a tomarme por la cadera lo cual agradezco porque ese hombre aparta su mirada de mí. —¿Es tu puta? —abro mis ojos al oír su referencia hacia mí. —¿Cómo me dijiste? —él posa sus ojos en mí y ríe. —Dea, no hagas una locura, déjame a mí —susurra Bruno en mi oído. Guardo las palabras que le iba a lanzar a ese tipo, no por Bruno si no porque logré divisar un arma en la pretina del pantalón del rubio, así que mejor cierro la boca. —Es mi mujer, Varick —el rubio deja de reír. —Brant y Dustin están en el jardín —Bruno asiente y me guía a lo que supongo es el jardín. Al salir el aire golpea mi rostro, logro ver más gente allí y chicas bailándoles de forma sensual, o más bien s****l, a varios hombres. —Bruno —se oye en un tono francés. Un hombre castaño con una tez bronceada estrecha la mano de Bruno con una sonrisa. —Hola, Dustin —esta vez Bruno saluda con más alegría. El hombre me observa y sonríe. —Salut, poginet —besa mi mano con suavidad. —Detente, Dustin —Bruno lo aleja empujándolo por su hombro pero no tan fuerte. —¿Es tu chica? —Bruno asiente—. Entiendo —susurra. —¿Y Brant? —cuestiona el italiano. —Allí —señala a la mesa y se ve como un hombre tiene a una mujer sobre sus piernas, a la cual está devorándose. —No me sorprende, es Brant —el francés asiente—. ¿Puedes cuidarla un minuto, Dustin? —hace referencia a mí—. Debo hablar con Dimitry —se explica. —Claro —Bruno se voltea hacia mí. —No te alejes de Dustin, ¿sí? —asiento poco confiada—. Dustin es mi amigo, puedes confiar en él —besa mi frente y se aleja. —¿Cómo es tu nombre, poginet? —cuestiona con un tono suave. —Kylie —menciono rápidamente—. ¿Qué es este lugar? —trato de quitarle algo de información a él pero ríe negando. —Eres igual que él —arrugo mi entrecejo sin entender—. Si preguntas eso es porque Bruno no te lo explicó, así que eso no me toca a mí —hace una mueca. || … || Estábamos sentados junto a los amigos de Bruno: Brant y Dustin, parecen ser buenas personas, los otros me aterran. Bruno tiene su mano en la parte desnuda de mi muslo, no sé porque pero con su toque me siento segura en este lugar. —Bruno —susurro captando su atención. —¿Qué sucede, dea? —observa mis ojos. —Debo ir al baño. —Te acompaño —veo como se va a poner de pie pero pongo mis manos en su pecho deteniéndolo. —No, voy sola —susurro. —Pero te dije que no debes alejarte —suena firme. —Sé lo que dijiste pero debo hacer pis y no dejaré que me veas allí —él ríe por lo bajo—. Voy sola —me levanto sin esperar su respuesta. En cuanto vuelvo a ingresar a la casa voy abriendo puerta por puerta mientras busco el jodido baño. Abro una y veo como un hombre, de alrededor de unos cuarenta años, penetra una niña, de no más de diecisiete. Cierro la puerta inmediatamente y volteo para seguir caminando pero algo me impide el paso. Dirijo mi vista al suelo y veo un hombre muerto, el terror se instala en mí. Siento como el sudor frío comienza a desprender por mi frente, mis manos comienzan a temblar al igual que mis piernas. Voy con paso apresurado hacia el jardín pero me choco con alguien, era el tal Varick quien me observa con una sonrisa. —Hola, hermosa —susurra. —Debo volver con Bruno —hablo en un tono suave. —No te extrañará —acaricia mi mejilla y yo aparto mi rostro. —No me toques —suelto entre dientes. —Eres mala —susurra—. Pero no creo que lo seas tanto —me acorrala contra la pared. —Varick, déjala —se oye la voz varonil de Bruno—. Dea, nos vamos —Varick se aparta y rápidamente me coloco al lado de Bruno. || … || Entro a la casa enfadada y Bruno me habla a mis espaldas pero le ignoro. —Detente, Kylie —habla cerrando la puerta a sus espaldas. Me detengo a mitad de las escaleras, suelto un suspiro y volteo a verle. —¿Me vas a decir dónde demonios estábamos? —bajo los escalones con lentitud. —No puedo hacer eso —susurra. —Genial —suelto con ironía. Me quito los tacones mientras continúo bajando. Cuando tengo ambos tacones en mis manos me acerco a él a paso lento. —Entiende que —lo interrumpo. —¡¿Dónde mierda estábamos?! —exclamo irritada y le lanzo uno de los tacones al pecho pero él lo atrapa entre sus manos. Puedo observar como pasa saliva. —¡RESPONDE, BRUNO! —ya perdí mi paciencia—. Me encontré a un hombre violando a una niña, un puto muerto y luego ese sujeto que no dejaba de observarme como un acosador —hablo entre dientes—. Así que dime —tomo aire—. ¡¿Qué era ese lugar y quiénes eran esos hombres?! —acerco mi rostro un poco al suyo. —¡NO PUEDES SABERLO, ENTIENDE! —las venas en su frente y cuello resalta—. Solo abstente a que debo cuidarte, debes estar custodiada y acatar mis ordenes —nuevamente ese tono de autoridad—. Ve a dormir —pasa por mi lado, me da el tacón y desaparece por las escaleras. Suspiro con pesadez, dejo los tacones en el sofá y voy hacia la cocina, a la cual no había entrado aún. Logro encontrar una botella de vino y salgo de la cocina con ella entre mis dedos. En mi camino al jardín me encuentro con Anton quién me observa con una sonrisa ladeada. —¿Y tú qué? —suelto de forma poco amistosa. —¿Aburrida la cena? —noto ironía en su tono. Me acerco a él hasta quedar a pocos centímetros de su rostro pero se aleja, a lo cual, sonrío de forma ladeada. —¿Acaso me tienes miedo? —enarco una ceja. —A ti no —murmura—. Pero yo no rompo las reglas —asiento rodando mis ojos. —Tú te lo pierdes —hago una mueca y vuelvo a la casa con mi botella de vino. Subo las escaleras hasta llegar a mi habitación, cierro la puerta y dejo la botella de vino en el mueble que había a mi lado para deshacerme del vestido. Tomo la camiseta que tenía en la silla del tocador y la coloco en mi cuerpo. Sostengo, nuevamente, la botella de vino y doy un sorbo largo, muy largo. —Esto se está volviendo cada vez peor —susurro. -.-.-.-.-.-.-.-.-.- ¡Holaaa! Aquí traducción: Salut, poignet = Hola, muñeca Espero que les haya gustado el capítulo de hoy, los quiero mucho
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